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La tumba del país que conocí: relato de la degeneración de Turquía en los últimos dos años

Mezquita de Suleimán en Estambul / Silvia Nanclares

Mezquita de Suleimán en Estambul / Silvia Nortes

Llegué a Turquía un siete de enero del año 2015. Sabía poco del país, salvo por los primeros capítulos de Estambul. Ciudad y recuerdos, el libro de Orhan Pamuk.

Llegué, y lo hice en medio de una tormenta de nieve del que, decían, estaba siendo el peor invierno que se recordaba en Estambul desde hacía tres décadas. El frío blanco, que se alargó durante meses, no contribuyó a suavizar el choque cultural que me sorprendió nada más bajar del avión de Turkish Airlines.

El aeropuerto de Atatürk era una especie de mercado de abastos en hora punta, sin mercado y sin abastos, pero con toda su gente, su desorden y sus decibelios.

Estambul fue dura. No le gustaban las bienvenidas, y siempre nos costaba uno o dos días de re-adaptación la una a la otra, la otra a la una. Pero, cuando llega el momento de darle un beso de adiós, es como si te despidieras de tu propio recuerdo.

Turquía es ese helado que te deja la boca forrada, ese vino que se te agarra a la garganta, ese perfume que te lima el olfato y se te impregna en los poros y el pensamiento.

Turquía es única. Siempre consigue que quieras volver, aunque todos te lo desaconsejen. La echo de menos y ella me echa de menos a mí, porque hay una Turquía en cada uno que la visita, una Turquía elástica, azarosa y repentina.

La involución del país en los últimos meses me ha martilleado los sesos con una pregunta: ¿cómo llegamos hasta aquí?

Esta es una enumeración aséptica y breve de los hechos más reseñables que han llevado a un gran país a la sumisión y a la pena. A la tumba de lo que conocí.

Junio 2015

El partido de Erdoğan, el islamista AKP, gana las elecciones legislativas generales, aunque sin llegar a la mayoría necesaria para poner en marcha el ansiado referéndum para los cambios constitucionales.

Vista de Santa Sofía, Estambul / Silvia Nortes

Vista de Santa Sofía, Estambul / Silvia Nortes

El HDP se convierte en el primer partido pro-kurdo con grupo parlamentario en Turquía. Su líder, Selahattin Demirtaş, declara que el país ha “cerrado con estas elecciones el debate sobre la dictadura y la presidencia ejecutiva.”

Julio 2015

Un atentado causa 33 muertos en Suruç. Las víctimas se habían concentrado para anunciar un plan de reconstrucción de la ciudad siria de Kobane, que había estado bajo control del Estado Islámico. La organización terrorista reivindica el atentado y Turquía comienza los ataques aéreos contra posiciones de ISIS.

El PKK, partido nacionalista kurdo, acusa al AKP de conspirar secretamente con el Estado Islámico. Erdoğan aprovecha la coyuntura para bombardear también posiciones kurdas en el norte de Irak y Siria. Termina así una tregua con el PKK que se prolongaba desde 2013.

Octubre 2015

Dos bombas matan en Ankara a más de 100 personas congregadas en la manifestación organizada, entre otros, por la Confederación de Sindicatos Progresistas, el HDP kurdo y la Confederación de Trabajadores Públicos como protesta contra la violencia entre el gobierno y el PKK.

Los detractores de Erdoğan le acusan de organizar el ataque e incrementar la sensación de inseguridad en su propio beneficio, transmitiendo la imagen de que, sin un gobierno estable y en mayoría, el país está a la deriva.

Vista de la orilla europea y la Torre Gálata, Estambul / Silvia Nortes

Vista de la orilla europea y la Torre Gálata, Estambul / Silvia Nortes

Noviembre 2015

El AKP obtiene mayoría en las nuevas elecciones generales, convocadas ante la inhabilidad para formar un gobierno de coalición.

El resultado es considerado una victoria contundente para Erdoğan, aunque el AKP sigue sin el número de escaños necesarios para organizar el referéndum constitucional.

Verano 2016

En junio, un atentado suicida en el aeropuerto de Atatürk mata a 42 personas. Se cree que los atacantes tenían relación con el Estado Islámico, aunque la organización terrorista no lo llegó a reivindicar.

En julio, una facción del ejército turco da un golpe de estado contra la “administración política que ha perdido toda legitimidad”. El presidente Erdoğan, en paradero desconocido, llama a sus seguidores a tomar las calles y enfrentarse a los golpistas.

El golpe fracasa, dejando más de 300 víctimas mortales y más de 40.000 detenciones entre profesores, jueces, militares, periodistas…

Erdoğan acusa a su archienemigo Fethullah Gülen de organizar el golpe, pero se extiende la creencia de que el presidente sabía que se produciría y lo dejó pasar para reprimirlo y reforzar su imagen de ‘hombre fuerte’.

Enero 2017

Un terrorista islámico asalta el club Reina durante la celebración de Nochevieja y mata a 39 personas. Estado Islámico afirma estar detrás del ataque.

Abril 2017

El referéndum constitucional se celebra en medio del estado de emergencia y con un panorama mediático e informativo controlado por el gobierno, sin apenas medios independientes.

El ‘sí’ se impone por escasa diferencia -51,4% , 48,6% no- aunque observadores internacionales de la OSCE afirman que la votación se celebró en un “marco legal inadecuado” y con falta de información “imparcial” sobre las propuestas, y la oposición turca cuestiona el resultado oficial.

¿Qué viene después? Si Erdoğan se sale con la suya, y todo apunta a que así lo hará, el sistema presidencialista supondrá, entre otras cosas:

  • - Poderes ejecutivos para el presidente, que se convierte en jefe de Estado y de Gobierno, con poder para nombrar y destituir ministros.
  • - Influencia sobre el poder judicial. El presidente puede elegir a la mitad del Alto Consejo de jueces y fiscales
  • - Reducción del peso de Ejército –fuerza tradicionalmente opositora al gobierno islamista- en la vida civil mediante la supresión de los tribunales militares... y un largo etcétera.

La tumba del país que conocí se resume rápido, pero Erdoğan la ha cavado con ahínco y cálculo matemático durante años.

El turco es un pueblo servicial, espontáneo, amable, acogedor. Y ahora es un pueblo, además, abocado a la represión.

Llegué a Turquía en enero de 2015, en el peor invierno que se recordaba en Estambul desde hacía tres décadas.

Hace tiempo que dejé el país, pero aquel frío blanco que pensé extinguido sigue ahí. Congelando libertades y derechos.

Un frío más duro, seco, y gélido que nunca.  Un frío con nombre propio.

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