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El cuarto de la alábega

El arabismo alábega es en Murcia una institución. Una planta doméstica, un miembro más de la familia. Macetas de barro con alábega había en todos los domicilios, dentro y fuera

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Planta de alábega

Planta de alábega

Alhábega es un murcianismo que vale por albahaca, según el DRAE, y que, en Murcia, se escribe sin h, por aquello tan murciano de prescindir de cuanto dificulta la pronunciación o la escritura. La etimología de albahaca nos da las claves del uso murciano. Viene del árabe al-habaga. De donde resulta alábega. Por deformación o corrupción lingüística.

El arabismo alábega es en Murcia una institución. Una planta doméstica, un miembro más de la familia. Macetas de barro con alábega había en todos los domicilios, dentro y fuera. Las del exterior, situadas a la entrada del hogar, en el poyete de obra, tenían una función sanitaria. Introducir morosamente las manos en la redondeada mata verde al entrar y salir de casa, para aromárselas con su intenso y penetrante aroma era costumbre que ojalá no se olvide jamás. Servidor, no. Y tan así es que lo primero que hago todos los días, al salir de mi casa de la huerta a dar un paseo en bicicleta, es aromarme las manos con alábega para que su perfume a todos anuncie que provengo de un huerto civilizado.

Bajo la voz albahaca, Sánchez Verdú y Martínez Torres, recogen una cuarteta del Cancionero Folklore de Puig tomada de El habla de Cartagena, de Ginés García Martínez. Dice así: «El marinero en el mar / parece una clavellina. / y en llegando a Cartagena / tallo de alábega fina». La versificación impone la redundancia. La alábega siempre es fina, de un olor tan sutil que penetra la piel, interesándola hasta el hueso.

Talmente así lo sugiere también Martínez Tornel en el romance El Malecón (1877): «...Y, finalmente, las mozas / de servicio y de labor, / más pomposas que la alábega / más anchas que el Malecón». Y en su poema Angelillos al cielo: «Florida alábega cubre / aquel tiernecito cuerpo». Y en Tristeza: «No me pondré yo claveles / sino alábega amarilla / o algunas flores de muerto / como lo está el alma mía».

Alábega fue también un vocablo muy del gusto de Vicente Medina, quien lo incluye en Alma mía (1904) apuntando que el alma murciana es sencilla en sus amorosos anhelos y perfuma sus amores «con alábega y rosas de Alejandría».

Cuando S. A. R. la Infanta Isabel visita Murcia en julio de 1907, en Torre de Romo el alcalde pedáneo Jerónimo Ros, de ruillas ante doña Isabel, leyó en panocho una soflama, con la venia de S. A. Tras recordar a su predecesor Joaquín López, «panocho insta la cepa», en su socorrido episodio del «borreguiquio que no topa y las flores que no punchan», con entrecortada voz pronunció su soflama: «Güeno: Yo no trayo ahora / er borreguiquio a Su Alteza, / le trayo este ramillete / hecho de alábega fresca, / clavellinas, alarises y viznagas y azucenas, / de esas que crecen ar paso / en la margen de una cieca / ar pie de los nispoleros, / dezaga de las viviendas (...)».

Precitados autores murcianos coinciden en escribir alábega a la murciana forma, sin h intermedia, siguiendo la estela del ya invocado panochista Joaquín López, alias «Juan Porrones»; paladín de una socarronería por demás murciana, consistente en llamar «cuarto de la alábega» al escusado. Vulgo retrete.

Quien la conserve, tendrán en memoria (en el arca del recuerdo) la estampa en color que publiqué a mis expensas hace unos años y repartí a manos llenas. La cual reza así:

EL CUARTO DE LA ALÁBEGA

B A N D O

 

            Caballeros [damas]:

           

            Se prodive (...) mear de corrío u hacer cuasiquiera otra deligencia de la mesma familia en parage prúblico, ni ezaga e denguna puerta; y pa devitallo, si anguno se ve aflegío con retortijones, alboroto e tripas u cosa que le avise, que llame a una casa, y con pulítica diga: ¿Premiten ostés pasar al cuarto e la alábega, pa dalle desahogo ar cuerpo?

            He rematao.

            El Alcalde,

            Juan Porrones

 

[«4º punto del Bando panocho publicado por Joaquín López (alias "Juan Porrones"), exhumado por Pedro Díaz Cassou en Los primeros Bandos de la Huerta en el Carnaval de Murcia. Para general aviso y nombramiento en los servicios públicos y privados (que, en adelante, no deberán ser denominados urinario, retrete, váter o escusado, sino cuarto de la alábega) lo ha rescatado del olvido para la memoria Antonio Martínez Cerezo].

Cuando la imaginación llegue al poder, en los establecimientos públicos murcianos (bares, cafeterías, restaurantes, hamburgueserías...) se verán florecer a la entrada de los servicios públicos anchas, verdes y olorosas macetas de alábega sobre plintos de madera o metal estratégicamente colocados al pie de la lámina enmarcada que reproduce tan ingeniosa muestra de la socarronería murciana.

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