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REGIÓN DE MURCIA

El fin del valcarcelismo

El Caso Novo Carthago lleva camino de convertirse, día a día, imputación tras imputación, no sólo en una auténtica pesadilla judicial para el PP murciano, sino en el más que probable paradigma del fin de una época: el fin del 'valcarcelismo'.

Se dice pronto, pero durante cerca de dos décadas Ramón Luis Valcárcel disfrutó de un poder casi omnímodo en la región murciana. Coronado por mayorías absolutas sucesivas y crecientes, apoyado por un sector empresarial y agrícola que besaba el suelo por el que pisaba, parecía como si la maquinaria perfectamente engrasada del PP no encontrara techo ni límite alguno.

Ramonlu comenzó como un líder campechano que apelaba al “cambio” en tiempos de crisis y a la necesidad de abrir ventanas tras 12 años de administraciones socialistas. En aquel entonces prometió que sólo ocuparía los pasillos de San Esteban durante ocho años, ni más ni menos. Pero, ¡qué pronto se olvidan los buenos propósitos!

Legislatura a legislatura fue ocupando con aparente facilidad los pocos rincones de la sociedad que se le habían resistido en 1995. La Universidad, Lorca, el Noroeste, territorios anteriormente vedados acabaron por ser igualmente conquistados sin opción posible. La ola del “Agua Para Todos” consumó lo que podría ser definido como un régimen democrático de partido único, con porcentajes de votos cercanos a los del PRI mexicano y un control casi total de la sociedad, con 40 de los 45 municipios murcianos bajo la gaviota. La oposición dejó prácticamente de existir. La “izquierda poliédrica” –mayoritaria en otro tiempo- quedó poco menos que proscrita, sin discurso.

 

Parece como si la buena estrella de la que hacía gala comenzara a apagarse de forma repentina

 

Sin embargo –paradojas de la vida-, con la orgía de ladrillo, al tiempo que el partido alcanzó la cima de su apoyo social, también se sentaron las bases de la caída de la que hoy somos testigos. El Presidente se dejó llevar por los “proyectos estrella” de triste final, del que el aeropuerto sin aviones de Corvera es muestra destacada. Mientras, el estilo anteriormente campechano de Ramonlu mudó en chulesco, como denotaban sus crispadas intervenciones en la Asamblea Regional. Toda oposición se le antojaba demasiada.

La minoría que entonces salió a la calle para denunciar lo que era una planificación económica nefasta, recibió no pocas críticas desde el poder y la empresa. Pero lo cierto es que todo lo que la plataforma “Murcia No Se Vende” denunció en aquel tiempo ha acabado por cumplirse de forma casi milimétrica. Predicadores en el desierto.

Hoy día, tras ocho años de crisis y recortes que en este rincón peninsular han sido si cabe más insoportables. Tras el hundimiento del monocultivo del ladrillo. Tras el fin del cuento del “Agua Para Todos” y otras bajadas de pantalones similares (como con el AVE). Tras la huida europea del Presidente acompañada de un inesperado varapalo electoral en mayo pasado; parece como si la buena estrella de la que hacía gala comenzara a apagarse de forma repentina. Y todo por ese agujero negro llamado Novo Carthago en el que la justicia se empeña en relacionarlo a él y su entorno.

Lo cierto es que tampoco nos podemos extrañar teniendo en cuenta la imputación previa de varios de sus consejeros –Cerdá, Bascuñana y Marqués-, todos por el mismo talón de Aquiles. Desde los lejanos intentos de cementar la sierra litoral que separa Águilas de Lorca con el caso Zerrichera, hasta el más reciente de Novo Carthago (que afecta a un área cercana al Mar Menor), comprobamos cuál ha sido la piedra en la que Valcárcel y su equipo han tropezado repetidamente durante años. Modelo del que, por cierto, no son capaces de desligarse a tenor de la nueva Ley del Suelo que nos anuncia el nuevo consejero Bernabé. “El ladrillo fue su perdición”, podría citar el epitafio.

Así que ahí tenemos al omnipresente PP murciano acosado por casos de supuesta corrupción, asediado por una situación económica adversa y dividido más que nunca en luchas intestinas que nos retrotraen a aquellos años donde el PSRM-PSOE cavó su tumba de veinte años. La historia, como vemos, vuelve a repetirse acompañada del mismo aroma a fin de ciclo.

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