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El honor de la familia

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Con el propósito de defender a capa y espada si fuera necesario el honor de la familia, de la suya en concreto, se ha presentado Ramón Luis Valcárcel ante la prensa después de haber desaparecido del mapa desde el pasado viernes, en que se conoció la decisión del Magistrado Manuel Abadía, instructor del caso Novo Carthago, de citarle a declarar como imputado por prevaricación y cohecho, en la causa que investiga la reclasificación de terrenos en zona de máxima protección junto al Mar Menor, y permitir así la construcción de diez mil viviendas promovidas por Hansa Urbana.

Por eso, ha dicho, “para lavar el honor de su familia” se ha decidido a aparecer y a hablar, por la familia, en la sede del PP, y no por otras razones, que las hay sin duda. Por ejemplo, podía haber comparecido para dar explicaciones sobre todo en cuanto a si ha formado parte o no de una trama corrupta, como dice el juez, o qué hay de cierto en que recibiera dádivas y regalos del empresario promotor de Novo Carthago, Rafael Galea, coincidiendo con la aprobación de la macro urbanización, y en concreto con motivo de la boda de su hija, a la que Abadía define como uno de los testaferros del expresidente, y que con su marido ya está citada a declarar como imputada; o qué sabe de los negocios inmobiliarios de su cuñado, que está también imputado en este caso, que al paso que va se va a llevar por delante al lucero del alba. Recordemos que ahí están Bascuñana, Barreiro, Cerdá, Marqués y compañía, ‘casi ná’.

Aunque dolido en lo personal, y tras conocerse el alcance de las imputaciones que hace en el último, definitivo y razonado auto el magistrado, ya con el aval de la Fiscalía, era de esperar que el presidente del Partido Popular de Murcia mostrara cuando menos su disposición a colaborar con la justicia. Pero no. Lejos de esa postura que le hubiera engrandecido, Valcárcel ha decidido ‘echar el carro por el sembrao’ y arremeter sin piedad contra el instructor, al que ha puesto como hoja de perejil, tratando de desmontar todas y cada una de las argumentaciones hechas en su demoledor escrito. Escrito que Abadía, a pesar de los pesares y de la dimisión sobrevenida del único aforado hasta ayer en la causa, ha conseguido firmar en tiempo y forma.

 

Además de mostrar su enfado, veremos a ver qué hace ahora el expresidente

 

Una resolución que ha tocado como un torpedo la línea de flotación de Ramón Luis Valcárcel y de su honor, según ha insistido él mismo una y otra vez. Resolución que en esencia es importante, fundamentalmente, porque con ella la comisión de los posibles delitos no prescriben, o lo que es lo mismo, que pase lo que pase ya, los posibles culpables van a pasar por taquilla, declaren en el TSJ, en el Juzgado de Instrucción número dos, o en el Supremo. Vamos, que no se pueden escapar ni dando saltos.

Para ser exactos, Valcárcel, que ha dicho verdad al negar estar imputado, está técnicamente ‘preimputado’ a falta de su declaración. Pero más allá de esta cuestión, Valcárcel lo que está, y así se le ha visto y oído, es más cabreado que la moto de un hippie, “indignado” ha dicho él, por lo que considera un atentado al honor de su familia, y al suyo propio, que parece ser lo que más le afecta del duro Auto de Manuel Abadía. Un auto que señala nada menos que como miembro de una presunta trama corrupta.

Además de mostrar su enfado, veremos a ver qué hace ahora el expresidente. De momento ha dicho que no sabe si declarará voluntariamente o no, y ha dejado también para mejor ocasión, cuando llegue el momento según ha anunciado, el dar a conocer las verdaderas razones que se esconden detrás de las acusaciones del juez, “meros indicios sin pruebas”, según los ha calificado, después de dejar en el aire la sombra de la sospecha sobre el magistrado. Lo que viene siendo matar al mensajero en vez de descifrar el mensaje.

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