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De miedo a miedo y voto porque me toca

Los socialistas sabían que estas elecciones iban a estar condicionadas por Vox como issue propio de campaña y orientaron sus esfuerzos en posicionarse como único voto útil contra ellos

Pedro Sánchez ha ganado las elecciones

Pedro Sánchez ha ganado las elecciones Europa Press / Madrid

Tras las pasadas elecciones generales del 28 de abril y con el triunfo abrumador del PSOE con mejor comunicación política de las últimas campañas, lo que vemos, además de que en España el voto progresista es mayoritario, es que en los últimos tiempos la mayor motivación para votar en España es el miedo.

Los políticos no ilusionan y no movilizan a los ciudadanos por sus propuestas o por su programa, ni siquiera por tener un relato de campaña en positivo que convenza a la gente; la mayor causa es el miedo y los españoles siempre votamos en oposición a algo. Es la comunicación negativa la que da la victoria en las últimas elecciones en España.

El 26-J ya vino marcado por un aumento del partido de Gobierno (el PP de Rajoy, infinitamente más inteligente que el de Pablo «Cansado»), y una caída clara de su principal oposición: Unidos Podemos (esa vez con 'o'). En ese momento fue el miedo al comunismo, a la pobreza de Venezuela, a Irán, a Paracuellos, al «Coletas»… Ahora, sin embargo, ha sido el miedo a la extrema derecha que, por desgracia, ha sido real, un miedo potenciado y del que se ha sacado rédito electoral, pero preocupantemente real.

El miedo era real porque Vox consiguió ir a Espejo Público y a otros programas con mucha audiencia a decir barbaridades como que el matrimonio ha sido toda la vida entre un hombre y una mujer y debe seguir siendo así, que hay que acabar con la corrección política de los «progres» (también conocida como respeto) y un triste y larguísimo etcétera. Lo que no sabía Vox (o lo sabía, pero le dio igual) es que amenazar de forma tan plausible los derechos sociales conseguidos este siglo llevaba de la mano un apoyo masivo al PSOE, el que discursivamente era su partido enemigo (junto a muchos más porque el partido del odio tiene para todos).

El PSOE, a través de una buena comunicación de gobierno (en solo 10 meses) y una buena construcción de relato de campaña, ha conseguido, no solo convencer a más electores, sino animarles más a votar. Sin embargo, esto no ha sido en positivo ni porque la gente ahora crea realmente en el PSOE para gobernar (eso dirán ellos), ha sido porque consiguió postularse como el voto útil contra el fascismo y la ultraderecha. Ante un PP que no rechazaba a Vox para gobernar, un Ciudadanos que tampoco y que se presentaba como líder de la derecha, y un Podemos prácticamente desubicado, el votante medio decidió ser socialista por un día.

Los socialistas sabían que estas elecciones iban a estar condicionadas por Vox como issue propio de campaña y orientaron sus esfuerzos en posicionarse como único voto útil contra ellos. Vox ha sido un regalo para el PSOE: por un lado divide a la derecha reduciendo así sus posibilidades de formar gobierno, y por otro, no solo animó a abstencionistas a votar, sino que cada palabra sobre Vox en la Sexta, convertía un voto de Unidas Podemos en un voto útil al PSOE por miedo a retroceder. Este contexto añadido a la ventaja de formar parte del Gobierno (sabemos por comportamiento electoral que un gran núcleo de electores, categorizado como votantes sin ideología, acaba siempre votando al partido que está en el poder) hizo que el PSOE arrasara. ¡Hasta Murcia hoy es socialista! Por esa razón, Sánchez presionó para que Vox asistiera a los debates, por eso habló tanto de «la ultraderecha ausente» y por eso marcó como objetivo de campaña evitar «la España en blanco y negro».

Obviamente estas elecciones son una buena noticia: el bloque progresista aumenta y sabemos que los españoles mayoritariamente se sienten orgullosos de ser pioneros en materia LGTBI y que, diga Abascal lo que diga, saben que la violencia machista es un problema prioritario, y por desgracia, muy extendido. Pero no nos engañemos, estas elecciones ni son reales ni la gente va a tener ese miedo siempre, por eso y ahora más que nunca, se necesita una fuerza progresista que construya un proyecto de país en positivo, porque vienen tiempos difíciles: Vox solo ha obtenido 24 escaños (hay quien se esperaba hasta 70), un dato que a priori puede ser bueno, pero que en realidad va a eliminar del clima de opinión la sensación de amenaza y desmovilizará el voto contra ellos.

Es por esto por lo que se necesita un proyecto en positivo, porque ante la ausencia del miedo habrá menos participación, mucho voto bipartidista volverá del PSOE al PP y es cuando gobernará la derecha.

El PSOE ahora quiere aprovechar su tirón electoral y cuanto menos ocurra de aquí al 26 de mayo, mejor para ellos: quieren que en municipales, autonómicas y europeas se vote en clave nacional y por ello va a alargar este momento de clímax, para generar el efecto bandwagon (que los electores se suban al carro ganador). Es por esto por lo que no quiere presentarse a la investidura hasta después del 26-M, pero a la gente la incertidumbre y las ambigüedades (su flirteo con Ciudadanos) le cansan, además de que, como digo, Vox ya no es una amenaza tan grande.

Antes o después, veremos qué decide el PSOE, ahora mismo todo apunta a que quiere un gobierno en solitario (también le presionan las oligarquías para ello), lo que obligaría a Unidas Podemos a apoyarles a cambio de nada o a retratarse votando en contra.

Lo que está claro y sin lugar a dudas, es que España se merece no tener que ir votando de miedo en miedo; merecemos proyectos ilusionantes y buena política, no teatreros poco elegantes que compiten a ver quién dice la burrada más grande como las tres derechas, ni oportunistas que se aprovechan de nuestro miedo.

Queremos una alternativa real, pero que también sea progresista de verdad, en positivo, y ni unos ni otros nos escuchan. Los gritos de «Sí se puede» en Ferraz, (sí, en Ferraz) solo demuestran una cosa: el PSOE solo no sirve, pero Unidas Podemos, que ilusionó a tanta gente en 2014, tal como está ahora, tampoco.

España se ha unido contra el miedo y ha dado una lección, pero está huérfana en virtud y proyectos.

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