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La plaza del ruido

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Vecinos de La Latina denuncian que los locales incumplen la normativa de ruidos

L.G.

Hace unos días, los hosteleros se quejaban en la prensa de “una oleada de denuncias a bares de copas del centro de Murcia”. Todo ello, por el incumplimiento de la ordenanza municipal de Protección del Medio Ambiente contra la emisión de ruidos y vibraciones, la misma que determina que los locales en calles de menos de siete metros no podrán tener el equipo musical en funcionamiento a partir de las doce de la noche. Si eso es así, denunciaban estos, muchos tendrán que echar el cierre por falta de personal en su interior. Y no les faltará razón.

Con todo, a día de hoy, por ejemplo, dormir en una vivienda que dé a la plaza Condestable de Murcia es un canto epistolar al ruido nocturno, en especial los fines de semana. A medianoche llegan los trabajadores que recogen la basura, con sus estruendosos camiones, especialmente sensibles cuando vuelcan el vidrio del contenedor. Poco después, los que tripulando esos vehículos tan jaleosos, baldean las calles. Los mismos que, por si no se hicieran notar lo suficiente, llevan hasta dispositivo sonoro incorporado. La noche toledana podría acabar ahí, de no ser por una parte de la ‘distinguida’ clientela del Plaza 3, ese local de copas al que acude habitualmente, como bien se sabe, lo más granado de la intelectualidad murciana. Gritos en la puerta, discusiones estentóreas, acompañado todo ello de abruptos acelerones de coches y motos, como si estuviéramos en el mismísimo circuito del Jarama (y no el de Sánchez Ferlosio, precisamente) a la intempestiva hora de las 4 de la mañana… Vamos, que aquí se pasan por el forro el consabido artículo 37.3 de la mencionada ordenanza de Protección del Medio Ambiente contra la emisión de ruidos y vibraciones. Y la Policía Local, parodiando al gran Pablo Neruda, esa que tanto les gusta cuando calla porque está como ausente.

A día de hoy, dormir en una vivienda que dé a la plaza Condestable de Murcia es un canto epistolar al ruido nocturno, en especial los fines de semana.

Llega la madrugada y ya, cuando el despertador está casi a punto de cumplir con su obligación, los camiones de descarga en la zona de almacén de El Corte Inglés deleitan al vecindario con su tradicional concierto al alba.

En fin, que la sensación de vivir en esa zona céntrica de Murcia es una gozada. Porque allí todo sigue siendo igual y es como habitar en un castillo del Medievo, ya estés recluido en una recóndita cámara o disparando desde el torreón con una ballesta.

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