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Los trabajadores pobres: la historia se repite

El sindicalismo debe dejar caer toda esa grasa, dejar de intentar mantener los "despachitos" y rescatar el músculo

La Seguridad Social crece en 35.085 afiliados en junio, hasta los 17.256.395

EFE

Mucho ha cambiado el sistema económico desde el siglo XIX al siglo XXI, pero los efectos son los mismos. Nos enfrentamos de nuevo a la lacra de la pobreza entre los trabajadores que con el sueldo que perciben no son capaces de llegar a fin de mes: hablamos de empleo de subsistencia. Como es un trabajador, se le excluye del sistema de ayudas sociales, dándose la paradoja que, no son pocas las veces, que percibiría como ayuda sin trabajar el mismo dinero que percibe por su trabajo.

Se reproduce con virulencia en la juventud con cientos de tipos de contratos de 'becarios', con imaginativos nombres contradictorios que generan lo que se viene denominando el "micro empleo", que solo esconde una triste realidad ¡El micro salario!

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La economía especulativa ("los mercados") domina el mundo y, desde la impunidad que le brinda el sistema opaco de las siglas y los complejos entramados societarios de la globalización, lo deshumaniza y actúa con más virulencia contra los derechos laborales, culpabilizando al trabajador de ser "el problema", y poniendo como paradigma de la eficiencia el sistema Chino.

Las viejas estructuras sindicales, con mucha grasa, continúan sus viejas doctrinas y herramientas, sustentadas en la lucha obrera en un escenario en el que la desmedida avaricia de una economía productiva era el enemigo a batir y Carl Max era su guía. No son capaces de dar una respuesta eficaz a este ataque a los derechos laborales, quizás el más violento de toda nuestra historia.

El sindicalismo debe dejar caer toda esa grasa, dejar de intentar mantener los "despachitos" y rescatar el músculo. Tenemos a los trabajadores mejor formados, una herramienta que es capaz de hacer trasmitir una idea en segundos a millones de personas, capaz de convocar y poner en marcha a trabajadores, parados y jubilados para parar las injusticias, como ocurre en Francia con los 'Chalecos Amarillos'.

Debemos replantearnos nuestro modus operandi y proteger a la persona cuando es trabajador, cuando está esperando serlo, cuando trabaja para él y en su jubilación, porque en todos los momentos de nuestra vida no dejamos de ser trabajadores.

El empresario solo es una hidra con cientos de cabezas invisibles que llamamos "los mercados" y los capataces son el "sistema financiero". Dicen que "la banca siempre gana"... hasta el momento.

*Armando Plaza es delegado sindical de la sección sindical de SOMOS SINDICALISTAS en el Ayuntamiento de Murcia.

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