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La traición del PP al campo murciano

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Parece que los regantes y empresarios vuelven a desenterrar el hacha de guerra que guardaron bajo llave tras el 20-N de 2011. Se han esperado al final de la legislatura de Mariano Rajoy para hacerlo. Cuatro largos años donde era evidente que no se iba a recuperar el tan cacareado Trasvase del Ebro que derogó ZP, a pesar del 'cansino' “Agua Para Todos” del que ya pocos se acuerdan.

Es más que posible que nadie en el sector hortofrutícola imaginara una inacción tan grande por parte de Moncloa. Pero el “estilo Rajoy” es el que es. Entre la falta de concreción en las ayudas para abaratar el agua desalada – el “agua del salero” tan criticada hace años-, las cortapisas a los bancos de agua, y que el memorándum del Trasvase del Tajo que el PP quiso vender como un triunfo se ha demostrado como lo que siempre fue, un limitador de trasvases, los ánimos parecen tornarse cada vez más enrarecidos.

Me puedo imaginar la enorme decepción generada con un partido que concitó grandes esperanzas en el sector y en buena parte de nuestra sociedad. Basta recordar que 8 de los 10 diputados elegidos por la Región de Murcia, fueron a parar a la candidatura liderada por Pilar Barreiro al Congreso de los Diputados. Casi nada.

La cercanía que ha tenido el poderoso sector agrícola y empresarial murciano con el PP, desde los tiempos de Aznar y el PHN, es algo que se da por supuesto pero que nunca se ha analizado en profundidad. El agro del sureste ibérico vivió un romance en toda regla con el partido de la Calle Génova, hasta el punto de convertir a este rincón peninsular en una zona “vedada” para el socialismo español durante las legislaturas de Zapatero.

La feroz campaña del “Agua Para Todos” hubiera sido imposible sin la activa participación de SCRATS (el sindicato de regantes), PROEXPORT (la organización de exportadores) o la misma CROEM, generando un monotema que duró años y que sustentó aplastantes mayorías absolutas en la Asamblea Regional –con la inestimable ayuda extra de nuestra infame ley electoral-.

 

Siempre resulta difícil soltar amarras con un partido al que se ha llevado en volandas

 

Pero, cosas de la vida, “el monotema” desapareció de las portadas justo cuando dejó de interesarle electoralmente al PP. Reconquistadas Aragón y Castilla-La Mancha, el furor trasvasista decayó en la corte de Rajoy, y por ende, en su sucursal de la Calle González Adalid –sede del PP murciano-. Si a eso sumamos los pobres resultados de un Gobierno que por naturaleza rehúye cualquier problemática territorial, ya sea la “Guerra del Agua” o el conflicto catalán, tenemos el triste panorama actual.

Sin embargo, no es menos cierto que al sector le han fallado estrepitosamente los reflejos, o por lo menos a sus organizaciones representativas. Por muchísimo menos le armaron la marimorena a ZP, y ahora, tras alguna amenaza velada y el frustrado intento de reunirse con el Presidente cuando estuvo por estos lares de mitineo, parece que por fin se proponen levantar la voz.

Demasiado tarde. A lo máximo que pueden aspirar a estas alturas es a algún compromiso electoralista, de esos que se lleva el viento con la misma facilidad que vino una vez se retiran las urnas.

Siempre resulta difícil soltar amarras con un partido al que se ha llevado en volandas. Pero lo único que ese silencio complaciente ha conseguido es que las aritméticas electorales del poder les roben por completo la cartera.

Dice el dicho popular que de lo malo también se aprende, así que esperemos que el poderoso sector agrícola murciano no se vuelva a convertir en muleta de partido alguno. Haciendo valer su independencia y siendo igualmente exigentes gobierne quien gobierne, se convertirán en una herramienta más útil e influyente para sí mismos y para la Región de Murcia. Una lección extrapolable a buena parte de nuestra sociedad.

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