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Polémica sobre Juan de la Cierva (III)

Juan de la Cierva

En la diversificación de actividades del ingeniero, que verosímilmente se acentuó en la segunda mitad de agosto de 1936, lo que ha podido documentarse (y que servidor reinterpreta) es que hizo caso, como era lógico, a una orden de Mola para viajar a la Alemania nazi con el fin de aclarar la situación en materia de suministros. Hitler había decidido apostar por Franco. Sus emisarios llegaron a Berlín mucho antes que los de Mola, que se había basado en viejos contactos monárquicos generalmente de tipo comercial e industrial. Franco, desde Tetuán, apostó por la línea del partido, tras una primera aproximación por la vía de un militar conocido suyo. Es un tema sobradamente conocido.

El resultado es que Franco recibió armamento desde el exterior por dos vías. La alemana y la italiana. Esta última esencialmente por razones logísticas pues era más fácil enviar a Marruecos por vía aérea y marítima. A Mola no le quedó más remedio que aguantarse, aunque tras hablar con algún militar italiano logró que una pequeña parte se le remitiera a Vigo.  Más tarde optó por hacer sus propios pinitos en Alemania. Lo que podía esperar era utilizar otras vías. No necesariamente las de los arsenales, sino las de los traficantes o mercaderes de armas. Las primeras las controlaba Göring rígidamente tanto en el plano militar como en el económico. Las segundas daban margen. ¿Quién era la persona de que Mola podía fiarse? Juan de la Cierva.  

El hecho es que en septiembre Juan de la Cierva estuvo en Berlín. El 19, al día siguiente de su regreso a Londres, escribió a mano una carta a Mola en la que rindió cuenta de los resultados de su misión. Había sido un viaje azaroso que emprendió desde París y en el que, mientras dormía en el coche-cama del tren que lo llevaba a la capital alemana, intentaron robarle papeles y dinero. Es imposible saber si se trató de un caco o de otra alternativa.

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Polémica sobre Juan de la Cierva (II)

Juan de la Cierva

En relación con el aspecto fundamental de si el inventor del autogiro sabía o no sabía la finalidad para la cual se le pidió que procurase un avión inglés el autor o autores de la entrada de Wikipedia fueron unos merluzos, por decirlo suavemente. No solo ignoraron los resultados de la historiografía sino también los dos libros de memorias que han alumbrado, aunque no del todo, el episodio. Se citan una y otra vez, pero ya se sabe que no vale iluminar a quien no quiere ver. Así, por ejemplo, Douglas Jerrold contó lo que sabía de cómo se embarcó a de la Cierva y para qué en sus memorias aparecidas en 1937. También Bolín aportó su granito de arena en las suyas, aparecidas treinta años más tarde. Para quienes aspiren a nota podrían acudir igualmente a las del marqués de Luca de Tena, propietario de ABC, que siguieron un poco después. Es más, si "fuentes" lejanas en el tiempo hubiesen resultado difíciles para tan audaces autores, podrían haber utilizado el librito de un periodista, Peter Day, publicado en España hace pocos años. Resume, acríticamente por cierto, lo escrito por los dos primeros y muestra que sabrá mucho de Inglaterra, pero poco o nada de España.  

Entre los tres primeros autores mencionados puede reconstruirse la operación (aunque con lagunas, porque Jerrold no conocía el trasfondo español y los dos patriotas no quisieron contar todo lo que sabían). Aparte de lo que escribió Jerrold, las versiones de Bolín y Luca de Tena difieren algo (afán de protagonismo del periodista, deformación y cuidadoso silencio en el segundo), pero lo que está absolutamente claro es que Juan de la Cierva supo desde el primer momento para qué iba a servir el Dragon Rapide. Y, enemigo de la República como era, no le pareció nada mal. No pretendo en estas líneas darme autobombo, pero al tema le he dedicado parte de tres libros y para el avión he contado con la inapreciable ayuda de mi primo hermano y expiloto Cecilio Yusta. Sobre el trasfondo monárquico de la operación (de lo que algunos creen que ya se sabe todo) todavía queda bastante por decir. Dentro de unos meses daré a conocer un grueso libro en el que expondré los manejos de la trama civil de cara al 18 de julio.

Por el momento baste con decir que a Juan de la Cierva le llamó días más tarde Alfonso XIII para que se desplazara desde Londres a Roma. La misión, que no explicó pormenorizadamente en carta a Mussolini, estribaría en convencer a los italianos de que el golpe que esperaban desde hacía varias semanas era el preparado por los monárquicos. El 20 de julio anunció el viaje al Duce brevemente: "Le supongo enterado de la enorme importancia del movimiento español. Faltan elementos modernos de aviación y con objeto de adquirirlos van a Roma Juan La Cierva [sic] (inventor del autogiro) y Luis Bolín, personas de mi entera confianza. El marqués de Viana [ayudante] portador de la presente le explicará todos los detalles y la ayuda que espero nos prestará".

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Polémica sobre Juan de la Cierva (I)

Juan de la Cierva (ilustración)

En Murcia ha estallado un debate público sobre si dar o no el nombre del inventor del autogiro al aeropuerto regional. Las proezas tecnológicas e ingenieriles que conllevó el desarrollo del aparato, precursor del helicóptero, serían motivos más que suficientes para justificar dicho galardón. Un ilustre hijo de la autonomía se vería así recompensado póstumamente. Pero, a veces hay un pero, tan ilustre personaje (que ya da sus nombres a conocidas becas de investigación postdoctoral y a un Premio Nacional) no está exento de sombras. Entre ellas figura en lugar destacado su papel en el alquiler del avión más famoso de la historia contemporánea de España, el Dragon Rapide. Hay más.

Hace algunas semanas me llamaron de Murcia para que dijera algo sobre la actividad del ilustre inventor en este sentido. Lo hice de forma, a lo que parece, insuficiente. Como he escrito en varias ocasiones sobre su actividad no ingenieril creo que conviene resumir lo que puede y debe ponerse en claro. Lo que sigue es una sucinta valoración en tres posts. Me apresuro a señalar que, para escribirlos, he hecho ante todo lo que probablemente han hecho también muchos participantes en la controversia de Murcia: ver lo que se dice en Wikipedia.

Esto no significa que crea que lo escrito en Wikipedia es palabra de Evangelio. En el presente caso, un dato común a la entrada española e inglesa es que Juan de la Cierva, después de varios intentos aeronáuticos en España, se marchó en 1925 a Inglaterra. Probablemente consideró que en un país mucho más avanzado tecnológicamente que el suyo podría tener más éxito. Al fin y al cabo, la aviación británica, civil y militar, se había desarrollado a toda velocidad en el curso de la primera guerra mundial. En Inglaterra permaneció hasta 1936. ¿Consecuencia? El ingeniero Juan de la Cierva no participó personalmente en los debates ideológicos y políticos españoles de la primera mitad de los años treinta. Su intervención se limitó a mediar en el alquiler del Dragon Rapide sin saber a ciencia cierta para qué serviría. No lo digo yo. Lo dice la Wikipedia en castellano. Cito: no se ha "confirmado nunca si Juan de la Cierva era conocedor del destino del avión, máxime cuando falleció en diciembre de 1936 y llevaba años viviendo en Londres y alejado de la política nacional".  Esto es, con perdón, una estupidez producto bien del deseo de embaucar o de la ignorancia más roma.

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Antonete Gálvez, una vida de revolución por tierra y mar

Ilustración de Antonete Gálvez por MARÍA RODRÍGUEZ GONZÁLEZ

Desgranar una figura histórica tan compleja como el denominado Padre del Cantón Murciano es hablar de ideales, conspiraciones, intransigencia, progresismo, exilios, lucha armada, libertad, resistencia, federalismo, derechos, sierra, huerta, mar, pólvora y azahar.

En definitiva, hablar de Antonete es hablar de revolución. Una vida marcada de principio a fin por la constante y tenaz lucha por unos ideales forjados en el republicanismo federal con Denominación de Origen de la Huerta de Murcia. Solo en personas como él cobra sentido la frase “tirarse al monte” en su máxima expresión.
Antonio Gálvez Arce, más conocido como Antonete, nació en el seno de una familia de labradores en la pedanía murciana de Torreagüera un 29 de junio de 1819. Compaginando el trabajo de la huerta con aprender a leer y escribir, se fue impregnando de las ideas liberales que le inculcaban los libros y su propio padre. En 1843 ya dirigía una columna de las Milicias Nacionales de Torreagüera y, en ese mismo año, se casó con su perpetuo amor Dolores Arce Tomás. Con ella tendría seis hijos, siendo el hogar familiar el Huerto de San Blas, o lo que es lo mismo, la eterna Ítaca kavafiana de Antonete.

Junto a la política y la oratoria, la lucha armada siempre fue uno de los instrumentos que Antonete mejor supo utilizar para defender los ideales en los que tan fervientemente creía. Poco a poco va participando en diversas conspiraciones antidinásticas como en la Revolución de 1854, entrando en la capital del Segura con un grupo de huertanos armados.

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Ibn Arabi, el viajero de los mundos (II)

Ilustración Ibn Arabi

“Existen tantos caminos a Dios como alientos en los seres”, dejó escrito Ibn Arabi.

Para el místico murciano todas las creencias tratan de aproximarse a una única divinidad, cada cual con su visión. Y todas lo logran, de manera parcial.

“Lo que lo hace enormemente actual y capaz de conectar con todas las corrientes de pensamiento modernas es la unidad que concibe en la diversidad de creencias”, afirma Pablo Beneito, profesor del Departamento de Traducción e Interpretación de la Universidad de Murcia y presidente de MIAS-Latina.

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Ibn Arabi, el viajero de los mundos (I)

Ilustración Ibn Arabi

“Velad por no estar atados a una creencia concreta que niegue las demás, pues os veréis privados de un bien inmenso (…) Dios es demasiado grande para estar encerrado en un credo con exclusión de los otros”.

Estas palabras fueron escritas en el siglo XIII por el místico, pensador y poeta musulmán Ibn Arabi (conocido también como Ben Arabi), nacido en la Murcia islámica de 1165.

Viajero inagotable (recorrió Al-Ándalus, el norte de África, Turquía y Oriente Medio), vivificó el sufismo, la corriente mística islámica que aboga por la profundización en el propio yo como modo de llegar al conocimiento de lo divino.

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¡Viva Zapata!

Diego Mateo Zapata por Rubén Bastida, estudiante de Ilustración de la Escuela de Arte de Murcia

A los pies del altar mayor de la iglesia de san Nicolás de Bari, una tumba contiene los restos de uno de los hombres más famosos en la España de la Ilustración: el doctor Diego Mateo Zapata.  Se trata del extraño y curioso caso de un condenado  por la Inquisición  por judaizante cuya tumba hallamos en lugar de privilegio en un templo católico. Esta singularidad tan chocante excita nuestra curiosidad.

Nunca un científico murciano había sido alabado y admirado en vida del modo en que lo fue Zapata, calificado en su tiempo como “el médico de la época” , “el médico de moda”, “raro ingenio del siglo XVIII”, “el último escalón de la perfección médica”, etc.  

¿Por qué la ciudad que fue su cuna y en la que reposan sus restos  apenas lo recuerda?

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Elisa Séiquer: un salto sobre el tiempo

Elisa Séiquer por Teresa Arroyo, estudiante de Ilustración de la Escuela de Arte de Murcia

'Juego de muchachos', de Elisa Séiquer, es una escultura a la que hay que rodear varias veces para poder apreciarla en toda su belleza: su composición sólida, equilibrada y al mismo tiempo frágil y dinámica; sus huecos, su volumen. Dos niños desnudos y delgados se agarran por las muñecas y tiran el uno del otro en direcciones opuestas, cruzando sus piernas. Es una escena alegre aunque ninguno de los dos esboza más de media sonrisa. Están concentrados en su juego.

La escultura fue colocada en 1982 en los jardines del Malecón, en Murcia, y desde el primer momento atrajo a vándalos homínidos que le dieron golpes y la mutilaron. Siete años después fue retirada y guardada en un almacén municipal, donde durmió el injusto sueño de los justos mientras los vándalos antes descritos proseguían con su vida y, suponemos, corrían por las calles. Séiquer aún vivía. En 2008, doce años después de la muerte de la autora, el Ayuntamiento de Murcia restauró la escultura y la colocó en el Jardín de Isaac Peral -lamentablemente conocido como 'de las Tres Copas'-.

Aunque no es una obra que muestre el estilo más característico de Elisa Séiquer (Murcia, 1945-1996), el recorrido de 'Juego de muchachos' podría ser una metáfora del reconocimiento -y del no reconocimiento- de la escultora. Sus inquietudes vitales y artísticas en mitad de un triste letargo cultural, sus ideas de libertad en plena alienación de la dictadura franquista, su condición de mujer en un país machista y, en definitiva, su presencia en un mundo hostil, no fueron suficientes obstáculos para ella gracias a su carácter fuerte y a su anhelo por experimentar; a su necesidad de formularse preguntas sin descanso.

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En los dominios del rey Lobo

Rey Lobo

Mohamed ibn Mardanis (1124-1172), conocido como el rey Lobo por su astucia diplomática y militar, convirtió Murcia -entonces Mursiya- en capital de un reino cuyo territorio dominó el sureste peninsular de Cuenca a Almería durante los segundos reinos de taifas. Llevó la ciudad a un esplendor político y comercial inéditos, y logró mantener a raya durante 25 años la feroz expansión almohade. Aunque el esplendor de su mundo fue breve, sus ruinas aún pueden contemplarse en muchos lugares de la ciudad.

Ibn Mardanis nació en Peñíscola en el 1124, en el seno de una familia aristocrática de muladíes (cristianos convertidos al Islam en el siglo VIII). Algunos sostienen incluso que su apellido podría derivarse de Martínez.

Su ascenso político coincide con la decadencia del Imperio Almorávide, entre cuyas cenizas, ayudado por la fortuna y por su arrojo, logró abrirse paso.

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