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Esperanza para los refugiados de Lesbos: el proyecto Mandala

Mandala es un oasis de bienvenida, cariño y juegos donde nos hemos maravillado en cómo se puede hacer tanto a pesar del empeño mandamases nacionales y europeos de hacer los campos degradantes para la vida de las personas

Jóvenes de los campos de refugiados de Lesbos participando en actividades de Mandala

Jóvenes de los campos de refugiados de Lesbos participando en actividades del Proyecto Agua de PROEMAID

 

 Cuando te sumerges en la tragedia de las personas refugiadas, en el submundo que hemos creado para ellas aquí en Europa, no parece fácil encontrar motivos para la sonrisa, pero los hay.

Los hay porque ellas, ellos, la ofrecen, porque comparten lo que tienen y te cuentan, relatan, se interesan y preguntan, te acogen.

Los hay porque encuentras personas desde aquí, en Moria, y desde todas partes en el mundo que trabajan y desvelan por cambiar las cosas, que se revuelven y resuelven implicarse, colaborar.

Los hay porque el campo de Moria y el monte de los Olivos (campo paralelo no oficial que crece sin parar) están llenos de niñas y niños que te buscan y te abrazan, y sonríen.

Miembros de la asociación Amigos de Ritsona hablando con integrantes de Refugee 4 Refugees

Miembros de la asociación Amigos de Ritsona hablando con integrantes de Refugee 4 Refugees

Porque aparte de las Organizaciones No Gubernamentales oficiales, beneficiarias de las grandes aportaciones de la Unión Europea (que muchas veces es difícil adivinar adonde van, a qué se destinan) hay muchas otras mayoritariamente de iniciativa privada, financiadas a partir de donaciones de ciudadanos y ciudadanas de todo el planeta, que trabajan sobre el terreno con proyectos increíbles que aportan la humanidad que se les roba a las personas refugiadas antes y tras su llegada a territorio europeo.

Esta mañana hemos descubierto uno de esos proyectos, Mandala, de la organización Refugees 4 Refugees.

Junto al campo en el monte de los Olivos, plagado de tiendas maltrechas, muchas de ellas ocupadas por tres y cuatro familias, sin condiciones mínimas para una vida digna.

Tras bordear el campo de Moria, sus alambradas, su aspecto carcelario, y conocer la realidad de cómo viven y cómo se les trata a quienes llegaron desde el infierno de sus países de origen.

Después de hablar con ellos y ellas, con cooperantes, voluntarias/os.

Te llenas de desesperanza.

Instalaciones dispuestas para actividades con refugiados

Instalaciones dispuestas para actividades con refugiados

Mandala en un espacio creado para niños, niñas y jóvenes de los campos desde diciembre de 2018. Gente voluntaria, personas refugiadas colaborando en su acondicionamiento, organización y gestión de actividades. Abierto todo el día, todos los días, de lunes a sábado, que lo está por la tarde. Mandala está dividido en diferentes rincones, minicampo de fútbol, de bolos, pequeña biblioteca para los más pequeños, parque infantil con elementos de juego de madera donde trepar, observatorio de aves (en construcción), lugar de encuentro para bailes y juegos,.. De momento al aire libre pero ya planificando construcción de estructuras techadas para tenerlo preparado para el frío invierno próximo.

Un oasis de bienvenida, cariño y juegos donde nos hemos maravillado escuchando a Ana, coordinadora, veintiún años, voluntaria y brasileña.

Observamos cómo se puede hacer y dar tanto a pesar del empeño de autoridades y mandamases nacionales y europeos de hacer de los campos de refugiados espacios degradantes para la vida de las personas para que no vengan, para que se vayan, para que no vuelvan.

Niños disfrutando de las instalaciones

Niños disfrutando de las instalaciones

Una referencia también al proyecto AGUA de la organización PROEM-AID, con quienes estuvimos ayer tarde, coordinado por Salva, quien estuvo dándonos explicación detallada de su trabajo. Voluntarias y voluntarios, profesionales de equipos de emergencia y del cuerpo de bomberos de diferentes países, también personas refugiadas ya recuperadas del trauma de su travesía en barcas-trampa, trabajan conjunta y diariamente ayudando a quienes todavía lo sufren a superarlo y reconciliarse con el mar. Chapotean y se ríen, y sonríen.

Aunque cuesta, hay motivos para la sonrisa. Pero la realidad de la situación actual está ahí. Depende de cada uno y cada una no mirar hacia otro lado e implicarnos, hay muchas maneras de hacerlo.

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