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Me había prometido a mí mismo dejar de hablar del franquismo

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Rajoy rinde homenaje a los desaparecidos argentinos por el terrorismo de estado

Me había prometido a mí mismo dejar de hablar del franquismo. No era la primera vez que lo intentaba. Lo había hecho yo solo de un día para otro, había leído el famoso libro sobre dejar de hablar del franquismo, había recurrido a la acupuntura y hasta me habían movido los chacras. La última vez que decidí dejarlo estuve dos años sin hablar del franquismo. Pero hace unos meses tuve una recaída y acudí a un prestigioso médico especializado en procesos de deshabituación del franquismo. La primera medida consistió en reducir de forma paulatina las referencias al franquismo. Bajé de veinte a quince menciones al día. Luego a diez. Y el pasado 29 de marzo dejé por fin de hablar del franquismo.

Parafraseando a Aterriza como Puedas, elegí un mal día para dejar de hablar del franquismo. Ese mismo día aparecieron en la tele cuatro ministros del Gobierno de Rajoy cantando 'El Novio de la Muerte’, el charlestone cabaretero que el fascista Millán Astray convirtió en un himno militar de la Legión para glorificar que “el legionario debe ensalzar la muerte, que fallecer no es más que un acto de servicio”. “¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la muerte!”, le había gritado Millán Astray a Unamuno el 12 de octubre de 1936, el día que el filósofo vasco se enfrentó al general falangista de Franco en un acto celebrado en el paraninfo de la Universidad de Salamanca. Y precisamente, uno de los ministros cantarines era Iñigo Méndez de Vigo, que lo primero que hizo cuando llegó a su despacho del ministerio de Cultura fue retirar el cuadro de Unamuno que colgaba desde hace años en la pared. Como dice Peio H. Riaño, "el  ministro expulsó a Unamuno de su despacho, como lo despachó Millán Astray del Paraninfo de Salamanca". 

Ay. Un hijo de franquistas retirando un cuadro de Unamuno y cantando a la muerte. Un ministro que todavía habla de las “vascongadas” como en los tiempos en los que en Vitoria se cerraban las joyerías para que no apareciera Carmen Polo y se llevara los collares como se llevan en el PP los masters de la URJC. No podía haber elegido peor día para dejar de hablar del franquismo pero recordé lo que me había aconsejado mi médico. Respiré profundamente y repetí cien veces el mantra “hablar del franquismo es reabrir viejas heridas”. Y superé la crisis.

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Cuando el PNV te pide que no hables de (su) corrupción

Los acusados del 'caso De Miguel' el día que arrancó el juicio / ADRIÁN RUIZ HIERRO (EFE)

Hace unos días me contaba un colega muy bien informado -una de esas fuentes que nunca falla- que dirigentes del PNV habían trasladado al Partido Popular que para llegar a acuerdos entre ambas formaciones sería deseable que los populares no azuzaran en público con el caso De Miguel, uno de los mayores casos de corrupción que afecta a los nacionalistas. Una trama -que se juzga desde hace semanas en Vitoria- por la que están sentados en el banquillo exdirigentes del PNV y cargos del Gobierno de Ibarretxe, acusados de cobrar comisiones ilegales y adjudicar contratos irregulares.

La petición del PNV al PP se había producido dentro de las conversaciones que mantienen ambas formaciones desde hace tiempo para normalizar sus relaciones -en Euskadi son socios- y que tienen ahora mismo en el horizonte la posibilidad de que el PNV repita su apoyo a Rajoy en los presupuestos, siempre que se levante el 155 en Cataluña.

Como es obvio, el PNV dice que es “radicalmente falso” y que nunca se puso esa cláusula al PP. Y puede que sea así, pero la historia que me contaban es verosímil por múltiples razones, pero especialmente por una: todo esto ha ocurrido con anterioridad en varias ocasiones.

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Mindfulness en las empresas o el embudo para seguir tragando

Hace algo más de dos años comencé a sentir mareos recurrentes. No eran desmayos repentinos sino una sensación permanente de haberme bajado del Dragon Khan. Además, empezaba a tener problemas para tragar cuando comía. Como una especie de nudo en la garganta. Al principio, no le di demasiada importancia. Ya se pasará, decía. Luego empecé a pensar en lo peor (es lo que se suele pensar a partir de cierta edad). Después de varias pruebas médicas, me diagnosticaron ansiedad y estrés laboral severo. Descansé durante un tiempo y, cuando los síntomas desaparecieron, volví a la vida de siempre. Había sido un pequeño bache pero ya era historia.

Un año después empezó a picarme todo el cuerpo. Todo el rato. Picores continuos salvo cuando estaba durmiendo. Los médicos no encontraron alergias ni enfermedades habituales asociadas a los picores. De nuevo, la ansiedad y el estrés por el curro. Aguanté así durante un tiempo -confiando en que podría controlarlo- hasta que el agobio desembocó en un bajón. Era el segundo aviso. Volví a descansar. Esta vez, más tiempo. Esta vez, con médicos especializados y pastillas. Y descubrí el mindfulness. La meditación.

En su día había estado indagando en ello: sus beneficios para combatir el estrés estaban científicamente comprobados desde hace tiempo pero los chamanes que enseñaban mindfulness en mi ciudad eran demasiado místicos para mi gusto. Hasta que encontré a un médico, muy acreditado y que en el pasado me había ayudado con éxito en varias lesiones deportivas. En los últimos años se había dedicado a formarse en las bondades del mindfulness para la salud, en especial, para las personas con dolor crónico.

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La España del Fahrenheit 451 o la del clítoris de la Virgen

La obra de Santiago Sierra "Presos Políticos", retirada de Arco.

Dicen que la peor nostalgia es la nostalgia de lo que no se ha vivido. Siempre deseé haber nacido diez años antes para vivir la Movida de los ochenta como hay que vivirla: con veinte tacos. La viví pero de niño viendo en la tele a la Bruja Avería. Y no hablo de la mitificada Movida madrileña de Tierno Galván y Alaska. Hablo de la Verdadera Movida. La que surgió en mi ciudad, en Vitoria, en los años 80.  

“Cuando yo llegué, creo que Vitoria era la ciudad de Euskadi donde se veía hervir algo, donde se veía gente de diferentes áreas, que si escultura, que si pintura, que si músicos, que si periodistas, ¿sabes?”, comentaba Gari, el que fuera cantante de la banda vitoriana Hertzainak, probablemente la más destacada del momento en Euskadi. De aquella época hay muchos nombres y no hay espacio para citarlos a todos, pero a quien no sea de Vitoria le sonará el director de cine Juanma Bajo Ulloa o el actor Karra Elejalde, el de los ‘8 apellidos vascos’, entonces un ‘chino’ -así se llamaba a los maoístas- al que no le gustaban nada los troskos.

Vitoria era la “sede del rollo libertario”, cuenta Eneka Aranzabal. El lugar de encuentro de una efervescencia cultural y política que no se ha vuelto a vivir en la ciudad. Artistas, músicos, anarquistas, autónomos, abertzales, dibujantes, troskos, la radio libre Hala Bedi, la Banda Municipal de Ska tocando medio en bolas en la Plaza del Machete, la eclosión de los fanzines, etc. Como decía la canción de Potato, todos rulando en la Pinto, en la Kutxi y en la Zapa, rulando “en Vitoria-Gasteiz, donde hacen la ley, capital artificial de un país singular”.

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Menos artículos sobre la izquierda y más cajas de resistencia, por favor

Dice un colega que lo mejor en la vida es escuchar música y lo segundo mejor, hablar sobre música. Le pasa algo parecido a la izquierda en España: lo más molón es ser de izquierdas -especialmente en Twitter haciendo de apóstoles de la virtud- seguido muy de cerca por el placer culpable de hablar sobre la izquierda y, en concreto, sobre lo mal que le va a la izquierda. Es la moda de los últimos meses: escribir y escribir sobre el depauperado estado de la izquierda. Escribir artículos, análisis, hilos, comentarios, entrevistas, conferencias, libros… Escribir lo que haga falta hasta encontrar la poción mágica de Astérix que mande a Rajoy a casa. Escribirlo todo. Todo menos pintadas.

La esclerosis de la izquierda, por supuesto, es un debate grave y y crucial, pero cuando escuchas a alguien de izquierdas intentar desentrañar las razones de su desorientado paso etílico, suena de fondo un gemido suave de gustirrinín. Es como los enfermos, que solo quieren hablar de sus enfermedades y disfrutan dando la brasa casi tanto como padecen sus males (no me pregunten por mis afecciones de salud, podría estar disertando horas como Fidel en la Plaza de Revolución y lo haría entusiasmado).

En el fútbol todo el mundo puede hacer de entrenador. Es una de las cosas más divertidas del fútbol. En el debate de la izquierda no es tan fácil. Digamos que hay un cuerpo de elegidos -intelectuales, columnistas, politólogos, croqueteros de los medios, aspirantes a tertulianos de tele, uno que pasaba por ahí, etc- y un requisito por encima de todos: si no has leído el Manifiesto Redneck de Jim Goad, mejor no opines. Tengo un amigo que me lo recomendó antes de que el libro de marras se convirtiera en canon y todavía no lo he leído y, la verdad, a estas alturas del tostón no me veo con demasiadas fuerzas para optar a los galones de opinador sobre la izquierda. Ahora mismo estoy absorto en estudiar la batalla de Stalingrado y en seguir el culebrón de Gustavo, María Lapiedra y Mark Hamilton (muy fuerte, Jorge Javier).

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La trama Gürtel es el Watergate de Mariano Rajoy

Nixon anuncia su dimisión por el caso Watergate

Desde la noche de junio de 1972 en la que cinco mercenarios de Nixon fueron detenidos por la Policía irrumpiendo en el edificio Watergate hasta que el periódico Washington Post consiguió una primera conexión con la Casa Blanca pasaron menos de 48 horas. Mucho más tiempo tendría que transcurrir entre el 9 de febrero de 2009 -el día que se destapó la trama Gürtel con las detenciones ordenadas por  Garzón- y el convulso 2013, cuando el caso se cruzó directamente en el camino de Mariano Rajoy con  la publicación de ‘Los papeles de Bárcenas’ y los  SMS entre el presidente del Gobierno y Bárcenas.  

Las primeras reacciones del poder fueron similares. Lo que, según el jefe de prensa de la Casa Blanca Ron Ziegler, se trataba de “un intento de robo de poca monta” resultó ser una campaña ilegal de sabotaje del Partido Demócrata y uno de los mayores escándalos de la historia presidencial de EEUU. Lo que  Mariano Rajoy describió como “una trama contra el PP” ha terminado en una trama sobre la financiación ilegal del PP y el mayor caso de corrupción que ha conocido un partido político durante la democracia.

Ben Bradlee, el mítico director del Washington Post durante el Watergate, escribe en ‘La vida de un periodista’ (Ediciones El País, 2000) sobre las primeras horas tras el asalto al edificio Watergate, sede del Partido Demócrata: “En su visita rutinaria a la Policía de Noche, el periodista Gene Bachinski echaba un vistazo a algunos objetos encontrados en los bolsillos de los arrestados. Incluídas varias agendas, en dos de las cuales encontró el nombre de Howard Hunt, junto con la anotación: “C.B” y “Casa B”. ¡Bingo!”.

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MasterChef Junior o cómo reclutar becarios desde los 10 años

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La presentadora y el jurado de MasterChef Junior

Mi hija mayor está entusiasmada con MasterChef Junior. Tiene sus concursantes favoritos, se ríe con las payasadas de Pepe, te recuerda que Eva está embarazada y flipa con los platos que preparan los críos. En su día nos hizo comprarle un libro de recetas del programa y tuvo una temporada en la que quería apuntarse al concurso, pero ya se le pasó esa fiebre. Y menos mal. Porque MasterChef Junior es divertido, emotivo, didáctico y... terrorífico.

Como no podía ser de otra manera esta semana en casa hemos visto la final (la hemos visto grabada porque el horario del programa no es nada junior, por cierto). Ha ganado Esther, una chavala majísima de 10 años, que en su menú final utilizó ingredientes sobre los que no había oído hablar en mi vida (y soy vasco, de cocina alguna cosilla sé). Hubo lágrimas, muchas lágrimas, y sonrisas en el punto de cocción exacto que exige un buen melodrama para que te haga sufrir lo justo sin que los buenos sentimientos pierdan su protagonismo. En fin, muy gaseoso y almibarado.

Y muy competitivo. Extremadamente competitivo. Los chavales sufren, lloran, padecen microataques de ansiedad (es que tú eres muy nerviosa, no te aturulles, les dicen los jurados), en ocasiones se mosquean entre ellos y luchan contrarreloj. Solo puede quedar uno. Como la vida misma, como la vida capitalista en la que vivimos que ya ni siquiera respeta zonas protegidas como la infancia. Todo es susceptible de convertirse en una carrera competitiva individualista. 

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El ‘vicelehendakari’ Alfonso Alonso, político del año en Euskadi

El lehendakari, Íñigo Urkullu, saluda a Alfonso Alonso.

Alfonso Alonso protagonizaba una de las carreras políticas más interesantes en España hasta el día en el que le tocó regresar a la política de provincias de la que había escapado hacia un fulgurante éxito en la capital del Reino. No tuvo que ser fácil para un político, cuyas aspiraciones están situadas en Madrid, el verse obligado a volver a las labores poco agradecidas de la política vasca. Alonso pasó de ministro junto a Mariano Rajoy a ser portavoz de la última formación política del Parlamento vasco. De las intrigas palaciegas de los ‘madriles’ a ser la voz de un PP vasco debilitado, expulsado de sus centros de poder en Vitoria y Álava, y con la misma capacidad de éxito en la política vasca que Dory de concursante en ‘Saber y Ganar’.

Vamos que a Alfonso Alonso le había tocado un marrón de proporciones considerables que él mismo se había buscado sin saberlo. Y cuando se dio cuenta de que estaba cayendo en su propia trampa ya no pudo echar marcha atrás. Todo había empezado con la llegada de Arantza Quiroga a la presidencia del PP vasco en mayo de 2013, que apartó a Iñaki Oyarzabal del poder en el partido. Una afrenta a los alaveses a los que, por fin, habían logrado esquinar aprovechando que Alfonso Alonso disfrutaba de las mieles de ser portavoz del PP en el Congreso de los Diputados (las comparaciones son odiosas y por eso no vamos a comparar a Alfonso Alonso con Rafa Hernando, ¡qué repelús!).

Lo que no sabía Arantza Quiroga ni quienes la rodeaban es que a conspiraciones es casi imposible vencer a los alaveses. En eso anduvieron los Oyarzabal y Maroto durante más de dos años, intentando atar en corto a Quiroga por mandato de Alonso y preparando el terreno para cuando llegara la ocasión. Y esa ocasión llegó cuando Quiroga intentó un leve movimiento del PP sobre la pacificación en Euskadi. Alonso alzó su voz y Quiroga no aguantó ni medio asalto. Dimitió y (políticamente hablando) no se ha vuelto a saber de ella.

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En Asia hay playas: traduciendo a Susana Díaz

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Este domingo Susana Díaz lucha por la secretaría general del PSOE. Ante la confusión que ha surgido sobre uno de los epígrafes dedicados a la cultura en su programa electoral (titulado 'Cultura y desarrollo económico'), ofrecemos aquí unas claves para desentrañar su significado párrafo a párrafo.

Cultura y desarrollo económico (son dos de los ingredientes básicos para conseguir una exitosa carrera de corrupción en España y la razón por la que todo político quería tener algo parecido a un Guggenheim en su ciudad para fardar con otros alcaldes y hacerse unos ahorrillos en comisiones ilegales, que las vacaciones en Bali no se pagan solas y los niños tienen que ir a Estados Unidos a estudiar).

La cultura determina la sociedad y la civilización y nos hace más libres y más felices (y consigue que la candidatura de Susana Díaz escriba su programa electoral a las primarias socialistas con la profundidad de un capítulo de 'Peppa Pig'). Pero en el siglo XXI la cultura debe ser parte del desarrollo económico (vamos, que la cultura nos hará libres y felices pero en pleno auge neoliberal no queda otra que mercantilizarla y dejar que se impregne de la lógica del mercado, lo que nos hace menos libres y menos felices).

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¿Tiene sentido viajar en la actualidad?

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Réplica del autobús de Christopher McCandless en Healey, Alaska

La foto la manda un colega que está viajando por Alaska estos días. En la imagen aparece el autobús en el que  Christopher McCandless vivió en soledad sus últimos días, atrapado por la crecida del río Teklanika. McCandless era un chaval que había decidido dejarlo todo tras graduarse en la universidad. "Se cambió el nombre, entregó los 24.000 dólares que tenía ahorrados a la caridad, abandonó su coche y la mayoría de sus pertenencias y se fundió el dinero que le quedaba en la cartera", escribe Jon Krakauer en ‘Into the wild’, el libro que después sería popularizado por la película de Sean Penn.

McCandless lo dejó todo y dedicó el resto de su corta vida a vagabundear y viajar a dedo por Estados Unidos conviviendo con los perdedores del sueño americano. Tuvo trabajos ocasionales y emprendió incursiones en la naturaleza que seguían esa tradición tan norteamericana de buscarse a uno mismo en la comunión con lo salvaje. "Hace dos años que camino por el mundo. Sin teléfono, sin piscina, sin mascotas, sin cigarrillos. La máxima libertad. Un extremista. Un viajero esteta cuyo hogar es la carretera", escribía McCandless en su diario camino de Alaska.

En la foto que manda el colega, sin embargo, hay algo que no encaja. El entorno del autobús no parece un lugar demasiado recóndito: hay una especie de valla a la derecha, un cartel colgado en un árbol del fondo y, sobre todo, está plantado un tronco con señalizaciones que apuntan irónicamente a la casa de Sarah Palin. Ese no es el autobús de McCandless. En un vistazo rápido por Google descubro que se trata de una réplica que hay en el pueblo de Healey. 

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