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Las huelgas no sirven para nada (y II)

Camareras de piso de Bilbao celebran su victoria tras más de mes y medio de huelga

Las camareras de piso de dos hoteles de Bilbao han ganado la batalla. Después de más de mes y medio de huelga ininterrumpida, las cadenas NH y Barceló han cedido. Estas trabajadoras -que cobraban 2,5 euros por habitación limpiada- han conseguido un aumento salarial del 48%. Las huelgas no sirven para nada.

Los trabajadores de Correos habían convocado dos jornadas de huelga en diciembre y las han desconvocado esta semana después de que la empresa haya aceptado una subida salarial del 9% en los próximos años y la consolidación y reposición de miles de puestos de trabajo hasta 2020. Pero no olvidemos que las huelgas no sirven para nada.

A finales de noviembre y tras cuatro días de huelga, los médicos de atención primaria consiguieron que la Generalitat se comprometiera a garantizar un mínimo de 12 minutos de atención por paciente y una inversión de 100 millones de euros. Este año también, con una amenaza de huelga, los socorristas de Gipuzkoa han conseguido de 200 a 400 euros más al mes. Etcétera. Porque las huelgas no sirven para nada.

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No te fíes de un político que habla de empleo digno: puede ser un explotador

Operarios trabajando en una cadena de montaje

Desde hace un tiempo llevo todas las semanas a mi hija pequeña a aprender a nadar en el centro cívico del barrio. Las instalaciones son excepcionales. Piscina, bibliotecas, sala de encuentro, ludoteca, canchas deportivas, un servicio de atención municipal y hasta una estupenda colección de cómics. Es una de esas infraestructuras públicas por las que uno se siente orgulloso de pagar impuestos. Algo útil para el barrio que ofrece servicios, crea comunidad y favorece la cohesión social. Un lugar de encuentro que nos hace la vida mejor a los vecinos.  

Cuando, hace unos pocos años, se estaba construyendo el centro cívico solía alzar a mis hijas sobre los hombros para que echaran un vistazo por encima de las vallas de obra y descubrieran excavadoras, socavones y pilares que crecían hacia el cielo. Todo empezó como una ocurrencia y, al final, cada vez que pasábamos por allí, ellas me lo pedían insistentemente: “Aita, aupas”. Lo que no les contaba, porque todavía eran muy pequeñas para entenderlo, es que ese centro cívico del que disfrutarían poco después se estaba construyendo sobre la explotación laboral de decenas de trabajadores.

Operarios llegados de otros países y otras comunidades trabajaban de sol a sol, en turnos a veces de 11 horas. Cuando terminaban su jornada, un grupo de diez de esos trabajadores era trasladado a un piso patera en el que, algunos de ellos, dormían sobre colchones en el suelo del salón en el que habían retirado los muebles para hacer sitio.

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Cuando nieva en Madrid, nieva en España

Gran Vía en el primer día de Madrid Central

España se ha convertido en un gran informativo local de Madrid. Telediarios nacionales -y autonómicos que nada tienen que ver con Madrid- han lanzado a sus reporteros a las calles madrileñas, las radios de ámbito estatal han hecho conexiones a pie de calle, los periódicos lo llevan a sus portadas, en las redes sociales nos están contando todo al minuto. Cuando nieva en Madrid, nieva en España, se suele decir,  pero esta vez la brasa está siendo de extraordinarias proporciones.

España, un país en el que todo lo que no pase por Madrid tiene vocación de engordar las secciones de noticias provincianas graciosas, está ahora mismo envuelta en el gran debate sobre la restricción del tráfico de los vehículos privados en las ciudades. ¿España? No. Madrid, sí. Pero España, no. Salvo que seas uno de esos madrileños para los que España no es más que una especie de Madrid en versión extendida. 

Escuchar hablar, a estar alturas, sobre restricciones de tráfico, movilidad sostenible y transporte público en los términos en los que se está hablando desde Madrid suena casi entrañable desde las ciudades provincianas en las que tenemos superado este debate desde hace mucho -mucho, de verdad- tiempo.

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TripAdvisor no quiere que sepas que hay hoteles en los que se limpian habitaciones por un salario de miseria

Protesta durante la huelga de las camareras de piso de los hoteles Barceló Nervión y NH Villa de Bilbao

El pasado 10 de noviembre, Joaquín Urías se alojó en el Hotel Barceló Nervión de Bilbao. Sobre la mesilla de su habitación se encontró una carta firmada por el director del hotel José Luis Fernández:

Efectivamente, unos tapones naranjas acompañaban a la carta. Joaquín Urías sacó una foto y la publicó en Twitter: "En vez de disculparse por el ruido que causan las protestas de las trabajadoras en huelga, mejor harían en pagar un sueldo decente a las Kellys!". 

El ruido lo provocaban las camareras de piso que una semana antes habían iniciado una huelga indefinida -convocada por el sindicato ELA- y que todas las mañanas se manifiestan frente al hotel. Otro paro indefinido -también ruidoso- se está llevando a cabo en el NH Villa de Bilbao. 

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El algoritmo de Netflix nunca será el videoclub de tu barrio

En una búsqueda rápida en JustWatch compruebo que el catálogo de Netflix en España suma 2.966 títulos. En mi perfil, sin embargo, aparecen cerca de 800 títulos recomendados (y algunos de ellos repetidos). ¿Dónde están los otros dos millares de películas, series y documentales que no veo en mi aplicación? Netflix ha decidido por mí que lo más probable es que no me interesen y los guarda en un almacén oscuro a la espera de que algún gesto en mis hábitos provoque que salgan a la luz.

En este universo de hiperactividad y escasa atención que hemos creado, Netflix calcula que nuestra paciencia de búsqueda de contenidos acaba a los 90 segundos. A partir de ese momento, crecen las posibilidades de que cerremos la aplicación y nos dediquemos a otra cosa. Yo soy de la vieja escuela y, en ocasiones, pierdo el tiempo enredando de qué manera puedo conseguir que Netflix me recomiende algo diferente a lo que me recomienda cada noche. El esfuerzo, por lo general, suele ser baldío.

Hace un tiempo me enteré de que existen vías alternativas para acceder a todos los contenidos sin necesidad de intermediarios: códigos a través de su página web, extensiones del chrome… Pero apenas llego con aliento a la noche, agotado del trabajo y de todas esas exigencias cotidianas de la vida, y me desparramó en el sofá sin fuerzas para ponerme a hackear a Netflix. Así que me mezo en los inescrutables designios de su algoritmo. Como el resto del mundo. Según datos ofrecidos por Netflix, un 80% de los visionados surgen de sus recomendaciones. 

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Hola, España: Europa también era esto

Arnaldo Otegi

Esta semana el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo ha dictaminado que Arnaldo Otegi y otros cuatro dirigentes de la izquierda abertzale no tuvieron un juicio justo en la Audiencia Nacional. La sentencia destaca la “falta de imparcialidad” de la magistrada Ángela Murillo. El caso Bateragune por el que fueron condenados nunca tuvo sentido. Fueron enviados a prisión por pertenecer a ETA (y ser los ejecutores de sus órdenes dentro de la izquierda abertzale), cuando precisamente ocurría lo contrario: estaban en una pugna interna desoyendo a ETA y a quienes apoyaban la estrategia terrorista, para llevar su movimiento hacia la no violencia.

No es la primera vez que este tribunal ha alertado de las vulneraciones de derechos que ha provocado la lucha antiterrorista en España. Este mismo año, condenó a las autoridades españolas por los malos tratos que sufrieron a manos de la Guardia Civil los miembros de ETA Igor Portu y Mattin Sarasola, autores del atentado de la T4 de Barajas. En otra condena a España del año 2016 por no investigar las torturas a Xabier Beortegui, el tribunal -en la línea de otras instancias internacionales- reclamaba la mejora de la calidad de las investigaciones de los médicos forenses que atienden a las personas incomunicadas en comisaría así como la puesta en marcha de un código de conducta para los agentes policiales. Y no son las únicas condenas por el escándalo de las torturas que ha vivido EspañaUno de los casos más estremecedores analizados por Estrasburgo fue el del exdirector de Egunkaria, Martxelo Otamendi.

Las autoridades españolas también recibieron un revés a su estrategia de piruetas jurídicas para alargar las condenas de los presos de ETA. El Tribunal de Estrasburgo tumbó en 2013 la 'doctrina Parot'.

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Camareras de piso a 2,5 euros la habitación en la ciudad 'cool' de los premios MTV

Camareras de piso arreglando una habitación

Gracias a la organización de los premios MTV en Bilbao hemos recordado que la MTV fue en algún momento de su existencia una cadena de televisión dedicada a la música. Desde hace años si estás zapeando y caes por casualidad en la MTV, es muy probable que te encuentres a gente retozando en Gandía o a Mario Vaquerizo gritando “indies de mierda” en unos autos de choque, lo que no es mejor ni peor -y probablemente es más divertido-, pero música no es.

Durante mucho tiempo la MTV fue un medio que lanzaba carreras musicales, pero desde finales de los noventa el canal se convirtió en el hogar predilecto de los reallity shows locos. Como todo lo que es mainstream y pura industria del dinero, en su época dorada la MTV dio su altavoz a unos músicos y arrinconó a otros, pero fue un fenómeno musical con interés y una de las referencias de la cultura popular. Sin embargo, la marca MTV no es lo que era, y lo que queda es más parecido a una tarde con Jorge Javier que al unplugged de Nirvana. Y puestos a elegir entre Jorge Javier y la MTV, mola mucho más Jorge Javier.

Las instituciones de Bizkaia, convertidas en organizadoras de eventos internacionales -son un Live Nation con dinero público a espuertas- no han desaprovechado la ocasión de poner a Bilbao en el mapa con la versión europea de unos Premios MTV que son lo poco de música que le queda ya a la MTV. Los premios se van a celebrar este domingo como un logro más de esa clase política que ha hecho del turismo su cocaína y que ha convertido a Bilbao en la ciudad cool de los vascos y del resto del mundo mundial.

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La Ertzaintza mató a Iñigo Cabacas y el poder nunca ha querido que se haga justicia

Amigos de Cabacas aseguran que los ertzainas dispararon indiscriminadamente

"Era como si nos estuvieran fusilando", relataba Laia Caballer en el juicio por la muerte del aficionado del Athletic Iñigo Cabacas. Laia estaba en el callejón en el que Iñigo murió por el impacto de una pelota de goma lanzada por la Ertzaintza. El pelotazo le reventó la cabeza y murió pocos días después en el hospital. Laia, experimentada en primeros auxilios, fue la primera persona en atender a Iñigo en el suelo intentando taponar la herida de la cabeza con unas bufandas mientras pedía a gritos una ambulancia y llovían los proyectiles de la Ertzaintza. A un ertzaina le exigió que se identificara. "Si no quieres terminar como el del suelo, mejor que te largues de aquí", le contestó el policía.

El de Laia es el relato más estremecedor que se ha escuchado en el juicio pero no el único que confirma que la intervención policial fue indiscriminada y extremadamente violenta.Varios testigos han coincidido en que la Ertzaintza disparó las pelotas de goma "de manera horizontal, a la gente, de frente, y a dar". Según la directora general de la Academia de la Policía en Arkaute a los agentes se les enseñaba a "no disparar directo", sino "a rebote" y "no lanzar a órganos vitales ni articulaciones". Pero cualquiera que se haya pateado un poco las calles sabe que muchas veces la policía en Euskadi ha disparado las pelotas de goma sin prevenciones de ningún tipo. Esas recomendaciones son papel mojado. Y desgraciadamente es algo que ha quedado probado con este caso. Aquella noche tiraron a dar. Y mataron a Iñigo.

Esta semana el juicio ha dejado uno de los testimonios más ridículos escuchados hasta ahora. El del jefe del operativo de la Ertzaintza -conocido como Ugarteko- que dirigía la intervención policial desde la comisaría de Bilbao. Él fue quien dijo aquellas famosas y terribles palabras de "entrar con todo" para dar la orden a los ertzainas que estaban sobre el terreno. En el juicio declaró que con esa frase no quería decir que se utilizaran las escopetas. ¿Y qué si no es "entrar con todo"?Ugarteko no está acusado de nada en el juicio.

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Adopta un banquero

Pobres banqueros. No levantan cabeza. En la semana en la que algunos exdirectivos de Bankia están entrando en prisión por intentar llegar a fin de mes y ahorrar algo para el ‘black friday’, va el Tribunal Supremo y les da otro palo y sentencia que los bancos -y no los clientes- tienen que pagar los impuestos por la firma de las hipotecas. Esto empieza a ser una persecución en toda regla, pero por fortuna alguien en el Supremo se ha dado cuenta de que así se rompe España y lo ha parado todo. Que la gente se cree que la policía es tonta.

Bastante mal lo han pasado los bancos en España como para que haya que seguir con este hostigamiento injustificado a un sector tan castigado por la crisis. ¿O es que nadie recuerda que se tuvo que rescatar a los bancos en España con cerca de 54.000 millones de euros del FROB? Bien es verdad que el Estado va a perder el 75% de todo aquello (a la espera del pellizquito que llegue de la venta de Bankia), pero si hay ONGs para salvar ballenas que menos que ONGs para salvar bancos.

A la banca no la dejan en paz, como si fuera la responsable de todas las plagas babilónicas, cuando nos ha resuelto el problema de tener que guardar el dinero bajo la cama como en las viñetas de Ibañez. Sí, ahora te cobran comisiones hasta por pedir la llave del baño, pero después de que los tribunales hayan tumbado negocios tan rentables como las cláusulas suelo, de alguna forma tendrán que ganar dinero los bancos. Quizás habría que cambiarle el nombre a lo de “comisiones” porque esa palabra tiene mala fama y parece que te estén atracando en un callejón cuando en realidad te están haciendo un favor. Yo lo llamaría “aportación voluntaria para que el mundo sea un mejor lugar en el que vivir”.

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Yo quiero la clase media trabajadora que fuma Albert Rivera

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante la firma del acuerdo de presupuestos

La clase media trabajadora está en peligro. El Gobierno sociochavistaindepengolpista -¿se me olvida alguien? ¿Bin Laden? ¿la Estrella de la Muerte?- ha metido sus manos en los bolsillos de la España que madruga. Sánchez e Iglesias han decidido subir los impuestos a los españoles, ni rojos ni azules, sólo españoles y mucho españoles. Una catástrofe se avecina. ¿Cómo llegará a finales de mes la clase media trabajadora con esta confiscación fiscal?

"Sánchez-Iglesias pactan subir los impuestos a la clase media trabajadora", ha denunciado el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, tras conocerse el acuerdo presupuestario para podemizar España. Habrá quien se tome estas advertencias a la ligera, e incluso piense que Rivera vive en un país imaginario donde todos se llaman Cayetano. Pero nada más lejos de la realidad. Lo que ha ocurrido es muy grave. Si usted está leyendo esto, sepa que este sablazo fiscal le afecta. Vayamos a los datos.

Sánchez e Iglesias han decidido incrementar en un 1% el Impuesto de Patrimonio a las fortunas más de 10 millones de euros. A primera vista, 10 millones de euros de patrimonio parecen mucho dinero pero como tengas una casa en el pueblo y una colección de sellos antiguos, se te dispara la fortuna en un titá. Y, en todo caso, ¿quién quiere tener a un rico cabreado? Los ricos cuando se enfadan montan golpes de Estado o te mandan un comisario con un micrófono pegado al pecho. 

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