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Cuando Jiménez Losantos llama "hijo de Satanás" a Alfonso Alonso y Cayetana Álvarez de Toledo calla

"Será hijo de Satanás", espetó Federico Jiménez Losantos en referencia a Alfonso Alonso. Y Cayetana Álvarez de Toledo, sentada a su lado, calló. Calló otorgándolo todo. Y la altura moral que tanto exige a los demás -y al PP vasco en particular- se le cayó de los bolsillos y quedó esperando a que alguien la recoja de los estudios de esRadio

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Álvarez de Toledo ve "un grave error" que el PP vasco defienda la foralidad

Cayetana Álvarez de Toledo jugaba este jueves en casa y con el árbitro de su parte. Todos los balones eran para Cayetana y los porteros se apartaban para que marcara gol. Su destreza era aplaudida por narradores norcoreanos como si ella fuera Kim Jong Un. No recibió ni siquiera un amago de zancadilla. Fue un paseo triunfal. Este pasado jueves Cayetana Álvarez de Toledo fue entrevistada por Federico Jiménez Losantos en esRadio y Cayetana fue Cayetana. 

Durante la entrevista hubo especial ensañamiento con el PP vasco y, entre otros, con Juan Carlos Cano, el político del PP que votó por error al candidato de EH Bildu a presidir la comisión de Derechos Humanos de las Juntas Generales de Gipuzkoa. Uno de los colaboradores del programa preguntó a Álvarez de Toledo por "la actitud impresentable de ese señor" y por el expediente que Génova le había abierto y que quizás la dirección del PP estuviera intentando tapar.

Álvarez de Toledo pudo haber respondido que aquello se había sacado de quicio, que Cano se equivocó al votar y que no dejaba de ser una anécdota. Y que además Cano las había pasado canutas en Euskadi, que fue objetivo de varios comandos de ETA, y que uno de esos comandos tenía como chivato al dependiente de un comercio donde Cano y su mujer hacían la compra. Que mientras había quien caminaba cómodamente sobre mullidas moquetas, otros -como Cano- se jugaban la vida. Cayetana pudo haber concluido que no aceptaría poner en duda a uno de sus compañeros de partido perseguido por el terrorismo durante tantos años. Y que no permitiría que nadie lo llamara "impresentable". 

Pero Cayetana prefirió el silencio administrativo y se limitó a responder que ella lo único que sabía es que la dirección del PP había anunciado el expediente y desconocía lo que había pasado después.  

También fueron a por Alfonso Alonso, presidente del PP vasco, político de centroderecha, leído y pragmático, lo que en la geografía de los tertulianos de ultracentro es poco menos que trabajar en una imprenta comunista clandestina. A la portavoz del PP en el Congreso le preguntaron si no creía que la dirección nacional del PP debería haber montado una gestora en Euskadi y mandado a casa a los actuales responsables del PP vasco por sus malos resultados electorales. Ella no respondió directamente a esa pregunta pero, por lo que dijo después, da la impresión de que la gestora no iba a ser suficiente castigo. 

Cayetana afirmó que el PP vasco se había apartado de sus convicciones morales para obtener mejores resultados electorales y que el fracaso electoral en Euskadi se había producido por el acercamiento a "posiciones más tibias y de contemporización con el nacionalismo". Nadie se atrevió a aventurar que quizás el PP se la pegó en Euskadi -como en otros muchos sitios- porque sus dirigentes en Madrid estaban coqueteando con la ultraderecha. Y que quizás el PP perdió el escaño que retenía desde 1982 en Álava porque su candidato Javier Maroto -otrora ‘contemporizador’- transmutó en modo Cayetana durante la campaña electoral y el tantas veces nombrado ‘efecto Maroto’ se convirtió en ‘efecto anti-Maroto’. Sin embargo, cosas de la vida, al candidato que perdió las elecciones al Congreso, su partido le buscó una nueva vida en Sotosalbos. Al resto, los están esperando para hacerles la cama. 

Cayetana añadió sobre la intención del PP vasco de marcar un perfil propio que "si el perfil consiste en decir que la legitimidad de nuestro ordenamiento constitucional tiene zonas reservadas que se remiten a derechos históricos previos y no a la propia Constitución y a la soberanía común, me parecería un grave error". Ningún tertuliano fue capaz de recordar la disposición primera de la Constitución que ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales. Esa asignatura no se da en los cursos preparatorios de las manifestaciones de Colón. 

Pero el momento culminante del auto de fe al que fue sometido el PP vasco con la presencia destacada de Cayetana Álvarez de Toledo fue cuando un periodista de esRadio explicó que Alfonso Alonso había dicho esa mañana en la Cadena Ser que Rosa Díez era "extraordinariamente versátil", por aquello de que había pasado de atizar al PP a participar esa misma mañana en un acto del PP en el Congreso de los Diputados. 

"Será hijo de Satanás. Versátil él", espetó Federico Jiménez Losantos. Y Cayetana Álvarez de Toledo, sentada a su lado, calló. Calló otorgándolo todo. Y la altura moral que tanto exige a los demás -y al PP vasco en particular- se le cayó de los bolsillos y quedó esperando a que alguien la recoja de los estudios de esRadio. 

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