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El paro les importa una M

Si no lo he entendido mal, el mundo funciona de la siguiente manera: el gasto público en Sanidad o Educación se puede reducir a paladas y sin miramientos, pero con el paro, de 31 en 31 es más que suficiente. Mientras controles la prima de riesgo y combatas la deuda pública, puedes disfrutar tranquilo del final de la Vuelta sin que te pasen llamadas al despacho. El país que gobiernas va bien, o relativamente bien. Y aunque los supervisores internacionales -que van a pasearse por Madrid durante las próximas dos semanas- carraspeen por una decimilla incumplida en el objetivo de déficit, lo importante de verdad es mantener el rumbo. El de la Austeridad y el palo sin zanahoria. El resto puede esperar.

Pueden quedarse esperando, por ejemplo, los seis millones de parados que viven en España, un escándalo que debería hacer caer gobiernos y destruir carreras políticas, pero que lo poco que consigue es que la ministra Báñez se esconda cuando los datos son muy malos y se ofrezca ufana a los medios cuando los datos son malos a secas. Deprimente. España funciona de tal manera que, con una tasa de paro del 26% (un 10% es una catástrofe en cualquier país serio), Montoro se lanza a dar lecciones de economía al planeta Tierra y Rajoy se hace el encontradizo en los pasillos del G20 para que Obama le de una palmadita en la espalda y le diga que esta siendo un buen chico. Vivir sobrio en este país cada vez resulta más complicado.

Para otras cosas sí, pero para combatir el paro no hay hombres de negro, ni rescates, ni directores del FMI bronceados apretando las tuercas, ni cumbres europeas que mantienen al continente en vilo. Por el paro no hay llamadas de Alemania. Ni siquiera modifican la Constitución en agosto. Para reducir el desempleo, lo que tenemos en España es una televisión pública reclutando héroes anónimos para salvar parados, como si quedarse sin empleo fuera una sucesión de casualidades o una herencia genética, y no la consecuencia de haber sido gobernados por unas élites incompetentes e incultas.

Para nuestros mandatarios, el paro es un leve dolor de cabeza porque pueden seguir sonriendo todas las mañanas, y las calles tienen tráfico y se venden pipas en los quioscos y, en fin, si los tecnócratas te felicitan y tus ciudadanos no se rebelan, ¿por qué tendrías que preocuparte? Y a la mayoría de nuestros políticos (y estoy generalizando y no todos son así) el paro les importa una M porque no han estado en paro, no lo están y es muy probable que no lo estén nunca. Y cuando hablo de estar en paro no me refiero al periodo que transcurre entre que dejas un curro que te han buscado en el partido y te encuentran el siguiente; hablo de la angustia diaria de no tener trabajo.

Estas últimas semanas me ha tocado preguntar sobre el paro en varias ruedas de prensa a políticos que lideran gobiernos locales, repregunté porque se escabullían con excusas, y terminaron torciendo el gesto. Qué jodienda la del paro, hasta los periodistas te preguntan por ello. El paro para los que mandan es como esa habitación en la que se guardan los trastos: se puede seguir haciendo vida normal siempre que mantengas la puerta cerrada. Por lo demás, estamos saliendo de la crisis, los pesimistas son unos antipatriotas (casi peores que los catalanes) y la segunda ya tal.

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