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Autónomos

Regreso de un maravilloso descanso invernal en un pueblito sin cobertura (¿¿se lo pueden creer?? ¡¡Existen!!) y me dispongo a ponerme al día en la actualidad vitoriana. Soy consciente de que suele ser tipo serie de sobremesa; da igual cuántos capítulos te pierdas porque nunca pierdes el hilo. Y esta vez tampoco me equivoco. Los próceres de nuestra ciudad, es decir, nuestro alcalde y nuestro diputado general, defienden a capa y espada al portavoz de Ayudas Más (in)Justas que probó de su propia medicina y tuvo que dimitir. O sea, que dos de los máximos responsables en hacer cumplir las obligaciones con el fisco dicen que este señor sólo era un pobre autónomo que intentaba sacar adelante su negocio y al que se le ha señalado injustamente, cuando hay ladrones acechando tras las esquinas a quienes dejamos que vivan del cuento. Y a mí se me hincha la vena.

Soy autónoma desde hace cuatro años y pico y hasta el funcionario de la Seguridad Social que me atendió cuando me di de alta me dijo que era una valiente. Por aquel entonces no tenía ni idea de dónde me metía y, aunque después de estos años no soy de las autónomas que creen que todo el mundo debería pasar un tiempo por esta situación laboral (porque yo y sólo yo decidí serlo), sí coincido con muchos otros autónomos en que sinceramente creo que mis desventajas laborales se las debo en una grandísima parte a las instituciones, incluida la Hacienda foral.

Pago religiosamente mis impuestos, hago mis declaraciones trimestrales de IVA, pago mis retenciones de alquiler, de IRPF, mis pagos fraccionados, espero paciente del orden de entre cuatro y cinco meses a que Hacienda me devuelva lo que es mío de mi declaración de la renta, me pusieron un multón de narices al comienzo de mi actividad por el despiste de no incluir una factura en una de esas declaraciones trimestrales, carezco de ayudas para contratar a alguien, tardo en cobrar facturas de las que ya he pagado el IVA a veces hasta cuatro meses, si se me ocurre tener hijos, en fin, lo de la baja maternal lo veo complicado, mis vacaciones me las pago yo, es decir, que no cobro... ¿Sigo? No se equivoquen, no les cuento esto para darles pena. No me arrepiento de dedicarme a lo que me dedico pero el mundo en el que vivimos está pensado para trabajar por cuenta ajena en manos de unos cuantos empresarios. Así todo es mucho más fácil.

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¿Es una broma?

Tóquense las narices a dos manos. Estrenamos oficina de recogida de firmas para desterrar a los 'moros' ladrones y resulta que el portavoz de la bravuconada dirigida por nuestro excelentísimo alcalde tenía sus secretillos, el hombre. Vamos, que intentó hacer un apaño hace unos años o, lo que es lo mismo, su nombre apareció en reiteradas ocasiones en el Boletín Oficial, donde se le apercibía por el “cobro indebido” de la “prestación o subsidio de desempleo” así como por impagos a la Seguridad Social.

Les aseguro que cada vez que intento abordar otros temas en esta columna pasa algo que me lleva de nuevo a la hilarante a la par que repugnante campaña contra el supuesto fraude a la RGI por parte de los inmigrantes. Porque esta última anecdotilla convierte a toda esta historia en el argumento de una peli digna de los Hermanos Marx, grandes conocedores del género humano y sus entresijos.

El portavoz de esta plataforma ha dimitido en un comunicado, lo cual, por verle algo positivo a este asunto paradójico y vergonzante, le honra en un país donde hay alcaldes en la cárcel por corrupción que todavía siguen en el cargo. También puede ser que este hombre se haya parado a pensar un poco en que Vitoria no es tan grande, que para estas alturas su foto ha salido ya en varios medios de comunicación impresos, y que esta última parte de su currículo picarón para con el Inem y la Seguridad Social puede traerle problemas cuando pasee por la calle. Porque igual el hecho de que él fuera un defraudador puede que siente un poco mal tanto a sus acólitos como a quienes pensamos que esta plataforma está envenenada. Curiosamente, lo estaba desde su propio portavoz.

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Agur 2014, agur

Permítanme que me ponga un poco nostálgica. Creo que seré una de las pocas gasteiztarras (de las pocas personas en Álava… ¿igual en el mundo?) a la que le gusta la Navidad. Que sí, que no les miento. Que a mi estas fechas me encantan, quizá porque vuelven personas a las que no veo habitualmente, porque la ciudad está diferente o porque, se pongan como se pongan, hay un ambientillo en la calle distinto, diría que hasta más alegre.

Tampoco es que sea una navideña caiga quien caiga, ante todo hay que respetar al prójimo. Vamos, que no me verán persiguiéndoles con un espumillón, ni con una zambomba por la calle ni tampoco pegando codazos con la tarjeta de crédito en la boca intentando comprar compulsivamente el último paraguas que queda en la tienda. Tampoco me verán en estas fechas en un centro comercial ni seguramente en el hiper a hora punta. Porque, tienen razón los Mr. Scrooges que me rodean, esas cosas que aumentan el estrés no suelen ayudar en estas fechas que, me consta, para muchas personas son complicadas.

Sin embargo, sí me verán haciendo vino caliente, paseando por la Belén de la Florida o escuchando villancicos en el trabajo. Me verán decorando el pino de Navidad (artificial, por supuesto) y tomando algo con esa persona que vive fuera y a la que tengo tantas cosas que contar. Y, aunque no soy de las que hace listas de buenos propósitos que nunca se cumplen (una ya se va conociendo), si suelo charlar en comidas y cenas de todo lo que ha ocurrido durante el año.

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La letra escarlata

Ocurrió hace unos días. Caminaba en buena compañía por el centro de Vitoria en busca de uno de los primeros regalos navideños. Una exposición de fotos callejera en la plaza General Loma llamo nuestra atención y nos acercamos a curiosear. Eran instantáneas de gran formato sobre la Rioja Alavesa. Racimos, copas de vino, gente brindando... La belleza del sur alavés en un laberinto de imágenes.  La mirada se me fue a uno de los paneles. Una foto de un rostro tapado con un folio blanco. Fuimos hacia ella pensando que seria algún aviso de la organización de la muestra, para cambiarla, retirarla por un error de impresión del texto, no sé, algo ajeno a la imagen. 

Delante del panel me di cuenta de que la foto era la cara de una chica árabe con un pañuelo cubriéndole el pelo. El folio que tapaba su rostro había sido pegado con un cello a la altura de la frente, de tal forma que solo se le distinguía el ovalo de la cara, el pañuelo, la barbilla y los hombros. El papel era una fotocopia de un artículo de un periódico y algo que parecía un recibo de un banco o una caja. Algunas partes del texto que contenía habían sido subrayadas con uno de esos rotuladores de color amarillo fluorescente que uno usa para destacar cosas importantes.

Giré la cabeza hacia la derecha para leer el contenido del papel. El recorte de periódico hablaba sobre el fraude de las RGI a cuenta de los inmigrantes y el recibo del banco era un pago superior a 2.000 euros emitido por una entidad pública al titular, cuyo nombre y apellidos árabes aparecían destacados con ese amarillo chillón. Nos miramos un segundo, como no queriendo darnos cuenta de la intencionalidad perversa que encerraba ese papel.

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Baldosas sueltas (en Vitoria)

Le agradezco a mi colega bizkaitarra Carlos Gorostiza que me haya inspirado con el bautizo de su columna en este medio para la mía esta semana. Iba a hablarles de la prórroga presupuestaria pero, qué quieren que les diga, ya tendremos unos cuantos meses de brasa electoral y en ambas instituciones me da a mi que la proximidad de los comicios ha sido la razón que nos ha dejado en bragas económicas para los próximos meses. Déjenme apuntar no obstante que es curiosa la reflexión de los partidos de la oposición a la hora de no lanzarse a pactar un presupuesto con unas elecciones en ciernes. Todos piensan a título individual que van a ser ellos los próximos y flamantes ganadores… Me pregunto quién será su psicólogo porque, sin duda, hace un buen trabajo de empoderamiento.

En fin, el asunto que me ocupa es mucho más prosaico, por tanto, pero me consta que inquieta a muchos ciudadanos. Por fin ha llegado el frío que se resistía a helarnos el cogote y, con él, las lluvias torrenciales que convierten a la parte embaldosada de la ciudad en un campo de minas esperando a alegrarnos el paseo. Leticia Comerón, concejala de Espacio Público y Tecnologías de la Información del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz tenía razón al convertir la calle San Prudencio en una pista de aterrizaje: bien mirado, ahí ya no tendremos problemas viandantes al desaparecer el revestimiento perverso y susceptible de llenarse de agua sucia y helada.

Esa baldosa suelta que acecha, que no entiende de barrios ricos ni pobres (aunque quienes gobiernan la ciudad sí se den más prisa en arreglarla en función de si está en la calle Dato o en Zaramaga), nuevos ni viejos, que observa al peatón que se acerca y le espera paciente con una maléfica sonrisa en el cemento quebrado para ¡zasca!, chirriarle hasta el tuétano el pantalón, el calcetín, el pie y, si es mujer y lleva medias y falda, pues todo lo demás. Esa baldosa cuyas víctimas son especialmente los viandantes que vamos con prisa a todos los sitios, comiéndonos a zancadas las calles de la ciudad. Esa baldosa que no conoce la piedad, vayas al trabajo, a hacer la compra, de poteo o a esa tienda que está a punto de cerrar. Esa baldosa que escanea los abrigos blancos, los pantalones beige y los leotardos claros y que atrae con su encanto sibilino al paseante distraído para arruinarle el día.

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Vitoria de altos vuelos

Pero qué foto más bonita se han sacado nuestros máximos dirigentes para escenificar su compromiso con nuestro maltrecho aeropuerto de Foronda. ¿Han visto? Aznar inició la moda de plantarse delante de una cámara para hacer trascender su acción al significado de la foto con aquel entrañable posado en las Azores y aquí al lado el Ayuntamiento, la Diputación y el Gobierno vasco han hecho lo propio. Que no se diga hombre. ¿Dirían ‘patata’ para que quedara más alavés? ¿O ‘cheese’, que queda más chic?

Foronda es desde hace muchos años el David que lucha contra Goliat una y otra vez. De la última batalla salió maltrecho, pudiendo sólo funcionar de noche. Pese a demostrar con creces que es aeropuerto de carga preferido en el norte por decenas de empresas (ahí están las cifras), unos y otros le han ido amputando funciones y, al mismo tiempo, probando en él parches más mediáticos que realmente efectivos.

En esa impactante foto tenemos al PP, cuyo Gobierno central ha sido el encargado de dar el toque de gracia al aeropuerto, limitando su horario de apertura, cerrándolo definitivamente al tráfico de pasajeros y eliminando el famoso PIF (punto de inspección fronteriza) que permitía la fiscalización obligatoria sobre los productos procedentes de países terceros y que constituía una de las grandes bazas para nuestro pequeño pero estratégico aeropuerto. Atrás quedaba aquella imagen que anunciaba la inauguración de Foronda y que mostraba un huevo del que salía el mismísimo Concorde. O aquellas noticias que hablaban del aterrizaje del Antonov 225, el avión más grande del mundo, cargado de ordenadores un día y merluzas otro.

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Paraíso al sur de Vitoria

Menudo pochocho que se ha montado a cuenta de los Montes de Vitoria. Resulta que varios colectivos de expertos y profesionales de temas ambientales han perdido la paciencia ante la ambigüedad del Gobierno vasco respecto a sus intenciones para con este enclave y se han unido en una plataforma social para defender su declaración como Parque Natural. SEO Birdlife Euskadi, el Instituto Alavés de la Naturaleza, Mendiak Aske y la Federación Alavesa de Montaña han pegado un puñetazo en la mesa para exigir una protección como dios manda y no la milonga que está vendiendo el ejecutivo autonómico que, entre otras cosas, facilitaría enormemente la explotación de esta zona con el bendito fracking. 

Los Montes de Vitoria siempre han tenido muchas novias. Su ubicación justo en mitad de los ecosistemas atlántico y mediterráneo los convierten en un paraíso con el que han soñado políticos y urbanistas. En general, en el ADN político no hay una vocación de trabajo a largo plazo sino más bien un aquí te pillo aquí te mato. Así que los temas ambientales suelen salir especialmente perjudicados con esta filosofía del carpe diem.

En mis tiempos periodísticos recuerdo que la Caja Vital planeaba en la sombra la construcción de viviendas de lujo. El emplazamiento se enfrentaba a problemas de inundaciones parecidos a los que ha sufrido Astegieta durante años pero ni al entonces presidente de la entidad, Gregorio Rojo, ni a los arquitectos que idearon aquella aberración pareció importarles mucho, embelesados como estaban imaginándose seguramente a ellos mismos y a sus colegas abriendo la ventana de su futuro dormitorio en calzoncillos y respirando el aire puro del sur de Vitoria. Descartada aquella opción, curiosamente el PP municipal, poco conocido en el Estado por sus gestas ambientales pero acérrimo defensor en Gasteiz del patrimonio ambiental del municipio, se convirtió en el caballero de brillante armadura que intento proteger la zona frente a las pretensiones autonómicas. 

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Dejad que los turistas se acerquen a Gasteiz

¿Es una impresión mía o últimamente Vitoria está llena de turistas plano en mano? Dice idoia Garmendia que Vitoria ha experimentado una subida de turistas sin parangón en los últimos años. Y dice Isabel Martinez que nanai de las chinas. Al margen de esta pelea de gatas, parece que todos los granitos de arena que se han ido poniendo están dando sus frutos.

Llegué a esta ciudad hace 14 años y no sé si para los VTV estaré en lo cierto pero Vitoria ha cambiado y mucho. Para bien, menos mal. Por aquel entonces, anécdota verídica, quien preguntaba por Gasteiz en nuestras capitales vecinas (y tradicionales 'enemigas' en muchos asuntos, también el turístico) recibían por respuesta un "allí no hay nada que ver señora”.

Obviamente, esta percepción externa aumentaba el complejo vitoriano de capital artificial y empujaba a sus gobernantes a buscar un proyectazo estratégico que bañara su ego y se convirtiera en el cáliz capaz de atraer a miles de turistas allende nuestras fronteras. Nos vendían en plan oráculo que los visitantes dejarían aquí  sus chines y el agujero económico se cerraría sin darnos cuenta. Así tuvimos, por ejemplo, un Artium, ¿se acuerdan?  Ese museo que sirvió para calmar el ego de un arquitecto y que a ratos agoniza en la calle Francia sin que nadie se entere. Porque, al contrario de lo que nos contaron, no funciona solo, bien lo sabe el equipo que intenta sacarlo adelante a diario. Y a punto estuvimos también de tener un auditorio. Menos mal que logramos zafarnos del proyecto en sí y de quien lo propició porque hubiera sido nuestra ruina.

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3 de Marzo: Memoria selectiva

El parlamentario del PP, Iñaki Oyarzabal, opina que la jueza argentina Maria Servini quiere convertir el 3 de marzo en un caso sumarísimo, mediático y circense. ¿A santo de qué viene ahora esta señora pidiendo a la Interpol que detenga a ocho ministros de la época franquista, Martín Villa entre ellos? Pobres abuelitos…. ¿Qué necesidad hay de remover el pasado?, se pregunta Oyarzabal. Que ya ha pasado mucho tiempo hombre, ¿es que todavía no lo habéis superado?, parece inquirir a las familias de las victimas entre líneas... Ante la avalancha de críticas, el popular se apresuró enseguida a reprobar todo tipo de terrorismo en las redes sociales, que suele ser la boca por donde muere el pez.

A veces me sorprende la escasa empatía que tienen nuestros representantes con algunos asuntos, sobre todo los que pueden perjudicar su imagen, coincidencias de la vida. No sé si es que hablan tanto todos los días que están más expuestos a meter la pata o simplemente que hay temas que les importan tan poco que se permiten el lujo de soltar perlas de esas que te dan vergüenza ajena en cuanto las lees. Los sucesos del 3 de marzo fueron uno de los primeros capítulos de la historia más negra de Vitoria (y del país) que me explicaron con detalle mis compañeros de la emisora cuando vine a trabajar esta ciudad. Con el paso de los años conocí a personas que estuvieron en aquella iglesia, que vieron la carga policial desde sus ventanas, que vieron también morir a las víctimas. Su relato es el de quienes sabían que se cometió una barbaridad injusta que quizá nunca sería aclarada y de la que sus responsables nunca responderían. Entre otras cosas porque alguno ha fallecido y no a manos de un gris.

Dice ahora Oyarzabal que aquella carga policial fue la respuesta de un grupo de policías que se vieron acorralados. Quienes les acorralaban eran civiles reunidos en una asamblea, sin armas y sin el respaldo impune de un gobierno todavía franquista. Así que fue sencillo dar una orden desde un sillón y salir del caos a tiro limpio, llevándose por delante la vida de cinco ciudadanos como usted y como yo. La gestión de aquel crimen ya instalada la democracia fue patética. Como es patético ver a las familias de fusilados de la Guerra Civil intentando componer el esqueleto de sus padres, tíos o abuelos en una fosa común, mientras hay a quienes les parece una pérdida de tiempo calificar esas muertes como terrorismo de estado.

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La pesadilla de la tortilla

… “Belakortu se despertó en mitad de la noche, el corazón palpitante y el rostro sudoroso… La pesadilla había vuelto. Hacía días que no le pasaba pero sus peores temores regresaban a algún lugar de su mente que se manifestaba en mitad de la noche en forma de horribles sueños… El aceite que usaron no era alavés… ¡¡Era de Córdoba!!”.

Que levante la mano el/la que esté hasta el moño de leer noticias sobre el timo de la tortilla de patatas más grande del mundo en el que se vio inmersa nuestra querida ciudad “para ponerla en el mapa”, como le gusta decir al equipo de gobierno. Que digo yo que igual se pensaban que alguien iba a sacar una foto aérea en la que se viera Vitoria con un sartenón enorme en el centro para incluirla en los próximos atlas del mundo…

Quienes más caña están metiendo en este asunto son los concejales de EH Bildu. En parte, supongo, por oportunismo electoral; es el mejor momento de sacudir al equipo de Maroto por todos los sitios posibles. Y en parte porque, qué quieren que les diga, el ejecutivo municipal no deja de dar motivos para sacudirle.

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