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“Nos asustamos con las estadísticas, pero no cuestionamos los modelos de relación”

Patricia Burgo Muñoz

El 23 de Mayo fue asesinada Amagoia Elezkano Cordón en Llodio. Tenía 26 años. Así aparece en el portal de Emakunde, el Instituto Vasco de la Mujer, el único asesinato por violencia machista que se ha producido en Euskadi en lo que va de 2013. Amagoia tenía su vida, sus sueños, sus aspiraciones. Y Amagoia no puede convertirse en una única cifra. La cifra de la vergüenza de la violencia machista. Un número que demuestra, con dolor y violencia, que todavía queda mucho por avanzar para vivir en una sociedad equitativa.

Los datos del primer semestre de 2013 dejan la cifra más temida: una muerte. Pero la violencia de género supone otras muchas situaciones que las instituciones denominan ‘victimización’. Pueden ser además de maltrato físico, ataques contra la libertad sexual, acoso, agresiones verbales o maltrato psicológico. Situaciones que en demasiadas ocasiones pueden pasar desapercibidas e incluso se entienden como normales en las relaciones interpersonales. “Nos asustamos con las estadísticas, pero ¿qué se ha hecho en el campo de las relaciones afectivas?” se pregunta Norma Vázquez, psicóloga, terapeuta y especialista en temas de violencia machista.

Entre enero y junio se han registrado en Euskadi 2.421 casos de victimización, y estas cifras revelan otro dato preocupante: el 35,5% se producen entre mujeres que se encuentran en la franja de la minoría de edad y los 30 años. Amagoia tenía 26 años cuando murió a manos de su pareja, no había denuncias previas.

Entre las menores de 18 años, el mayor aumento, nada menos que un 90% en los últimos seis meses, se ha producido en los casos contra la libertad sexual. Ante estos datos que pueden resultar alarmantes, los expertos coinciden en que “la juventud puede haber avanzado en igualdad de oportunidades, pero en cuanto a las relaciones afectivas y sexuales no hay un convencimiento de que hay que cambiar los roles establecidos” advierte Vázquez. En este mismo sentido se expresa Ritxar Bacete, militante de hombres por la igualdad y uno de los responsables de Gizonduz, una iniciativa impulsada por Emakunde que promueve la implicación de los hombres en materia de igualdad. Bacete opina que los jóvenes reciben un mensaje distorsionado, “creen que la igualdad está lograda porque los adultos se lo decimos así, pero no es cierto, en el modelo de referencia que reciben no se percibe por ejemplo una corresponsabilidad en las tareas”.

“Se puede salir de la violencia”

El papel de los medios de comunicación ante la violencia de género es también muy discutido por los expertos. “Si solo llegamos a las mujeres con el mensaje del número de muertes, no les damos la esperanza que necesitan para salir. Por supuesto que hay que informar de cada muerte, pero también hay que demostrar que las mujeres están dando pasos, se están organizando y logran salir de la violencia”, afirma Norma Vázquez.

Además la psicóloga advierte de que es toda la sociedad la que tiene que hacerse cargo de una lacra que no afecta solo a las mujeres. Para ello la implicación de los hombres se hace imprescindible. Gizonduz sirve como herramienta para canalizar esta implicación, “los hombres podemos cambiar”, afirma rotundamente Ritxar Bacete. Por los cursos que ofrece el programa dependiente de Emakunde han pasado ya casi 4.000 hombres, “pocos vienen voluntariamente”, reconoce Bacete, “hay que ir a por ellos, a empresas, sindicatos…, pero luego se muestran receptivos”. Lo más difícil de conseguir es que asuman que la igualdad supone para ellos la pérdida de ciertos beneficios adquiridos tradicionalmente y que se resisten a dejar.

El punto lila es hoy el símbolo que desde las instituciones busca la implicación de toda la sociedad porque tal y como recuerdan desde Emakunde ésta “ reproduce estereotipos sexistas y luchar contra ellos requiere de un trabajo integral en el que debe estar implicada toda la sociedad, porque para el Instituto vasco de la mujer ”la movilización social y el cambio de mentalidades y valores son indispensables para acabar con la violencia de género, el símbolo más brutal de la desigualdad entre mujeres y hombres“.

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