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Mapa de campos de concentración y del sistema penitenciario en Cantabria durante el franquismo

En el mapa se ha representado el sistema concentracionario franquista, que esencialmente estaba compuesto por campos de concentración, hospitales de prisioneros, comisiones de clasificación y batallones de trabajadores. También se han incluido los centros penitenciarios que estuvieron activos de forma paralela, en los que acababan los prisioneros pendientes de ser juzgados, los que estaban pendientes de ser fusilados o los que ya habían sido condenados. Además, se han representado los destacamentos penales, los talleres penitenciarios y destacamentos de regiones devastadas creados tras la disolución de los batallones de trabajadores y en los que se condenaba a trabajos forzados a la población penitenciaria.

No hemos podido situar, por la falta de información suficiente y fiable, la multitud de centros de detención, la mayor parte de ellos gestionados por Falange, en los que se detenía y castigaba a la población civil sospechosa de no ser afín al régimen o de apoyar a los emboscados. También faltarían algunos campos provisionales que tuvieron una corta duración y que desaparecieron con el avance del frente. 

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El relato de los supervivientes de los campos de concentración franquistas: "Comíamos hierba igual que las vacas"

Un grupo de prisioneros en un lavadero. | REVISTA NUEVA ESPAÑA

El progresivo desmoronamiento del Frente Norte durante la Guerra Civil condujo a una situación caótica para la situación de los prisioneros. Santander, Santoña, Laredo, Castro Urdiales y Torrelavega se convirtieron en grandes prisiones por las que pasaron decenas de miles de soldados republicanos a la espera de su clasificación para ser destinados al ejército, ser utilizados como mano de obra forzada, ser enviados a prisión o, directamente, ser "paseados".

Se aprovecharon todos los grandes edificios para encerrarlos sin tener en cuenta las condiciones de habitabilidad. Lo fundamental era que los muros pudieran contener en su interior un elevadísimo número de prisioneros. Dormían en el suelo en grandes salas, sin apenas espacio para darse la vuelta, vestidos y, en el mejor de los casos, sobre una manta. Por la noche permanecían encerrados sin acceso a las letrinas, haciendo sus necesidades en recipientes improvisados en la misma estancia. En otros casos, como el de los recluidos en la Plaza de Toros de Santander, tuvieron que dormir durante semanas sentados a la intemperie, lloviera o no, a la espera de su traslado.

La concentración de prisioneros llegó hasta tal punto que fue necesario redistribuirlos por otros campos. Los enviados a Santoña o Bilbao viajaron en las bodegas de barcos cargueros, mientras que al resto se le transportó en vagones de mercancías. Con esto se conseguía un objetivo secundario, alejarlos de sus familias.

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La esclavización laboral de los prisioneros bajo el franquismo: los Batallones de Trabajadores

Taller de reparación de coches a cargo de prisioneros de guerra. | REVISTA NUEVA ESPAÑA

Es en este punto donde se manifiesta uno de los objetivos fundamentales del sistema de campos de concentración durante la Guerra Civil y el franquismo: el empleo de una parte de los prisioneros de guerra como mano de obra forzosa, su concepto de recurso económico. De hecho, su enunciado legal, decretado por el General Franco, corre casi paralelo al de la oficialización de los campos, siendo incluso anterior, de junio de 1937.

Como formulación general constituye lo que se ha dado en llamar utilitarismo punitivo: el aprovechamiento militar y la rentabilidad económica y política de los recluidos. Casi un 90% de las personas clasificadas lo fueron en grupos destinados o al frente bélico o a los Batallones de Trabajadores. En suma, es la utilización final del prisionero la que dota al planteamiento concentracionario de su verdadero sentido.

Destino de los prisioneros clasificados en 1938.

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Trabajos forzados, hacinamiento, hambre y muerte: la institucionalización del horror en los campos de concentración franquistas

Campo de concentración de La Magdalena, en Santander, en el año 1938. | REVISTA NUEVA ESPAÑA

Una vez finalizada la II Guerra Mundial, en la segunda mitad del siglo XX, se generalizó entre la población mundial el conocimiento de los campos de concentración y su pavorosa realidad. A partir de entonces, su sola evocación causa un estremecimiento, un sentimiento de horror que tiene que ver fundamentalmente con el desprecio de las vidas humanas. Víctimas que lo son por quiénes eran y a las que sus verdugos privaron de su razón de ser, del sentido de la existencia. Los nazis lo expresaron como «vidas indignas de ser vividas». El rostro del mal.

Hasta tiempos relativamente recientes, la presencia de campos de concentración en la España de la Guerra Civil y la Postguerra ha sido un hecho generalmente desconocido, condenado a la desmemoria. Aunque con distinta caracterización, profusión, intencionalidad y resultados, su existencia fue un asunto común al bando franquista y al republicano mientras duró la contienda.

Las penurias, el miedo, la enfermedad y la muerte formaban parte del día a día de los campos de concentración que operaron en España entre 1936 y 1947. Sin embargo, su finalidad no radicaba en el asesinato sistemático de sus ocupantes, por lo que no hay que confundirlos con campos de exterminio. El objetivo de estos últimos era la aniquilación sistemática, el genocidio, habitualmente de judíos, gitanos, homosexuales, comunistas, rojos españoles, etcétera. (ahí está el recuerdo de los campos nazis de Auschwitz, Treblinka, Jasenovac, Belzec...). En todo caso, más allá de su dimensión física, los campos de concentración configuran espacios históricos y simbólicos para las generaciones posteriores a su existencia.

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Cuando España era una inmensa prisión: el avance de las tropas franquistas dejó un reguero de campos de concentración

Celebración del 18 de julio en la Prisión de Tabacalera en Santander, donde se hacinaban 4.000 presos.

Con la sublevación militar en marcha a partir del día 17 de julio de 1936, el territorio peninsular español quedó dividido en dos partes a medida que fueron decantándose los lugares que se mantuvieron fieles a la República y aquellos en los que triunfó el alzamiento militar golpista.

A su vez, aquel que permaneció en manos republicanas también quedó partido y sin posibilidades de comunicación por tierra, dado que el espacio que conformaban las provincias de Guipúzcoa, Vizcaya, Cantabria (entonces Santander) y Asturias en la franja septentrional resultó aislado del resto de las áreas leales al gobierno legítimo.

Por su parte, en este contexto, la ciudad de Oviedo, al triunfar allí la rebelión militar al mando del Coronel Aranda, igualmente se transformó en una solitaria isla dentro del territorio republicano del norte, que soportaría durante meses el acoso de las milicias asturianas afines a la República hasta que tropas rebeldes llegadas desde Galicia pudieron romper el cerco.

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Los españoles tras el mito de la Liberación de Francia: ¿Un olvido interesado?

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El cántabro Julio Vázquez en el Campo de Barcarés. | DESMEMORIADOS

Combatientes españoles en Francia. Verano de 1939. Abajo, a la derecha, sin camisa, Julio Vázquez, nacido en 1917 en Obregón, (Villaescusa, Cantabria). Militante comunista histórico. Se alistó voluntario en el ejército de la República, combatió en el Frente Norte, fue evacuado tras la caída y se hizo tanquista en Cataluña, pasó a Francia y fue recluido en el Campo de Barcarés, donde se tomó esta foto. De allí salió acompañado de paisanos de Villaescusa y del valle de Cayón y posteriormente se incorporó al Maquis en la Gran Combe. Fue detenido y deportado a España.

Este pasado mes de agosto se han cumplido 80 años de varios acontecimientos que revisten el carácter de históricos, algo que a veces se otorga con exceso de rapidez cuando no con elevadas dosis de frivolidad. El 1 de abril hizo 80 años del último parte de nuestra Guerra Civil. Este 1 de septiembre es el mismo aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial. La relación entre ambas, usando solo criterios académicos es muy difícil de negar. En España, la paz oficial se veía a diario acompañada de cientos de ejecuciones que causaron decenas de miles de víctimas en el siguiente cuarto de siglo. En ese mes de agosto de 1939, el fusilamiento de las jóvenes republicanas conocidas como las Trece Rosas señala una de las cuentas de ese funesto rosario. En Francia, varios miles de españoles, como Julio Vázquez, estaban a punto de empuñar de nuevo las armas.

También en agosto de 1939, a partir del envío de una carta de Albert Einstein al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, tuvo su génesis el Proyecto Manhattan, que conduciría, el 16 de julio de 1945, al primer ensayo nuclear en Alamogordo, Nuevo México. Un mes más tarde, después de los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki, se rindió Japón. Seis años de destrucciones, locuras y crueldades que parecían ya lejos del momento evolutivo de la humanidad.

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Emigdio Salvarrey, el patrón de barco que combatió el fascismo desde un campo de concentración

Carné de Emigdio Salvarrey como miembro de la Unión Nacional Española. |

Emigdio Salvarrey no sospechaba a principios de 1936, cuando trabajaba de patrón de barco en Castro Urdiales, que la Historia con mayúsculas le arrastraría con su familia hasta la Bretaña francesa. Le tocó pelear en el Frente Norte contra las tropas franquistas, pasar con su familia y su barco a Francia tras la caída de Asturias, combatir de nuevo en Cataluña en las baterías antiaéreas y terminar en los campos de concentración franceses, inicialmente en Argeles-sur-Mer y más tarde en Rennes, capital de la región de Bretaña, donde fue utilizado como mano de obra forzosa por el Gobierno francés y, tras la ocupación alemana, la organización Todt. Este carnet, fechado en octubre de 1944, después de la liberación de Rennes por las tropas aliadas, nos habla de la participación de Emigdio en el Maquis, dentro de la Unión Nacional Española (UNE).

La UNE fue una organización impulsada en el año 1942 por el Partido Comunista de España (PCE) con la intención de agrupar a la mayor cantidad posible de fuerzas opositoras para derrocar al régimen de Franco. Es decir, aglutinar y coordinar en una sola organización desde los anarquistas de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), hasta partidos conservadores y monárquicos y sectores católicos opuestos a la dictadura establecida en España, ampliando de esta manera el arco de fuerzas que habían luchado en defensa de la II República.

La situación de los militantes comunistas en Francia era muy complicada, ya que el PCE fue ilegalizado el 6 de septiembre de 1939, tras conocerse el Pacto Germano-Soviético de no agresión. A pesar de esto, desde finales de 1940 comenzaron la tarea de reorganizar el partido en una situación que no podía ser más crítica: aislados de la dirección (instalada en estos momentos entre la URSS y distintos países del continente americano) y en una Francia dividida tras la invasión alemana en mayo de 1940.

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Un conflicto representativo de su tiempo: contexto y referencias de las huelgas de Las Forjas de Buelna

Notas

[1] Gutiérrez, C y Santoveña, A. (2000) U.G.T. en Cantabria (1888-1937). Santander. Universidad de Cantabria p. 173

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La batalla por la opinión pública en el conflicto de Las Forjas de Buelna: el debate sobre la política empresarial y las estrategias paternalistas

Fragmento de la portada del diario El Cantábrico, que recoge distintos momentos de la inauguración de un monumento en Los Corrales al fundador de Las Forjas de Buelna, José María Quijano.

Los medios de comunicación juegan un papel esencial a la hora de decantar el favor de la opinión pública hacia las posiciones que se establecen en torno a un enfrentamiento de naturaleza política, laboral o social. En el caso de la huelga en Las Forjas de Buelna, la prensa de la provincia de Santander desempeñó un papel fundamental, comprobable en las distintas fases en las que se desarrolló el conflicto entre 1919 y 1921. Los escritos remitidos por una de las partes eran contestados por la otra refutando hechos, datos y planteamientos. Los actores eran pues conocedores de la importancia de ganar la batalla de lo publicado.

Así, veinte días antes de desatarse las hostilidades en Las Forjas, el 10 de junio de 1919, sorprendía en la prensa cántabra [1] un escrito remitido por la Junta Directiva de la Asociación de los empleados y obreros de las Forjas de Los Corrales de Buelna desmintiendo las acusaciones que había realizado Avelino Zorrilla de la Maza -que fue senador por la provincia de Santander durante tres legislaturas, comprendidas entre 1911 y 1920- en un mitin celebrado el 8 de junio de 1919 en el Círculo liberal-conservador, y que aseguraban que "en este pueblo de Los Corrales existe un Economato, que más que para otra cosa, parece establecido con tendencias a la usura y no con el fin de mejorar la situación de los obreros".

A la luz de los acontecimientos posteriores adquiere sentido cómo los rectores de la Asociación de empleados y obreros, que no eran otros que los representantes de los patrones de la empresa, salieran rápidamente a desmentir las palabras del senador. Se expone cómo se constituía el capital social de la Cooperativa y la contribución al mismo por parte de la Sociedad:

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Solidaridad obrera, corporativismo empresarial y mediación institucional: el conflicto sostenido en Las Forjas de Buelna

Vista aérea de las fábricas de Las Forjas de Buelna. |

La reanudación de la actividad laboral en Las Forjas de Buelna en octubre de 1919, después de más de tres meses y medio de huelga, se acordó difiriendo un punto de discrepancia de las bases suscritas entre empresa y trabajadores a un laudo que debería ser dictaminado por el Instituto de Reformas Sociales. El sentido del mismo, confirmando la no obligación de readmitir a los diez obreros despedidos, no puso el razonable punto final a la misma.

Lejos de esto y sin cejar en la reivindicación de su reingreso en las factorías corraliegas, se registró un periodo de marcada conflictividad laboral inserto en el marco general de la lucha de la clase obrera por la mejora de sus derechos y condiciones laborales y salariales, afectando a diferentes ámbitos geográficos y de actividad.

Buena muestra de ello son los acontecimientos iniciados en el mes de diciembre de 1919, cuando comenzó en Santander una huelga de obreros de la construcción que se prolongaría hasta junio de 1920. El ambiente laboral y social estaba tenso en la ciudad, por lo que bastaba algún incidente aislado para que la situación escalara. Así sucedió el 1 de febrero de dicho año. En el céntrico café Royalty -en la calle de la Ribera, hoy Calvo Sotelo, junto al edificio que albergaba a la Delegación de Hacienda, Aduana y Gobierno civil- se produjo un incidente entre unos camareros del local y un grupo de obreros encabezado por Pedro Vergara, presidente accidental de la Federación local de Sociedades Obreras, que acabó con un enfrentamiento con la policía y la detención del citado dirigente. Al día siguiente se convocó una huelga general en toda la provincia.

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