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El barriuco: ¿Qué fue del Sardinero de Toda la Vida?

Imagen tomada desde los Jardines de Piquío de Santander a mediados del siglo pasado. | Colección Agustín Macías González - DESMEMORIADOS

La fotografía que encabeza este artículo está tomada desde los Jardines de Piquío a mediados del siglo pasado. Sin lugar a dudas sorprende la casi total ausencia de viviendas unifamiliares y mucho menos de urbanizaciones.

Lamentablemente no poseemos ninguna foto de Cueto y sus barrios: La Rochela, El Recial, el barrio de la Iglesia... donde sus gentes se dedicaban al campo, a la ganadería, a la albañilería o las conocidas como "burreras" que vendían en el mercado, los productos que cultivaban en sus huertas.

Como de todos es conocido, la zona del Sardinero se transformó a partir del último tercio del siglo XIX. Los denominados "baños de ola" atrajeron tanto a monarcas como a cortesanos, lo que conllevó la construcción de paseos y caminos que les acercara a las playas. Como no podía ser de otra manera, sectores de la burguesía local adquirieron terrenos y construyeron chalets y palacetes donde dar cobijo a tan "ilustres" visitantes.

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La caída del 1968: comunistas y católicos en el origen de las Comisiones Obreras

Concentración el 1º de mayo de 1969 a la puerta de la Prisión Provincial de Santander. | DESMEMORIADOS

Terminada la Guerra Civil, la dictadura franquista necesitaba de forma urgente normalizar la actividad económica para asegurar la consolidación del Régimen por medio del control y sometimiento del movimiento obrero. Así lo expresaba el ministro de Trabajo, José Antonio Girón, en 1951: "Que de todos los esfuerzos realizados por el Régimen, incluyendo los más visibles y espectaculares a favor de la clase trabajadora, ninguno tan fatigoso, ninguno tan difícil como barrer la niebla en que las mentalidades de los trabajadores estaban sumidas".

Este esfuerzo se materializó a través del encuadramiento obligatorio y jerárquico de empresarios y trabajadores en el sindicato vertical, intentando encauzar el descontento dentro del ordenamiento franquista. La conflictividad laboral fue considerada como un delito de lesa patria y la lucha de clases un tabú en el imaginario patrio. En este periodo las relaciones laborales (salario y condiciones de trabajo) fueron reguladas a golpe de decreto por el Estado.

La crisis de gobierno de 1956 fue la evidencia del fracaso económico de la autarquía. Franco incorporó a los tecnócratas del Opus Dei, con la misión de integrar la economía española en la Europa capitalista y aumentar la productividad industrial. Dentro de las reformas legales que se introdujeron se aprobó en 1958 la Ley de Convenios Colectivos, que autorizó a los empresarios y los representantes de los trabajadores a negociar las condiciones laborales y los salarios en el seno del sindicato vertical, intentando recluir la conflictividad en la empresa y mejorar la productividad.  Poco después se modificó la Ley de Orden Público que rebajó a la consideración de delito grave los paros colectivos de trabajo. Las primeras elecciones sindicales bajo esta nueva coyuntura se celebraron en 1960.

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Un gol a la dictadura: los brazaletes negros del Racing

Cromos de un álbum de la Liga de Primera División en la temporada 1975-1976. | DESMEMORIADOS

"Enterado". De ese modo, con esa expresión tan críptica y a la vez tan eufemística, el dictador Francisco Franco rubricaba con mano firme y gesto inalterable las sentencias de muerte que, durante todos los años en el poder, se depositaban en la mesa de su despacho del Palacio de El Pardo.

Y aunque la costumbre de matar era un hecho consuetudinario durante el régimen fascista desde la guerra civil, haciendo de todo el territorio español un tremendo pudridero, como ya constataba el poeta Ángel González en 1962 en el poema titulado 'Elegido por aclamación'  (inmensa mayoría de cadáveres / le dio el mando total del cementerio), fueron las condenas y ejecuciones que desplegó el Régimen en los años finales de su existencia los que despertaron al mundo a una realidad, como la española, convenientemente adormecida hasta entonces, en un escenario de guerra fría, por intereses geoestratégicos y económicos de los principales países del Occidente capitalista.

En ese contexto, el 3 de diciembre de 1970, en una Europa que presumía de avanzada pero que mantenía en el sur del continente a tres dictaduras militares, la de los Coroneles en Grecia, la del "Estado Novo" de Salazar en Portugal y la de Franco en España, se inició en este país y bajo el régimen mencionado, en un intento de la dictadura por efectuar una demostración de poder, a la par que situaba en el banquillo al independentismo vasco, lo que se dio en llamar Proceso de Burgos o Consejo de Guerra de Burgos.

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La 'battaglia' de Santander y la rendición de los batallones vascos

Per visitare l’ossario rivolgersi al guardiano nella casa di fronte. Así recuerdo el cartel que figuraba a la entrada del cementerio de los italianos en el Puerto del Escudo. Seguramente mi primer texto en italiano. Una señal inequívoca de que la guerra había pasado por allí. Excursiones del colegio, alguna parada en los viajes a Burgos… un accidente tremendo de familiares de los allí enterrados que visitaban el cementerio en  los años 70...

En agosto de 1937 la toma de Santander fue descrita en la prensa italiana como una gran batalla, una de las más sangrientas de la guerra, con una victoria igualmente grandiosa del Cuerpo de tropas voluntarias que el Duce había enviado en socorro de Franco. Hasta doce generales fascistas se nombran como participantes con sus unidades respectivas. El periodista Indro Montanelli cayó en desgracia solo por poner alguna sordina a aquella magna batalla y mayor victoria. Publicó su crónica en Il Messaggero definiéndola como un paseo con un único enemigo: El calor.

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El regalo de Sandino: el despertar de la solidaridad internacionalista

Entrada al concierto-festival en apoyo al Frente Sandinista celebrado en Santander. | DESMEMORIADOS

Es el otoño de 1978. Llegan noticias del otro lado del Atlántico. En Nicaragua se está desarrollando un proceso revolucionario. Jóvenes combatientes en las montañas, herederos del Che Guevara, junto a miles de personas de todos los sectores sociales en las ciudades, combaten contra la tiranía de Anastasio Somoza. Desde el año anterior, las noticias son cada vez más recurrentes. En España, donde solo hay un canal de televisión, puesto que el segundo canal solo llega a parte del territorio y aún no existen las televisiones privadas, todo el mundo oye hablar de los guerrilleros sandinistas.

También en el otoño de 1978. La Transición sigue avanzando. Al fin se ha hecho la luz y la comisión parlamentaria encargada de elaborar un proyecto de Constitución ha dado a conocer meses antes su trabajo y, en el Parlamento, se cierra una propuesta que deberá ser sometida a referéndum en noviembre de ese año.

El proyecto de Suárez, un cambio controlado desde el poder por los herederos del franquismo, avanza hacia su objetivo final con la integración de la izquierda mayoritaria, PSOE y PCE, en el nuevo modelo político. Al mismo tiempo, junto al avance de la crisis económica y el crecimiento del paro, el desencanto se extiende entre buena parte de una sociedad intensamente movilizada apenas un año antes. La realidad del cambio no cuadra con las expectativas generadas. Mucha gente vuelve a sus casas y el activismo pasa a segundo plano. Apenas un año después de las primeras elecciones en 40 años se inicia la desmovilización.

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Lugares donde la memoria vive: las fosas comunes del Cementerio de Ciriego

Portada de la memoria de la construcción del 'Mausoleo a la memoria de los muertos por la libertad'.

El sociólogo francés Maurice Halbwachs, que murió de hambre en 1944 en el campo de concentración de Buchenwald tras ser detenido por la GESTAPO, centró sus estudios tras la Primera Guerra Mundial en la forma en que los grupos sociales son capaces de recordar. Decía que la memoria individual está directamente relacionada con la memoria colectiva y que retiene del pasado aquello que se encuentra vivo o es capaz de vivir en la conciencia del grupo que la cultiva.

Se estructura a través de los "marcos sociales de la memoria", que permiten que cada grupo pueda reconstruir permanentemente sus recuerdos y si se perdiesen se impediría la reconstrucción de ese pensamiento colectivo. Entre estos marcos destacaba aquellos relativos al sentimiento de pertenencia de cada persona a un grupo (familia, religión, clase social…), además de los más generales que hacían referencia al lenguaje, al tiempo y al espacio. Consideraba que los marcos espaciales daban estabilidad a la rememoración porque producen la ilusión de que permanecen inalterables en el tiempo.

Las fosas del cementerio civil de Ciriego en Santander son, sin lugar a dudas, un lugar donde la memoria colectiva ha permanecido viva, resistiendo al olvido del paso del tiempo, al silencio con que el franquismo sometió a los vencidos, y a la necesidad que se expresaba en la Transición de hacer borrón y cuenta nueva para poder mantener una "convivencia pacífica".

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El Caso Almería sigue a la espera de un relato democrático casi cuatro décadas después de los asesinatos

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Barranco de Gérgal donde aparecieron los cuerpos de las víctimas del Caso Almería.

La fotografía que ilustra el texto corresponde al barranco de Gérgal, en el desierto de Tabernas, lugar elegido por los guardias civiles implicados en el  Caso Almería para escenificar, de madrugada, un delirante intento de huida de Luis Cobo, Juan Mañas y Luis Montero, tres jóvenes trabajadores que residían en Cantabria y que se habían desplazado a Pechina para asistir a la primera comunión del hermano pequeño de Juan y que habían sido detenidos horas antes.

En realidad se trató de un montaje para eliminar indicios incriminatorios de las torturas y asesinatos cometidos. En 1981 no se había construido aún el tramo de la autovía A-92 que se aprecia en la imagen (se inauguró en el año 2001), por lo que nos encontramos en un paraje solitario, apropiado para el fin que se perseguía. En este lugar, hoy próximo a la salida 388 de la citada autovía, se reúnen cada 10 de mayo familiares, amigos y miembros de sociedad civil para rendir homenaje a las víctimas y tratar de que el crimen no caiga en el olvido.

Sin embargo, en el relato de los acontecimientos, en el qué y el cómo de los hechos, con demasiada frecuencia se sigue colocando un elemento que distorsiona absolutamente lo sucedido y sus implicaciones posteriores. Hablamos del error, la confusión, el equívoco…

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¿Es Santander un feudo electoral de la derecha?

Cartel de Senadores para la Democracia de 1977.

Este artículo no pretende ser una tesis sobre el comportamiento electoral de los santanderinos pero sí, de alguna manera, matizar la muy extendida creencia de que la capital cántabra fue a lo largo de su historia reciente un feudo conservador.

El análisis parte de las últimas elecciones que tuvieron lugar durante la II República y que pusieron en litigio dos formas antagónicas de entender la política. Por un lado, el Frente Popular de Izquierdas Montañesas que aglutinaba al Partido Socialista, Partido Comunista, Izquierda Republicana, Unión Republicana e Izquierda Federal. Por otro, el bloque derechista de la Candidatura Contrarrevolucionaria de Derechas que reunía a los monárquicos alfonsinos de la Agrupación Regional Independiente y a miembros de Acción Popular (partido integrado en la Confederación Española de Derechas Autónomas, CEDA).

Las elecciones tuvieron lugar en febrero de 1936 en un clima de elevada controversia favorecida por el papel determinante que jugaron los medios de comunicación locales. El Diario Montañés y La Voz de Cantabria se alinearon con las tesis más conservadoras y su visión tradicional de España, El Cantábrico intentaba guardar un dificilísimo equilibrio y La Región se situaba en la izquierda.

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La lucha obrera en tiempos de crisis: la huelga de las minas de hierro de Camargo en los años 30

Antigua sede del Centro Obrero y Minero de Camargo, construido por los trabajadores de la mina La Paulina en 1911.

"Cuatrocientos obreros mina Camargo, huelga convertida actualmente paro forzoso por acuerdo Empresa inglesa cerrando aquella, hállanse muy precaria situación, presentándose hoy manifestación petición de auxilios. Poderes públicos que respetuosamente me permito apoyar. Sería suma conveniencia gestionar de ministerio de Fomento urgente resolución expediente traída aguas Camargo. Ruego para todo interés vuecencia, saludo respetuosamente".

Este es el texto del telegrama que el gobernador civil de la entonces provincia de Santander, José María Semprún Gurrea, envió a los ministros de Fomento y de Trabajo, el 21 de septiembre de 1931. Horas antes, un grupo de unos 200 mineros provenientes de Camargo (de la mina de hierro La Paulina) se había manifestado pacíficamente por las calles de Santander al tiempo que una comisión de trabajadores mantenía una reunión con el mencionado gobernador para que perseverase en su papel mediador y propiciara la vuelta a la normalidad, algo que aún tendría que esperar al pie de 29 meses, casi dos años y medio para producirse.

En Cantabria la actividad minera empezó a adquirir cierta relevancia dentro de la estructura económica regional a partir de la década de 1850. Tres décadas después ya constituía una firme alternativa frente a la actividad comercial, en crisis por aquellos años. Los minerales en los que se basaba la potencialidad del sector eran, por una parte, el cinc, sobre el que existía una fuerte concentración productiva y empresarial a cargo de la empresa belga Real Compañía Asturiana de Minas y, por otra, el hierro, que se extraía en la mina objeto de este texto.

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OTAN, de entrada NO, o las piruetas del poder

Reproducción de una octavilla que el PSOE lanzó en 1982 con su famoso 'OTAN, de entrada NO'.

"Nuestro partido no asume la decisión de integrarse en la OTAN, y, por consiguiente, estará en contra de la misma, con las consecuencias históricas que tenga mantener una coherencia lógica entre lo que decimos y lo que pensamos hacer".

Este discurso, manifestado por Felipe González, secretario general del Partido Socialista Obrero Español, el 6 de octubre de 1981 en la Comisión de Exteriores del Parlamento, era el que marcaba la pauta de los planteamientos que dicho partido se arrogaba entonces respecto a la cuestión de la pertenencia de España a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Claro que, en aquellos momentos, ni Felipe González ni su partido tenían aún responsabilidades de gobierno. Claro que entonces, el PSOE de Felipe González, el que había salido del Congreso de Suresnes cambiando su orientación política, presumía (como sigue haciendo por otra parte, aunque cada vez con menos éxito, en cuanto se encuentra en el congelador de la oposición) de ser el líder abanderado de la izquierda española.

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