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De aquellos barros, este fango

Santiago Abascal, Pablo Casado y Albert Rivera

Esos señores y señoras en blanco y negro que están copando nuestra energía últimamente no han llegado solos. Y, como no se puede cambiar su discurso ni negar su existencia, sólo cabe cambiar el tablero para que retornen a la caverna de la que nunca debieron salir. Para empezar,  no haciéndoles propaganda que viralice sus ideas. Hablemos de posibles respuestas y de la coyuntura que los hace posibles, no de ellos.

Llegaron, por ejemplo, de la mano de una política reducida a votación en el circo de los peores. Del sarao en que habitan quienes consideran que lo común es su nicho de mercado. De quienes han degradado lo político hasta el punto de que la gente de bien no quiera participar. De los que se afilian en la tierna juventud para tener que trabajar poco. De quienes medran a fuerza de hacer la pelota, de calentar el sillón. De quienes viven de pagas eternamente. De quienes dan espectáculos lamentables de luchas de poder. De quienes consideran la mentira un arte. De quienes han hecho de la corrupción un estilo de vida. De quienes no respetan al electorado, no se esfuerzan, no escuchan. Esta gente, que se encuentra en diversos espacios del espectro ideológico, trajeron a esa otra, la descaradamente fascista.

Llegaron también gracias al desprecio a la democracia, confundida con esa paupérrima versión, la democracia representativa liberal, que no deja de degradarse. En “¿Gobernar el vacío?”, un interesante artículo en New Left Review, el politólogo Peter Maier analizaba ya en 2007 el deterioro creciente de la democracia electoral, cada vez menos popular y reducida al chasis constitucionalista, hasta el punto de hablarse de sujetos “semisoberanos” para referirse a la ciudadanía, dada su escasa capacidad para incidir en las decisiones de los partidos, depositarios del poder de decisión.

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Un extraño paseo

John Atkinson Grimshaw | Moonlight, 1871

Hace unos días di un paseo a mi perro de madrugada. El termómetro del coche parpadeaba indicando riesgo de hielo: tres grados, dos grados, cero grados. El perro, acomodado a los pies del asiento delantero, llevaba un par de días sin verme. Lo acababa de recoger, al filo de la media noche, y mientras conducía hacia casa me miraba fijamente como diciéndome: "Venga, no me hagas esto, vamos a correr un poco". Aunque a saber lo que pensaba o esperaba el perro de mí, si es que pensaba o esperaba algo. El caso es que interpreté que quería que yo lo pasease y no quise decepcionarlo.

Estaba muy cansado, sólo quería dejar caer mi cuerpo sobre la cama para entregarme seguidamente al sueño, pero ante su insistencia perruna di el intermitente y aparqué el coche a los pies de una farola solitaria desde la que nace un camino por el que suelo pasear a plena luz del día. Actué movido por el temor a decepcionar a mi perro (sin comentarios). El caso es que él se puso muy contento y yo me envolví en la bufanda, me abroché bien el abrigo, metí las manos en los bolsillos y me adentré en la noche.

El camino no estaba iluminado. Al principio la oscuridad era absoluta pero mis ojos se fueron acostumbrando y la negritud del principio se convirtió en una penumbra tolerable un poco después. No veía mucho pero algo veía, lo suficiente al menos para no desorientarme, para no caer en una zanja o en un arroyo. Caminé a buen ritmo para entrar en calor. El ejercicio y el frío me desperezaron y el paseo comenzó a tornarse placentero, así que decidí prolongarlo y caminar un par de kilómetros más hasta el río.

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Ha llegado la Política-Experiencia

China lanza la sonda con la que explorará la cara oculta de la Luna. |

Este año que acaba de nacer se ha estrenado con dos hechos históricos, bien para el conjunto de la humanidad, bien para el conjunto de los humanoides llamados España.

El primero se produjo en la Luna. El pasado 3 de enero alunizó en la cara oculta la sonda china Chang'e 4, la cual portaba un cilindro en el cual una semilla de algodón ha brotado. Es la primera vez que un cultivo se desarrolla en una bola extraterrestre. Es cierto que previamente, en la Estación Espacial, un astronauta había cultivado una lechuga (y se la había comido), pero nunca antes se había producido este fenómeno en una masa espacial como la Luna, con la sexta parte de la gravedad terrestre y en donde las temperaturas extremas oscilan entre los 100 grados por encima de cero y los 100 grados por debajo de cero.

A partir de ahora, me imagino que en las respectivas consejerías de Agricultura estén preparando ya algún tipo de plan, con o sin ayudas PAC, para producir la primera cosecha que pueda ser vigilada con un telescopio desde el balcón de casa. De ahí a tener a la primera vaca frisona, obviamente llamada Cantabria, pastando en el Mar de la Tranquilidad quedan dos telediarios.

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El canto de los grillos

La poeta malagueña Chantal Maillard me regaló una vez una jaula para grillos que había traído de China, explicándome que allí los niños cazaban y enjaulaban estos animalitos. Me sorprendió mucho que lo contara de los chinos, habiendo hecho yo de niño eso mismo, como mis compañeros; y ella se sorprendió otro tanto cuando se enteró de esto. Desde entonces dudo si la costumbre es propia de cántabros y chinos nada más, o se practica en todo el mundo excepto en Málaga.

Sospecho lo segundo: los grillos hacen un ruido demasiado obvio como para que los niños los ignoren. El ruido lo producen deliberadamente frotando sus alas esclerotizadas, como reclamo para atraer grillos del sexo opuesto. El equivalente a la berrea, vamos. Solo que, con miles de intérpretes, el canto de los grillos puede ser bastante perturbador, como muestra la noticia de que la embajada de EEUU en Cuba evacuó a varios de sus componentes por sufrir «dolores de cabeza, problemas cognitivos, insomnio y pérdida de audición», efectos todos ellos provocados por los grillos. No queda claro si el canto era una grabación empleada por humanos como ataque, o simplemente que los animalitos se apareaban como lo han hecho siempre. 

Precisamente los estadounidenses saben muy bien cómo emplear el ruido contra el enemigo; cómo convertir una reunión de personas que deben tomar resoluciones en una jaula de grillos. Demostraron saberlo a mediados del siglo pasado, empleando métodos idénticos a los actuales. Véase  «¡Los agentes de la CIA están en todas partes!» y comprobarán que las enseñanzas de la inteligencia estadounidense han echado raíces en Europa: han encontrado un clima propicio y una población más que dispuesta a colaborar con ellos convirtiendo en insoportable cualquier reunión en la que se permita hablar a los asistentes.

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Sobre los cuerpos

La obra de arte Embrace (lovers ll).

A un perro le resulta indiferente que alguien esté vestido o desnudo a su lado. Todas las personas que han convivido con un perro saben a qué me refiero. El animal nos mira imperturbable porque no le dice nada nuestro cuerpo, lo único que le importa es nuestra presencia, lo que hacemos, cómo ocupamos el espacio e interactuamos con él. A los niños muy pequeños les pasa algo parecido: no sienten extrañeza ante sus padres sin ropa. A un perro o a una niña muy pequeña les da igual el grado de definición de mis músculos, si tengo más o menos vello corporal, las arrugas, la sequedad de mis rodillas, las canas, las primeras señales de mi inevitable decadencia.

Crecemos y vamos llenando la carne de significado y al hacerlo dejamos de verla. Estamos tan llenos de imágenes de lo que debe ser un cuerpo que somos incapaces de mirarnos con limpieza incluso cuando en la soledad de nuestra habitación, al salir de una ducha placentera, nos situamos despojados de adornos y artificios ante el espejo. Lo que es bello y lo que no está mediatizado por unos aprendizajes que nos señalan de qué debemos avergonzarnos, qué debe de atraernos, qué tiene que causarnos rechazo en los demás y en nosotros mismos.

Somos un conjunto de órganos ensamblados entre sí que palpitan sin descanso de forma misteriosa. Somos piel conteniendo y expulsando a la vez una rara energía que late adentro de nosotros. Es esa energía la que ven los niños y los perros, la única que les importa. Voces, movimientos, miradas, formas de tocar, formas de decir, formas de callar, maneras de estar presentes. La atracción, el magnetismo y la belleza descansan, sobre todo, en esas cosas. De la soledad inevitable de nuestros cuerpos queremos salir, desesperadamente, para encontrarnos con los otros. Y no hay encuentro mayor que el que se produce cuando dos cuerpos libres de prejuicios intiman y entran en contacto. Por eso los amantes que fusionan sus cuerpos buscando la energía que hay en el otro no envejecen nunca. Por eso los abrazos de los niños nos desarman.

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La trampa y la puerta

‘La puerta abierta’. | Henri Martin

La trampa de moda (aunque el término fue acuñado por intelectuales católicos en los años 90) consiste en llamar "ideología de género" a la defensa de medidas contra las discriminaciones y agresiones específicas que sufren las mujeres. Supongo que el método también sirve para etiquetar como "ideología de raza" a la lucha contra el racismo o "ideología de clase" a la lucha contra las desigualdades sociales. Pero la violencia machista, la segregación racial o el bajo poder adquisitivo son hechos que afectan a grupos concretos y exigen soluciones concretas, así que el uso del término delata la intención de manipular el concepto de ideología ("conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.", dice el diccionario) para presentar las posibles modificaciones de las situaciones de injusticia -cómodamente instituidas para algunos- como caprichos destructivos y 'artificiales' opuestos al orden que se considera 'natural'. Esa idea de la naturaleza anclada en el diseño patriarcal declara inmutable un orden superior antifeminista, supremacista y asentado en privilegios económicos; un orden que -hay que citar a Hannah Arendt una vez más - impone a sus fieles la banalidad del mal que explica tanto la crueldad de las consignas como la pasividad o el temor a la libertad propia y ajena.

La mayoría de las veces, no hace falta un fanático doctrinario para confirmar la solidez de ese mundo tan acomodado. Por ejemplo, ese hombre que ahí veis, con cara de recurso literario, pasó el otro día bajo el arco de leds de la plaza del ayuntamiento, contempló los renos escarchados que pastaban electrones mientras niños de azul y niñas de rosa se dejaban fotografiar y dijo: qué bonito. Después admiró la pantalla gigante que emite anuncios sexistas en la parada del autobús y manifestó: qué maravilla. Luego entró en una cafetería, donde se le unió su señora, que venía de la compra, para mirar hipnotizada el telediario mudo del televisor panorámico alzado al fondo, a la derecha, como las letrinas de la información ('el ojo es ojo porque te ve, no porque tú lo ves', decía Machado) mientras él leía y comentaba el periódico.

Hubo un instante en que el titular en papel coincidió con el rótulo que pasaban bajo el carrusel de imágenes:  Rebeca Alexandra Cadete abrió la puerta a su asesino para que éste no molestara al vecindario. Un error fatal, decía el periódico. Ya era el motivo recurrente del día la primera víctima de la violencia machista del año en la circunscripción geográfica de referencia obligada. La mujer temía que la bestia alterara la convivencia. ¿Cómo se fió de él? Hablar ahora del peso de la cultura o el arte del amor deslumbrado a medias por el pragmatismo económico y la pasión romántica sería probablemente una pérdida de tiempo. No hay reflexión que valga sin leyes protectoras con efectos cotidianos.

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La debilidad

La debilidad despierta compasión, oportunidad o recelo. Basta con observar nuestro entorno. Pasadas las fechas navideñas, he venido a escribir a una cafetería situada frente a la Segunda playa de El Sardinero. En realidad, no he venido yo por mi propio pie, me han traído, porque mi rodilla no anda bien. He tenido un pequeño accidente que me ha dejado algo lisiada, un poco coja, vamos, con la rodilla bloqueada y progresivamente hinchada.

Me he sentado junto a la cristalera desde donde puedo ver el exterior. El camarero, que levanta una ceja al verme pasar con mi balanceo, ha esperado a que me aposentara para tomarme nota. Después me ha traído el mediano que le he pedido y una palmerita de hojaldre para amenizarlo. Tras el ventanal puedo ver un grupo de gorriones que se mueven ágiles por la terraza. Los envidio. No solo vuelan, también saltan de una silla vacía a otra, dan pequeños pasos por las mesas solitarias y se meten en las macetas de barro colocadas sobre las baldas de una estantería de metal alineada a un lado de la terraza. Son siete gorriones. Me fijo en que los pájaros desfilan de un tiesto a otro y pican las hojas de las plantas. Algunos se acurrucan esponjados y adheridos a la tierra del interior de las vasijas, resguardándose del nordeste que hoy pega fuerte y dibuja pequeñas crestas de espuma que corren veloces sobre el mar hacia la playa.

Me miro la rodilla y sigo envidiando a los gorriones. Quién pudiera volar, ¿no? Ha salido una chica a la terraza con una copa de vino tinto y unas patatas fritas en un pequeño cuenco negro. Está hablando por el móvil y los gorriones la observan desde la estantería metálica llena de macetas. Cuando termina, su mirada se aleja hacia el horizonte sobre el nivel del mar durante algún tiempo que, a mí y a los gorriones, se nos ha hecho eterno mientras la vigilamos. Yo quiero ver más acción, que cambie de movimiento, que haga algo un poco diferente, algo de lo que poder escribir. Ellos, todavía no estoy segura de lo que quieren, pero clavan sus pequeñísimas pupilas en las manos de ella, en sus brazos, en todo su cuerpo.

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Los fuegos del diablo

Fuegos artificiales en Santander.

Acabamos de cerrar las fiestas. De nuevo, las imágenes de las celebraciones de este año poblarán nuestros recuerdos, con su sabor agridulce; por los reencuentros y las ausencias, por las risas infantiles y las lágrimas nostálgicas de navidades pasadas. Como un fantasma de ruido y luces, este periodo que nos obliga a ser felices según mandan los cánones y los anuncios de televisión, nos abandona para dejar paso a la cotidianeidad de las lentejas.

Día de la marmota eterno, las navidades se mantienen fieles a unas tradiciones que algunos partidos quieren convertir en símbolos patrios, ahora que esta tan de moda presumir de españolidad. Este año el PP se descolgaba con una nueva medida que sacará a nuestro país del marasmo institucional y resolverá los problemas de la mayor parte de nuestros conciudadanos: declarar al Belén patrimonio de la humanidad. Que no digo yo que no tenga su cosa, pero puestos a elucubrar, y viendo por donde discurren últimamente los derroteros de las ocurrencias políticas, es posible que se cree una regulación belenística y no quepa en ellos nada que pueda ofender al sentimiento patrio que parecen representar. Me imagino, por un suponer, que el famoso 'caganer' catalán quedaría fuera; que los Reyes Magos de Oriente, tendrían dificultades por aquello de la inmigración ilegal y que a María y a José se les debería exigir un título de propiedad del establo, que me da que están de okupas.

Hablar de la orgía consumista que se desata estos días, entre comilonas pantagruélicas y regalos interminables, es tan recurrente como los anuncios de colonias. Que si comemos demasiado, que si gastamos demasiado. Pero como un virus, los villancicos invaden nuestros cerebros de ratas amaestradas y, sin poderlo evitar, nos lanzamos con furia a la caza del paté, las cigalas y el ultimo iPhone.

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¿Quién tiene el balón en Podemos?

Los diputados de Podemos,José Ramón Blanco y Verónica Ordóñez, en el Parlamento de Cantabria. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

A principios de noviembre, en la ciudad china de Chongqing, un autobús cargado de viajeros giró bruscamente al cruzar un puente sobre el río Yangtsé, rompió las barreras de contención y se precipitó sobre el agua. En apariencia, y así lo atestiguan las cámaras de televisión del puente, nada interfirió la trayectoria del autobús, cuyo viraje repentino fue sorpresivo. El resultado fueron 15 muertos.

Sin embargo, una cámara en el interior del autobús mostró lo que había ocurrido. Una pasajera, contrariada porque el conductor había pasado de su parada, al parecer, comenzó a discutir con éste y no solo discutió sino que comenzó a agredirlo.  Puede apreciarse en las imágenes cómo el conductor abandona el control del vehículo y se enzarza a golpes con la pasajera. ¿Quién conducía el autobús en ese intervalo de segundos? Nadie. Pero el autobús seguía circulando y conductor, pasajera y los estupefactos testigos en el interior del vehículo iniciaron un corto trayecto hacia el Más Allá, su inminente e imprevista nueva parada que no estaba incluida en el precio del ticket. Fundido en negro.

Es difícil hablar de  la penúltima crisis de Podemos en Cantabria porque es un asunto que escapa a lo racional y entra en el campo del vodevil. Lo que ha ocurrido en el grupo parlamentario y en la relación entre la dirección regional y nacional del partido genera una perplejidad de un calibre tal que solo es comprable al grado de infantilización en que la izquierda se ve presa. Como la pasajera y el conductor del autobús, que creían estar discutiendo en un vestíbulo pero lo hacían a bordo de un semoviente a 100 Km/h. Lo cual lleva a preguntarse a qué gente eligen los partidos para que los representen, es decir, a quién se pone al volante del autobús.

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Qué será, será

Bahía de Santander.

Tenemos un año enterito para gastar. Eso es un capital. Es un buen momento para ser optimistas, así que seámoslo a fondo y pensemos que tenemos unos cuantos años para gastar. ¿Cómo puede ser el futuro?

Doris Day cantaba 'Qué será, será'. Era una niña que preguntaba a su madre: "Will I be pretty? Will I be rich?"

Hay varios procedimientos para imaginar un futuro posible. Uno es hacer proyecciones a partir del pasado, de lo que sabemos con seguridad. Por ejemplo, si nos subimos a un tren en Santander y tres horas después estamos en Palencia, podemos calcular que en seis horas más llegaremos a Madrid. Este tipo de predicciones no suele ser muy exacto; en este ejemplo el resultado es mejor que la previsión: en dos horas más estamos en Chamartín. Pero en otros aspectos puede ser mucho más inexacto, porque la realidad en general no solo no va a la velocidad prevista, sino que además ni siquiera circula por un carril establecido.

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