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Mismos mimbres para distintos cestos

Gracias a los partidos que no se definen como "ni de derechas ni de izquierdas sino todo lo contrario" la pelota de la gobernabilidad puede caer por doquier

Los letrados plantean dejar la mayoría absoluta del Congreso en 176 diputados

Sesión en el Congreso de los Diputados. | EFE

Jean Genet pasado por una picadora de hielo da como resultado un granizado llamado Limónov. Si no conocen a este escritor inclasificable les recomiendo el libro que le dedicó Emmanuel Carrère, que es en sí otro monumento a la pasión y la agonía (en el sentido etimológico de lucha) del vivir. Dudo mucho que a Limónov le haga un homenaje ningún ateneo ni que sea invitado alguna vez a algún curso de verano para aquello del bronceado cultural. Este mastín surgido del frío, violento y de un lirismo desesperado estaba llamado a ser carne de presidio de Putin. Como así fue.

Limónov tiene una de esas escenas que a uno se le quedan. Cuando las autoridades rusas lo pusieron a buen recaudo en un flamante campo de prisioneros (de esos para mostrar a la prensa extranjera) llamado Engels, Limónov debió quedar como alelado al comprobar que los lavabos eran iguales a los del hotel neoyorquino de lujo,  diseñado por Phillip Stack, en el que se había alojado en los años 80. "Construidos con una placa de acero cepillado, coronada por un tubo de hierro fundido, de una línea sobria y pura". Salvo por el pequeño matiz de que el campo Engels y un hotel de la Gran Manzana poco tienen que ver, aquella incongruencia en forma de lavabo demostraban dos cosas, a saber:

1. Capitalismo y comunismo puede que no compartan gusto estético pero tienen los mismos proveedores.

2. Con los mismos mimbres se pueden tejer distintos cestos.

El mismo viento que eleva la cometa levanta de cuajo el tejado de la cabaña. El mismo equipo que llora amargamente cuando desciende a Segunda salta de alborozo cuando asciende a... Segunda. El mismo mobiliario puede decorar una cárcel o un hotel.

O ya puestos, el mismo resultado electoral puede dar con un gobierno de progreso u otro de retroceso. Como la pelota de tenis que golpea la red y parece pensarse indecisa en qué lado caer. Gracias a los partidos que no se definen como "ni de derechas ni de izquierdas sino todo lo contrario" la pelota de la gobernabilidad puede caer por doquier. Pero a diferencia del azar, la performance de los negociadores es deliberada ya que saben lo que hacen. Pueden rehuir el clamor de un país que en abril votó masivamente contra los fantasmas del pasado o abonarse al cabildeo de los sillones, las privatizaciones y los recortes. Se verá estos días y todo el mundo quedará retratado ante el enésimo timo que se avecina.

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