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Rapiña o taquígrafos

Vistas las prioridades del PSOE: negociar duramente los cargos, dejar en un marco superfluo el programa de Gobierno y ganar visibilidad de cara a unas generales que están a la vuelta de la esquina, poco o nada se puede esperar de un partido cuya regeneración se basa en adoptar el vocabulario que Podemos ha puesto sobre la mesa: regeneración democrática, emergencia social y rescate ciudadano.

El próximo día 3 de julio Miguel Ángel Revilla será investido presidente de Cantabria, en segunda votación, con el apoyo del PSOE y la abstención de Podemos. Los acuerdos para su investidura se han desarrollado con unos enfoques muy diferenciados. Mientras que las conversaciones con Podemos se han basado en la negociación de 20 medidas programáticas muy concretas, bajo la reiterada consigna de “con luz y taquígrafos”, las negociaciones con el PSOE se han desarrollado en otros términos, con mucha más nebulosa que claridad.

Bajo un acuerdo programático donde, menos el PP, casi todo el mundo cabe, el PSOE ha centrado las negociaciones en los puestos, sillones o poltronas, como quieran llamarlos. Nada menos que cuatro consejerías, la mitad de las ocho de las que constará el nuevo Gobierno, más la vicepresidencia del Ejecutivo, la Presidencia de la Mesa del Parlamento y el control de Sodercan, la mayor empresa pública regional, estarán en manos de los socialistas, gran botín para un partido que solo ha obtenido 5 escaños. Sin duda, han rentabilizado sus votos más que ningún otro.

Es obvio que el PSOE ha aprovechado la nueva situación política cántabra para rapiñar sin pudor todos los cargos posibles del nuevo Gobierno, obviando que ellos han obtenido solo el 14% de los votos, frente al 30% de sus socios. No se trata de aplicar las nuevas consignas populares de que gobierne la lista más votada, sino de hacer un ejercicio de responsabilidad política y ser conscientes de que la ciudadanía no ha votado un gobierno en el que el PSOE tenga el 50% de participación. Hacer política también es saber escuchar la voluntad ciudadana.

No escribiría esta columna si el PSOE hubiera vendido caro su apoyo supeditando su presencia en el Gobierno a la aplicación de medidas concretas de su programa, no de principios programáticos (¿quién no tiene entre sus prioridades la generación de empleo?) pero parece que el interés se ha centrado simplemente en tener la mayor cuota de poder posible. Las 14 páginas del acuerdo PRC-PSOE las suscribiría casi cualquier persona no liberal, pero se trata una vez más de medidas generalistas, sin concretar cómo se irán a ejecutar. Brindis al sol. Vieja política que deriva en promesas incumplidas, expectativas frustradas y desafección hacia las instituciones públicas.

Vistas las prioridades del PSOE: negociar duramente los cargos, dejar en un marco superfluo el programa de Gobierno y ganar visibilidad de cara a unas generales que están a la vuelta de la esquina, poco o nada se puede esperar de un partido cuya regeneración se basa en adoptar el vocabulario que Podemos ha puesto sobre la mesa: regeneración democrática, emergencia social y rescate ciudadano. Cuatro años tienen para demostrar lo contrario, pero de momento huele a rancio.

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