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Sentimiento docente

Gran parte de la sociedad no reconoce ni valora el trabajo, la dedicación y la responsabilidad que implican las actividades complementarias en la enseñanza

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Actividad complementaria del CEIP. Nuestra Señora de las Nieves. | MARÍA MACIEL

Actividad complementaria del CEIP. Nuestra Señora de las Nieves. | MARÍA MACIEL

Ha comenzado un nuevo curso de forma totalmente diferente a los treinta y tres que llevo a las espaldas. Sentimientos de tristeza e indignación sustituyen a la ilusión con la que siempre vuelvo a la escuela en septiembre. La conflictividad surgida a raíz de la imposición del calendario escolar ha motivado la necesidad de plantear en Claustro la realización de salidas lúdico-didácticas y de actividades complementarias (Navidad, Día de la Constitución, de la Paz, del Docente, Carnaval, Día del Libro, del Árbol, Jornadas culturales, Fin de curso, etc.; además de participación en concursos, torneos, juegos escolares …), teniendo que recoger el sentir de los docentes respecto al tema.

Y sí, las enumero con detalle porque las complementarias son muchas y porque para prepararlas y celebrarlas es preciso dedicar esfuerzo, tiempo y trabajo de forma coordinada con todo el equipo docente, con el ciclo o nivel e individualmente para desarrollar lo acordado. Pero es preciso hacerlo para instruir y educar aprovechando las oportunidades que nos ofrecen las onomásticas, las tradiciones y la sociedad en general para desarrollar nuestra tarea de forma práctica y auténtica, complementando la teoría que recogen los libros o los soportes digitales con la experiencia real y directa. Se trata de educar y enseñar "siendo", "viviendo" y "experimentando".

Así pues, es importante llevar a cabo estas actividades por el inmenso beneficio que aportan al alumnado, aunque supongan para el equipo docente y directivo un trabajo previo organizativo y de motivación, así como un esfuerzo y una enorme responsabilidad que gran parte de la sociedad no reconoce ni valora. Y si algo nos caracteriza a los docentes de Educación Infantil y Primaria es el entusiasmo, implicación, dedicación y coordinación con que desarrollamos nuestro trabajo.

Sin embargo, este curso y debido a los desencuentros existentes entre la Administración y los docentes, a través de sus representantes sindicales, todas estas tareas se están poniendo encima de la mesa y se realizarán o no dependiendo de la opinión de los Claustros. De lo que sí estoy segura es de que no se llevarán a cabo de la misma forma ni con la misma ilusión.

En el Claustro del centro educativo que dirijo, en un ejercicio democrático ejemplar, se han votado todas las propuestas posibles y se han aceptado los resultados independientemente del sentir de cada uno, porque la época de los golpes en la mesa y de las decisiones unilaterales debería haber pasado ya a la historia. Así educamos a nuestro alumnado, promoviendo el desarrollo de actitudes, valores y acciones propios de una cultura democrática: asumir responsabilidades, reconocer errores, ser dialogantes, respetar, acercar posturas, consensuar, tomar decisiones, etc.

No obstante, parece que en el ámbito educativo de nuestra Comunidad no está siendo posible, ya que seguimos con el mismo enfrentamiento de finales del curso pasado. Aún así, yo que también soy docente y madre, creo que es positivo enseñar el significado de "huelga", "paro" y "servicio mínimo" porque son palabras relacionadas con derechos recogidos en la Constitución española, que están en el diccionario y se escuchan en la calle. Al fin y al cabo, enseñamos y educamos al alumnado de hoy para que afronte la vida y se convierta en el ciudadano/a del mañana. Si queremos que desarrolle el sentido crítico y adquiera criterio propio se deben aprovechar las situaciones que surgen en el día a día.

Por otra parte, si nos importa la educación es de imperiosa necesidad valorar el trabajo del maestro/a de Infantil y Primaria así como dignificar la figura del docente en general, deteriorada todavía más con la situación actual y en una sociedad en la que todo el mundo habla y sabe más de educación que el propio profesional. En este sentido, es primordial que tanto las actuaciones de la Administración como las del propio sector docente vayan en la línea de recuperar esa valoración perdida. 

Una última reflexión: las maestras y maestros de Infantil y Primaria -y uso primero el femenino porque somos muchas más- no somos ni mejores ni peores docentes que los de otras etapas, sean obligatorias o no. Es más, trabajamos con el niño/a en el estadio más delicado de su evolución para que llegue a ser el hombre o mujer del mañana. Creo que nos merecemos el mismo respeto y tratamiento a nivel laboral. Sí, hablo del horario y del salario, ya que parece que nuestra tarea es menor o menos importante cuando, en todo caso, es igual o mayor por el trabajo coordinado que se realiza a nivel de centro. Lo único que es menor es la edad del alumnado de estas dos etapas (de 2 a 11-12 años).

Como no me gusta quejarme y este escrito tiene claros tintes reivindicativos, voy a terminar invitando a quien corresponda a reflexionar y a tratar de aunar posturas que nos devuelvan a la normalidad y que me permitan levantarme ilusionada y contenta por tener la suerte de trabajar en lo que me gusta y he elegido vocacionalmente hace más de una treintena de años.

Me he quedado a gusto. Gracias a vosotros, lectores y lectoras, por dedicarme un rato de vuestro tiempo.

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