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Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

'Spexit'

Un 7 % de los británicos lamenta haber apoyado el "brexit", según un sondeo

Javier Fernández Rubio

José Antonio Rodríguez Vega, conocido como 'El psicópata', conocido como 'El asesino de ancianas', conocido como 'El mataviejas', conocido como 'El violador de la moto', fue asesinado en la cárcel de Topas por tres reclusos que se dieron su tiempo para ensañarse con este frío, calculador y egocéntrico delincuente. Al 'asesino de ancianas', cuyas andanzas por Santander no fueron descubiertas hasta muy tarde y creó una psicosis entre las mujeres de edad avanzada, se le aplicó la ley de los reclusos o, mejor dicho, la moral de los reclusos, que nada tiene que ver con la ética. A Rodríguez Vega no se le 'ajustició' por ser un asesino: otros asesinos como él le cosieron el cuerpo a puñaladas y le sacaron los ojos y la masa encefálica en el patio de la cárcel por ser un violador. Lo que demuestra que en la jerarquía de valores de los delincuentes hay delitos consentibles y otros inaceptables. Esa jerarquía, afortunadamente, no es la nuestra.

Lo que pocas personas saben es que Rodríguez Vega, después de acabar con la vida de una anciana, le dedicaba un poema.

Pegando un salto en el tiempo y en el espacio, nos vamos a Alemania en donde un genio llamado Fritz Lang, un caballero que hacía obras maestras como quien se ata los zapatos, rodó 'M. El vampiro de Düsseldorf', con el maravilloso Peter Lorre encarnando al asesino de niños. En este film, los delincuentes de los bajos fondos de la ciudad se reúnen para juzgar a Lorre al que un ciego ha delatado escribiendo la M de 'murderer' (asesino) en la espalda. El sanedrín de delincuentes le juzga, pero le juzga con la moral del delincuente (y las prisas por retirar de las calles a un sujeto que les estaba estropeando los negocios y echando la policía encima). Se le juzga sin ética, pero con las leyes no escritas del lumpen, se le juzga sin garantías ni imparcialidad, porque el fin no es restablecer la justicia, sino despejar el horizonte con la peculiar justicia del ladrón y el asesino. Aplican la moral, pero no la ética.

Más saltos en el tiempo. Reino Unido, 2016. Políticos bufones que no tan casualmente proceden del periodismo, impulsan y consiguen que el país salga de la Unión Europea. Aquí no hay un sanedrín de delincuentes, hay unas elecciones, pero no es por estos adalides de la mentira y la demagogia más burda por lo que traigo aquí este caso, sino por la UE, que sí que es un sanedrín de gente respetable que 'mata' a más ciudadanos que el cólera y aplica a millones de personas códigos morales que poco tienen que ver con la ética de los filósofos o la que hemos asumido por consenso y que hace posible y deseable la redistribución de la riqueza y la solidaridad.

Británicos y nomenclatura europea se andaban buscando hacía tiempo y al final se han encontrado. Ahora Reino Unido será expulsada de la UE con cajas destempladas, para que cunda el ejemplo ante los nacionalismos y proteccionismos varios que ahora se frotan las manos por todos los rincones del continente. Realmente nunca estuvo el Reino Unido en la UE. Esa singularidad tan 'british', que procede de un complejo de superioridad racista y el desprecio con que tratan a los demás los britanos, ya les daba un estatus especial en la UE. Algo así como 'si pierdo, no vale', pero ahora, empujados por el racismo y la xenofobia, han decidido que se vive perfectamente igual de bien sin los zánganos de los países del sur. Así que se ha pasado del 'cheque británico' al Brexit.

Los escoceses, a los que les puede pedir el cuerpo tanto como a muchos españoles, salirse del club financiero en que se ha convertido la Unión, votaron en masa por permanecer en ese club. ¿Por qué? Porque la factura de la salida, la depreciación de la libra y el encarecimiento general de la vida, lo pagarán las clases trabajadores y los inmigrantes. Es absurdo apelar al latrocinio histórico del imperio. Lo cierto es que por la City pasan la mayor parte de las operaciones financieras del mundo. Objetivamente, el Reino Unido es un país rico. Y siendo rico atiza la xenofobia y el racismo. La misma clase trabajadora que votó a Thatcher, Major y Cameron es la misma que ha votado el Brexit. Y es la misma que pagará la factura aunque la culpa se la lleve los inmigrantes.

En un ejercicio de lucidez (y les recomiendo leer a Owen Jones) se han dado cuenta de que salir es cien veces peor que estar. ¿Es esto aplicable a España? Sí y de manera exponencial. España no es un país rico y la mera tentativa de salir tendrá un corolario de desempleo desbocado, por no sacar a relucir todo el catálogo de desdichas posibles. Así que me veo siendo europeísta un poco más, aunque este sanedrín al que no he votado pero les di la potestad de decidir sobre mi vida (¿Se acuerdan de los tratados de Lisboa y Maastricht?) se rige, no por la ética, sino por los códigos morales de una delincuencia de cuello blanco, que es capaz de hundir a un país como Grecia en el Tercer Mundo y tener el cinismo de acomodar a los refugiados en campos de concentración.

Hay algo envidiable con el Brexit. Y es la capacidad de decisión que tiene un país. Pero la capacidad de decisión es directamente proporcional a la capacidad económica. Si usted tiene un sueldo puede decidir abandonar la casa de sus padres; pero si no lo tiene, ya puede bajar las tablas de la ley del monte Sinaí que no dejará de hacer lo que le digan. Es lo que tiene ser independiente: que cuesta dinero.

La Unión Europea se reformará o morirá. Tal vez alguno de estos chicos de Bruselas se esté dando cuenta, porque los que se han ido son como ellos: su misma clase social, su misma mentalidad neoliberal, su misma voracidad por enriquecerse mediante el clásico método de destruir la clase media y el resultado vampirizarlo sin compasión. Y eso les preocupa. No les preocupa la isla de Lesbos y el tráfico de seres humanos. Y habrá reformas, pero no necesariamente las reformas que muchos quisieran, y para esas reformas se necesita capacidad de intervenir en la dirección del barco. Después del festín del Partido Popular, y del fortalecimiento del Partido Socialista el domingo, es muy difícil que esa Unión Europea cambie. Puede que haya movimientos precisamente por lo que ha ocurrido en Reino Unido, pero los sirios seguirán pudriéndose detrás de una valla, decidiendo a diario qué elegir, si medicinas o comida (también para decidir esto hace falta dinero).

Recuerdo, hace ya muchos años, que uno de los portavoces de la cosa europea se acercó a Santander a impartir doctrina. No es que en aquella época todos fuéramos europeos, éramos más europeos que el huevo de Leda, tan europeos que les dábamos lecciones a los fundadores de la CECA. ¡Ah, qué tiempos! Pero no se me olvidará el encuentro. Fue en el cine Bonifaz y se estructuraba en torno a unas sesiones de cine. Yo introducía una película y luego había debate. Todo discurría a la perfección. La película era buena y a la gente le gustó. Pero la criada salió respondona. Alguien del público hizo una pregunta 'impertinente', que recibió una respuesta correcta. Pero hubo más preguntas y el portavoz se vino arriba. Empezó, no a responder, sino a cuestionar el atrevimiento de la pregunta, y empezó a abroncar al patio de butacas. Yo estaba horrorizado y me di cuenta de que la ciudadanía, por aquellos códigos morales de la burocracia de Bruselas, era un conjunto de personas en minoría de edad, gente que por mucho que se esforzara nunca podría entender los altos designios de la Unión ni el esfuerzo titánico de los líderes y lideresas (a muchos de los cuales nadie votó) por pilotar la nave. A esto se le llama despotismo ilustrado. Así que no estábamos en Santander en el siglo XXI, sino en Santander en el siglo XVIII.

Luego vino la crisis, esa experiencia tan enriquecedora que no recomiendo a nadie. Y ahí salió el sanedrín impartiendo doctrina en todo su esplendor con unos códigos morales directamente salidos de la jungla de la City y Wall Street, con sus estadísticas, sus inspectores, su política económica (¿Qué sentido tiene meter en un programa electoral un apartado económico si la cesión de soberanía en este campo ha sido total?) y sus sacerdotes y sus policías. España, en esta tesitura, es más papista que el papa y somos un ejemplo en recortes, desregulación laboral y lo que sea menester, que para eso estamos y mientras nos den un chiflo y una pandereta seremos felices. ¿Han visto la ética por algún sitio? Pero el 'Espexist' o 'Spexit' o como lo llamen, ni soñarlo. Toca tomárselo con calma y reformar desde dentro. Cualquier alternativa traumática tendrá un coste que yo no firmaría.

Nos han puesto la M en la espalda, pero no la M de 'murderer' (asesino) sino de 'murdered' (asesinado). Después, cuando nos hayan juzgado y ajusticiado, la UE nos dedicará un poema.

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