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Votar es tu defensa

El machismo sigue ahí y hay un machismo más deleznable aún y es el que, amparado en datos falsos y la defensa de un seudoigualitarismo en la protección de las víctimas, pretende desmontar todo lo construido.

Manifestación feminista contra la sentencia de 'la Manada' en Santander. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

Manifestación feminista contra la sentencia de 'la manada' en Santander. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

Diecinueve mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en España en lo que va de 2019, según la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, dato actualizado a 10 de mayo. Aunque la cifra no tiene una semana de vida, ya ha quedado desfasada. El torrente continuo de sangre de mujer derramado por el hecho de ser mujer nunca parece saciar a los que usan la violencia extrema como forma de dar salida a su frustración y sus complejos, porque no saben, no aceptan o simplemente no entienden la convivencia entre géneros en igualdad y respeto.

Pero más allá del reguero de víctimas, y el soterrado torbellino de violencia que viven a diario miles de mujeres, los avances que se han conseguido en materia legislativa, de protección o, lo que es más difícil siquiera, de toma de conciencia por millones de mujeres de este país no son conquistas inamovibles y blindadas ante un posible retroceso. En absoluto. Ese retroceso es una posibilidad real y por desgracia cercana.

La ola de movilizaciones e indignación social que recorrió el país hace casi un año como consecuencia de la sentencia de 'la manada' supuso un antes y después en la toma de conciencia de miles de españolas y cántabras, sobre todo jóvenes, que advirtieron, si no lo sabían ya, que el machismo tiene terribles consecuencias prácticas para todas y que el machismo requiere una movilización continua más allá de ideologías y partidos, de edades, procedencia y posición social, para ponerle coto.

Solo faltaba que el machismo se quitara la careta y entrara en las instituciones. Y ha ocurrido. Primero fue en las elecciones en Andalucía y después pasó en las elecciones del pasado 28 de abril.

Yo no quiero que en mi tierra pase como en Andalucía, en donde los mismos que han propuesto retirar las ayudas a las asociaciones que trabajan contra la violencia de género -lo llaman 'chiringuitos de género'- proponen dárselo a los organizadores de la Feria de Abril en Barcelona. Son los mismos que banalizan el dolor en todas partes, manipulan los datos y no cesan de sacar tajada política de un discurso trasnochado, insensible y falaz.

Ya puede decirse que España se ha equiparado tristemente a aquellos países que albergan formaciones políticas con representación institucional que relativiza la violencia que sufren las mujeres y abogan por la supresión de todas las conquistas realizadas en la lucha contra la violencia de género y en defensa de la igualdad de oportunidades. Mucho me temo que el próximo 26 de mayo habrá más ejemplos en todos los territorios, incluida Cantabria, si las mujeres no lo impedimos votando.

El machismo sigue ahí y hay un machismo más deleznable aún y es el que, amparado en datos falsos y la defensa de un seudoigualitarismo en la protección de las víctimas, pretende desmontar todo lo construido.

Nada hay inamovible y la alerta ha de ser continua entre nosotras, las mujeres, con la movilización, con el voto, que dejan de este modo de ser meros gestos para tener un significado real y concreto en la defensa de las leyes, servicios y prestaciones que amparan a la mujer y apuntalan una larga andadura en su legítimo derecho a la equiparación real con el hombre.

Como progresista y militante de un partido progresista no puedo permanecer impasible ante los continuos ataques a la mujer que se están prodigando, sobre todo con el intento burdo de involución en materia de derechos que, en una carrera hacia la radicalización de sus propuestas, están promoviendo en mayor o menor grado las derechas.

Para mí, y para otras muchas mujeres, votar el 26 de mayo es mucho más que la ocasión de decidir un Gobierno o una Alcaldía. Como mujer, votar este 26 de mayo es la mejor manera de defendernos porque hay en juego muchas conquistas que costaron décadas de trabajo y tesón; conquistas que pueden desvanecerse de la noche a la mañana. Yo no quiero que en mi comunidad o en mi ciudad pueda ocurrir que alguien que no cree en la lucha contra la violencia de género o en la igualdad de oportunidades acabe al frente de órganos que fueron creados con este fin, ni quiero, como en Andalucía, que se empiece a elaborar listados de trabajadores sociales, antesala del desmantelamiento de los servicios, el amedrentamiento y la represalia de profesionales.

La mejor manera de evitar poner las ovejas al cuidado del lobo es votar. Muchas ciudadanas lo entendieron así el pasado 28 de abril y estoy segura de que volverán a defender sus derechos el 26 de mayo ejerciendo el voto.

A mí no me gustan los lobos ni me tengo por una oveja, pero sí que el 26 de mayo votaré y sé que otras mujeres votarán, sea cual sea la opción de progreso que elijan, porque en las urnas también nos jugamos, si no la supervivencia, sí nuestra dignidad y nuestros derechos.

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