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El desarrollo llama a tu puerta

No sabemos qué clase de ciudad construye Santander. Personalmente, dudo que sea un lugar agradable.

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Vista general del Barrio de El Pilón, en Santander. | Joaquín Gómez Sastre

Vista general del Barrio de El Pilón, en Santander. | Joaquín Gómez Sastre

No sabemos qué clase de ciudad se construye en Santander a golpe de Plan General de Ordenación Urbana y hormigonazo. Sabemos que si el lápiz del técnico municipal señala tu calle y dibuja con portaminas una línea recta sobre tu edificio tienes muchas posibilidades de que tu vida entera salte por los aires súbitamente. Solo hace falta eso, una señal sobre un plano, una cruz, como en un mapa pirata, señalando un tesoro escondido, para que nada vuelva a ser ya lo mismo.

Cuatro paredes sustentan algo más que un techo. Dentro hay tantas cosas metidas que da vértigo pensar en los sentimientos que cruzan los órganos vitales cuando un aviso municipal te dice que mejor te busques otro lugar. La gente, cuando eso ocurre, se agrupa en plataformas para intentar evitar lo inevitable, tiene ataques de ansiedad, se desploma, sufre, muere.

Es difícil discutir tecnicismos, entender las argumentaciones, atender a las notas de prensa. El PGOU, sostiene el Ayuntamiento, es una "herramienta fundamental" para el desarrollo de la ciudad. ¿Cómo se discute una cosa así? ¿Qué responder cuando el desarrollo de la ciudad en persona llama a tu puerta y te dice: te toca?

Sabemos que si el lápiz del técnico municipal señala tu calle y dibuja con portaminas una línea recta sobre tu edificio tienes muchas posibilidades de que tu vida entera salte por los aires súbitamente.

Los vecinos de El Pilón siguen preguntándose hacia donde se desarrolla la ciudad, qué busca, qué quiere, con qué sueñan los constructores y por qué se desperezan de esa manera, salvaje y a la vez apática, llevándose por delante todo lo que la ciudad ha ido dejando cariñosamente sobre la mesita de noche.

El Ayuntamiento, detrás de los constructores, viste traje a medida y se peina con esmero cada mañana. Ha concedido a los vecinos tres meses de gracia, o de agonía, antes de ejecutar la orden y comprar sus casas por debajo del precio de mercado. Es el ritmo que impone el futuro, que llega ahorrando en la ciudadanía pero sin reparar en gastos cuando hay que aumentar el presupuestos de obras que nadie ha pedido.

No sabemos qué clase de ciudad construye Santander. Personalmente, dudo que sea un lugar agradable.

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