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Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

La falta de respeto

Valle de los Caídos. |

Javier Fernández Rubio

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Hay personas que se ufanan de infundir miedo aunque se engañen creyendo que infunden respeto, pero, a diferencia de aquel, el respeto se gana mientras que el miedo se impone. Esto lo vi muy claro cuando yo iba al colegio. Eran tiempos en donde la escuela se daba todavía en blanco y negro y entre la variada colección de curiosidades zoológicas que impartía clase había una doblemente curiosa. Le llamábamos don Cheche de manera nada afectuosa. Don Cheche se paseaba muy ufano por lo que él creía que era el respeto que nos merecía. La verdad es que lo detestábamos hasta decir basta por ser rencoroso, miserable y cruel. Otro sociópata en una institución de poder, como luego descubriría. Pero era de esos mostrencos que hasta después de muertos infunden pavor. Y aquí lo dejo, que contar historias escolares o de la mili sin que nadie las pida debiera estar penado por la ley.

Decía que el respeto es una virtud, algo digno de encomio. En eso estamos todos de acuerdo. Pero el miedo es más fácil de imponer y aprovecha más que el respeto, el cual casi siempre está en desventaja pues llega al final de una larga vida de privaciones y apaleamientos. En la relación coste/beneficio, el miedo no tiene rival: es, de lejos, el más productivo (y si se practica en España queda impune y hasta te entierran con todos los honores). El problema de este país es que siempre ha confundido el respeto con el miedo, tal vez porque sea bastante bruto y en consecuencia respete la brutalidad.

Tómense, por ejemplo, los movimientos revolucionarios del siglo XIX. Ninguno de ellos, y fueron unos cuantos, llegó a cuajar y esto le llamaba mucho la atención a un señor llamado Karl Marx quien, desde la British Library (el Google de la época) seguía los acontecimientos por la prensa y hacía repaso de lo que había ocurrido desde 1812. Marx concluía con asombro que no había manera de que, a diferencia de Francia u otros países, en España se cerrara un proceso revolucionario. ¿Por qué? Por el respeto, es decir, por el miedo paralizante que infundían instituciones, caso de la Monarquía, pero también por la incapacidad resolutiva y la facilidad de las camarillas corruptas de controlar los tempos. Así, de tanto respeto, y con tantas contemplaciones, todo quedaba en aguas de borraja. Los borbones seguían en su sitio y los nuevos gobernantes en seguida buscaban la estela de los antiguos, empezando por el pago religioso de las deudas de estos.

Ahora vuelve el debate sobre la Memoria Histórica a propósito de los restos del dictador en ese monumento kitsch a la gloria de todas las dictaduras como es el Valle de los Caídos. Es imposible encontrar en Europa, 70 años después de concluida la II Guerra Mundial, un lugar como este. Pero existe. Y está en España. Es un lugar en donde víctimas y verdugos, todos revueltos, cohabitan con el gran matador, que hasta después de muerto los tiene presos.

Ahora, el presidente Pedro Sánchez, en otro gesto de los suyos, quiere exhumar los restos del dictador. No lo conseguirá y no lo hará porque, a diferencia de la moción de censura, cuya celeridad fue clave en su consumación, ha perdido la capacidad de sorpresa. Ahora los tiempos los controlarán los leguleyos y, al final, la catarsis, con tanto respeto a la normativa sobre exhumaciones y tanta delicadeza, no se producirá. Quienes nunca respetaron nada -mucho menos la legalidad- y llegaron a donde están por el miedo saben cómo funcionan estas cosas.

Podría haber hecho el presidente como aquel alcalde de la capital de los cántabros que mientras recibía a los vecinos en su despacho mandaba la piqueta a tirarles la casa, pero acabamos siendo rehenes de nuestras convicciones y no hay más remedio que respetar la legalidad... aunque por una vez no hubiera estado de más haber seguido el consejo de La Masa: “En caso de duda, rómpelo todo”.

Y que después salga el sol por Antequera.

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