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De motores, papeles y arte

Hace décadas hasta el más ignorante respetaba la educación y la cultura, la deseaba para sus hijos y recibía la rebeldía infantil contra los libros escolares con una colleja.

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Imagen exterior de la antigua sede del Banco de España en Santander.

Imagen exterior de la antigua sede del Banco de España en Santander.

"No tiene interés visual, por tanto no lo tiene artístico. Por lo tanto, no puede ser motor de nada".

Quien así hablaba esta semana en el Parlamento de Cantabria era la alcaldesa de Comillas, Teresa Noceda, y a lo que se refería era al proyecto de ubicar el Archivo Lafuente, una de las más importantes colecciones de arte gráfico impreso del mundo, en la antigua sede del Banco de España en Santander.

Teresa Noceda, en porfía con la Policía Local de Santander, lleva camino de auparse a lo alto del hit parade del comisariado artístico en Cantabria. Si los sindicatos policiales hace tiempo que demostraron saber qué era correcto o no instalar en las calles de la capital, con esa autoridad intelectual que da la porra y la función pública, la alcaldesa regionalista de Comillas, de un plumazo, acaba de resolver una larga disputa: qué es arte y qué no lo es. Y lo que es arte para ella está claro: lo que tenga interés visual. Por ejemplo, Port Aventura, que no me negarán que es epítome de lo  kitsch, es arte con mayúsculas, algo comparable a Versalles y Notre Dame, mientras las cantatas de Bach son basurilla indigna de emborronar papeles.

Detrás de las declaraciones de la alcaldesa no hay más que el típico boicot al proyecto de otro partido, no me engaño. La misma representante que pide arnica para ese emporio de la educación que es el Campus Comillas, que costó 77 millones de euros y tiene menos proyección que un cinexín, torpedea el Archivo Lafuente, asociado al Museo Reina Sofía. Es inexplicable que esta gran institución de lo visual se interese por los papeles de una colección, algo a lo que Noceda llama despectivamente 'archivo'. Archivo es, pero no el del catastro ni el del servicio de multas. 

No traigo esto a colación para defender el proyecto de ubicar el Archivo Lafuente en Santander, que ya tiene defensores suficientes por tierra, mar y aire, sino por este nuevo ejercicio de egregio desprecio de la cultura y por la cultura en papel más en concreto, que ahí me duele, aunque ya poco. Opiniones como la de Noceda son ahora perfectamente asumidas por muchas personas, algo impensable hace décadas, en donde hasta el más ignorante respetaba la educación y la cultura, la deseaba para sus hijos y recibía la rebeldía infantil contra los libros escolares con una colleja.

Es curiosa la clase política. Desprecia el papel, excepto el que imprime y edita la Fábrica de Moneda y Timbre por delegación del Banco Central Europeo. No sé si los han visto. Son esos rectangulitos en varios colores con unos dígitos, unas leyendas y unas firmas. Visualmente son una filfa pero suelen ser muy apreciados por numerosos políticos, los cuales también hacen gala de una gran afición por el coleccionismo, ya que suelen acumularlos en grandes cantidades y depositarlos en Suiza, país como saben con una gran industria papelera.

Otro hábito político con el papel es el de la grafomanía y la literatura memorialística. Baste constatar el gran acopio que de papel (no se crean lo de la administración electrónica) se hace para los múltiples procesos judiciales en marcha. El Partido Popular, por ejemplo, tiene 835 imputados en 31 casos de corrupción, que no me negarán que es un tumulto de gente, suficiente como para llenar un campo de fútbol de Segunda B. Todo el papel necesario en sus procesos judiciales puede acabar con los bosques nórdicos y servir al menos para empapelar varias veces la sala de lectura de Soto del Real. Cuando alguien quiera saber qué fue de la corrupción en este país sólo sólo tendrá que recurrir a las memorias de la Fiscalía, en donde quedarán recogidas sus memorias.

Como sé que esto es una batalla perdida, hace tiempo que desconecté de estas cosas. No sé que será del edificio del Banco de España. No sé si albergará una franquicia del Reina Sofía o una de FNAC, Ikea o Burger King. No sé si conservará su actual aspecto, con esa gran vidriera interior que luce el águila imperial franquista, o se tuneará con un gran lábaro visible desde el espacio. Sólo quisiera mandar desde aquí un saludo a los trabajadores de la Biblioteca y el Archivo Histórico de Comillas, así como a los de CIESE Comillas, a los que deseo un gran futuro, pese a que no haya colas de turistas a sus puertas, ni tengan el glamour de un McDonald's, ni sean motor de nada, salvo de la educación, la cultura, la historia y la memoria colectiva.

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