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La nueva regulación del surf divide a las escuelas cántabras

Un grupo de surfistas en la playa de Somo. | SOMO'S BEACH SURF SCHOOL

Sara Aja

El pasado mes de abril, la Demarcación de Costas estableció una serie de medidas que pretenden controlar el uso del espacio marítimo por parte de las escuelas de surf ante las quejas de los bañistas y el crecimiento de este sector en las costas de la comunidad. Las medidas limitan el número de licencias concedidas a las escuelas de surf para poder operar en las costa.

Uno de los municipios más afectados por esta regulación es Ribamontán al Mar, pionero en este sector dado el prestigio de las playas de Somo y Loredo para la práctica de este deporte. Desde el Ayuntamiento se han concedido este 15 licencias que permiten trabajar en estas dos playas hasta 2019, cuando se publicará un nuevo pliego de condiciones de uso.

Igualmente, se impuso un ratio de un monitor por cada ocho alumnos en el agua y, además, una tasa que las escuelas han de abonar a Costas por el número de tablas que puedan estar en el agua durante cada clase. Esta iniciativa surge a raíz del creciente interés que está despertando la práctica de este deporte, que atrae al turismo y provoca la masificación de surfistas y tablas en el mar.

“Estas medidas mejoran la situación, pero no la soluciona”, manifiesta Luis Cayón, gerente de surf en el Ayuntamiento de Ribamontán al Mar, que aplaude estas medidas pero las considera insuficientes, dado que las tasas impuestas son proporcionales y “no se limita el número de tablas en el agua”, por lo que las escuelas con licencia para trabajar pueden disponer de tantos alumnos en el mar como recursos para ello posean, expone.

Cayón afirma que el Ayuntamiento trata de paliar la situación haciendo lo posible por “desestacionalizar” la temporada de surf, promocionando eventos relacionados con esta práctica fuera de los meses de julio y agosto, cuando se acumulan los turistas en la zona.

El contraste lo aportan las empresas que están abriéndose camino en el negocio, como Somo's Beach Surf School, fundada en 2015, cuya perspectiva sobre las medidas es positiva, tanto para los surfistas como para los bañistas. Los responsables de la última escuela en abrir en la playa de Somo cree que Costas ha implantado esta regulación como primera toma de contacto, de manera que la organización de las tablas corra a cargo de las escuelas y en base a esas cifras establecer una nueva legislación.

“Con los datos sobre cuántas tablas hay a la vez en el agua, que Costas desconocía hasta ahora, podrán dividir, repartir, decir y desdecir...”, afirma Laro Ganzo, uno de sus gerentes, quien también aseguran estar convencidos de que el futuro pliego de 2019 regulará el número de tablas permitidas por cada escuela, logrando un control más eficiente de la situación.

Sin embargo, la Escuela Cántabra de Surf, establecida en Somo desde 1991, mantiene que “no ha habido ningún tipo de problema” relacionado con la masificación de las costas este verano, ya que el tiempo no ha acompañado, y además, según señala su director, David García, la problemática en cuanto a este asunto ha disminuido por dos motivos: la limitación de espacio de baño entre banderas y la estabilización del boom inicial del proyecto de dinamización turística del ayuntamiento, que usaba el sello del surf como reclamo, pero que “tras la regularización se ha frenado un poco y se irá estabilizando”.

Sobre las medidas impuestas por la Demarcación de Costas, la escuela más veterana responde que “no son más que medidas recaudatorias y no creemos que frene mucho”, además, el director de la Escuela Cántabra de Surf admite que su escuela no cree en limitaciones “de espacio, horarios, ni número de personas” y critica el “intrusismo” de las escuelas pequeñas, pues señala que son ellas las interesadas en limitar la práctica de este deporte.

“Las escuelas más pequeñas están presionando para que limiten todo, pero creo que las instituciones tienen que darse cuenta de la trampa y exigir que todos juguemos con las mismas armas”, arremete García, quien, por otro lado, pide cooperación a estas nuevas escuelas para profesionalizar el sector.

Por su parte, Ganzo mantiene su discurso a pesar de las declaraciones de García, abogan por un acuerdo que delimite la práctica de este deporte, por el bien colectivo, tanto de las empresas como de sus alumnos y bañistas. “Hay que establecer un cielo, aunque ese cielo no vaya a alcanzarse nunca”, subraya uno de los directores de la escuela emergente, quien también recalca que existe una diferencia entre la política de negocio de la Escuela Cántabra de Surf y su escuela, pues manifiesta contentarse con un número humilde de alumnos.

En tierra firme

El modelo de negocio del surf que establece Ribamontán al Mar se centra, sobre todo, en aquellas personas que quieren iniciarse en esta práctica, de manera que la oferta cubre desde las clases de aprendizaje hasta el equipamento; así como el alojamiento, ya que pone el foco en el turismo extranjero.

Según un estudio independiente realizado el pasado año por la Universidad de Cantabria sobre el impacto de la práctica de surf en Ribamontán al Mar, el 24% de los turistas que visitan el municipio lo hacen atraídos por el surf. En total, 15.000 personas, que suponen un beneficio de 4'1 millones de euros al año, la creación de 141 puestos de trabajo directos.

Los pueblos de Somo y Loredo llegan incluso a quintuplicar su población durante la temporada, provocando problemas de aparcamiento, seguridad o suciedad, entre otros, que despiertan las quejas de los vecinos más críticos. “Desde el punto de vista de estrategia política se va a apoyar al surf, pero hay diversos puntos de vista”, reconoce Cayón, quien explica que en la postura que toma el Ayuntamiento al respecto, pesa más el beneficioso impacto económico.

“Se aborda la idea de construir un parking inmenso”, señala el gerente de surf de Ribamontán al Mar, quien, no obstante, advierte del rechazo de esta propuesta ya que “sería realmente útil únicamente durante dos meses de verano”, por lo que la “inversión quizá es contraproducente”.

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