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El efecto Azkuna

Azkuna, en uno de sus gestos característicos en un pleno municipal.

Alberto Uriona

Bilbao —

“No me preguntes esas cosas”. La frase, de Iñaki Azkuna, la recibió este periodista varias veces durante los ocho años que cubrió la información municipal de Bilbao. El alcalde, como con sus vecinos y sus adversarios políticos, era directo también con los medios de comunicación y aguantaba estoicamente y con comentarios de este tipo las preguntas incómodas.

Tenía sus imperfecciones como todos pero respetaba en público la labor del periodista y pocas veces torcía el gesto y, cuando lo hacía, transmitía esa naturalidad que dulcificaba la reacción. Impresiones personales aparte, Azkuna ha demostrado ser un buen gestor y sobre todo rodearse de buenos profesionales para liderar la época de mayor transformación urbanística y social de la democracia en Bilbao. Ha sido de largo el alcalde que más años ha estado al frente de la villa: todos sus antecesores duraron una legislatura o, a lo sumo dos, como el que le precedió, Josu Ortuondo.

Cuando accedió en 1999 a la alcaldía, se encontró con un municipio en el inicio de su transformación urbanística tras la puesta en marcha del Museo Guggenheim pero con una ardua tarea pendiente: el caótico tráfico, una administración que pedía a gritos una renovación y una gestión complicada porque eran necesarios los pactos políticos estables. Y encima tuvo que gestionar el ayuntamiento con presupuestos prorrogados los cuatro primeros años por su minoría política (la coalición PNV-EA tenía 9 de los 29 corporativos) y sufrió la puesta en marcha de iniciativas novedosas, como implantación de la nueva OTA (el pago por aparcar) que tuvo que cambiarla tres veces.

La segunda legislatura, a partir de 2003, fue más plácida gracias al pacto con Izquierda Unida, que le proporcionó mayoría absoluta y por fin unos presupuestos propios. Fueron los años de las grandes inversiones, que llegaron a superar los 70 millones anuales. Pero también aprovechó la bonanza económica para dejar a cero la gran deuda municipal: se encontró en 1999 con casi 33.000 millones de las antiguas pesetas (cerca de 200 millones de euros).

Para entonces su figura se fue engrandeciendo por la transformación que se veía en la ciudad, su discurso político más alejado de la línea oficial del PNV y episodios como su enfrentamiento en público con el diputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao, cuando la institución foral desistió de su proyecto de trasladarse a la torre de Abandoibarra que luego ocuparía Abandoibarra. Esa libertad de opinión fue propiciada por su propia personalidad, el paso de los años y su tirón electoral, que consiguió que el PNV por primera vez desde la instauración de la democracia gobernase en esta legislatura con mayoría absoluta. El efecto Azkuna, como lo fue Cuerda en Vitoria u Odón Elorza en San Sebastián.

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