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"Una mezcla de pasión, inconsciencia y militancia nos llevó a filmar el 3 de Marzo"

Adolfo Garijo, el cinesta que grabó de manera clandestina el documental Vitoria: marzo 1976, rememora casi 40 años después cómo se filmó, montó y distribuyó aquella película en la reprimida España post-franquista.

"El llanto de un padre por el asesinato de su hijo nos amargó la euforia por la multitudinaria protesta antifranquista".

Los sucesos del 3 de Marzo de 1976 siguen muy vivos en la memoria de Vitoria. Aquel día, la Policía desalojó por la fuerza a los trabajadores que celebraban una asamblea en la Iglesia de San Francisco. El desalojo se saldó con cinco muertos por heridas de bala disparadas por los agentes y cientos de heridos. Ese episodio sangriento de la historia vitoriana quedó plasmado en el documental Vitoria: marzo 1976. Un documental grabado, montado y distribuido en la España post-franquista por el Colectivo de Cine de Madrid (CCM), que en aquellas fechas se desplazó a la capital alavesa para filmar de manera clandestina.

Adolfo Garijo, uno de los cinestas integrantes de CCM, ha rememorado casi 40 años después de aquella tragedia cómo fue la grabación. Invitado por la Asociación Víctimas 3 de Marzo, Garijo reflexionó sobre la importancia del cine y la fotografia en la activación social. "Una mezcla de pasión, inconsciencia y militancia nos llevó a filmar el 3 de Marzo", asegura el cineasta, acostumbrado hasta ese momento a grabar protestas y huelgas obreras en Madrid. 

El documental de Garijo ha permitido mantener vivo durante todos estos años la denuncia de lo que pasó en Vitoria. Con apenas 22 años, se acercó a la capital alavesa desde Madrid con otros dos compañeros. Era el día después del 3 de marzo. "En un día agotador, caída ya la tarde tras la impresionante manifestación que fue el entierro, la gente de Comisiones nos llevó al escenario donde habían ocurrido los hechos. En las paredes se veían los impactos de bala y aún quedaba sangre en el suelo donde alguien había sido abatido".

"Borrachos de multitud como nunca lo habíamos estado en esa contradictoria y reprimida España pos-franquista, habíamos rodado por primera vez sin interferencias policiales porque la policía, la uniformada, no estaba en la calle. Se había ordenado que permanecieran en los cuarteles para no provocar una nueva masacre", recuerda Garijo en algunos pasajes del libro que escribió sobre sus experiencias fílmicas. Pero acabado el entierro, también terminó la tregua. "Los grises hicieron de nuevo su aparición en la calle".

Documental secuestrado

A pesar del riesgo, Garijo y su equipo insistieron en realizar una última entrevista a familiares de las víctimas. Esa entrevista jamás se le olvidará. "De un golpe, se nos pasó la alegría de ver a una ciudad entera en la calle manifestándose contra la dictadura". El enlace de Comisiones les acercó hasta un piso de protección oficial donde les esperaban un hombre de 50 años, su mujer y una hija. "La policía había matado a su hijo. La euforia de vernos entre una multitud que gritaba contra la dictadura había dado paso al tremendo drama humano de una familia ante la muerte".

"El padre", prosigue Garijo, "que quería ser entrevistado y hablar de la injusticia de la muerte de su hijo sufrió una rotura en sus entrañas y comenzó a llorar. Solo se oían sollozos o lágrimas silenciosas. Nadie hablaba. La cámara rodaba y rodaba y el pobre hombre lloraba y lloraba, con unas lágrimas como cataratas de agua o trozos desgajados de sufrimiento que salían a borbotones de sus órbitas". Quería hablar, pero el llanto se lo impedía. "Regresamos a Madrid en un silencio espeso que nos había amargado el baño multitudinario antifranquismo".

Uno de los socios de Garijo vendió posteriormente los derechos de la mayor parte del documental a TVE, que lo ha encerrado en un cajón y del que nadie ha sabido nada. "He pleiteado por esos derechos, pero el juez no me ha dado la razón. El documental completo es patrimonio de todos los ciudadanos que aparecen en esas imágenes, de la ciudad de Vitoria", clama Garijo.

Koldo Larrañaga también es autor de muchas de las fotografías que han acompañado la denuncia de lo ocurrido el 3 de Marzo. Este sacerdote, fotógrafo y cineasta amateur grabó las imágenes de la montaña de casquillos y balas disparadas por la policía y recogidas en la Iglesia de San Francisco. "Unas imágenes que 'misteriosamente' han desaparecido", se lamenta Larrañaga.

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