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“Decid a los jóvenes que los derechos no se heredan”

La jornada ‘Del proceso 1001 a la Ley Mordaza’ recuerda en Bilbao la lucha por la libertad sindical que en 1973 llevó a la cárcel a diez dirigentes de CCOO y que ahora se ve “amedrentada” de nuevo con cerca de 150 sindicalistas procesados por su participación en movilizaciones sociales.

“Hay que construir una sociedad con todos los mimbres a través del movimiento sindical porque si no construimos ciudadanía, no hay futuro”, ha defendido Pedro Santisteban, condenado en el proceso 1001.

Nicolás Sartorius recordaba a los jóvenes que “los derechos no se heredan, porque la democracia es una lucha permanente que hay que estar librándola siempre”.

Pedro Santisteban recuerda el proceso 1001 en una jornada convocada por CCOO Euskadi en Bilbao.

Pedro Santisteban recuerda el proceso 1001 en una jornada convocada por CCOO Euskadi en Bilbao.

En estos tiempos en los que la libertad sindical queda en entredicho, con más de un centenar de sindicalistas procesados por su participación en huelgas y piquetes, la coyuntura actual devuelve a la memoria el llamado proceso 1001 en el que en el año 1973, la cúpula dirigente de Comisiones Obreras fue condenada a prisión con penas que oscilaban entre los 12 y 20 años por un delito de asociación ilícita. Diez dirigentes, conocidos como ‘Los 10 de Carabanchel’, se sentaron en el banquillo de los acusados por reivindicar la movilización y la lucha obrera como la primera arma contra la represión de la dictadura franquista. Aquella “desvergüenza contestataria” llevó a Pedro Santisteban, histórico militante de izquierdas y miembro de CCOO Euskadi, entre otros compañeros, a la cárcel. Una etapa de la que asegura sentirse orgulloso, porque a pesar de su dureza, “fue uno de los pasos esenciales para la conquista de la libertad sindicalista en España”. Así lo ha expresado en la jornada “Del proceso 1001 a la Ley Mordaza” celebrada esta semana en Bilbao, dentro de la XII edición de la Escuela de Verano Pedro Gómez, que aunque no ha buscado hacer paralelismos entre aquel momento y el actual, “las comparaciones son inevitables”, manifestaba la periodista Almudena Cacho, conductora del evento.

A convertirse en uno de ‘Los 10 de Carabanchel’ procesados, Pedro Santisteban llegó “por accidente”, pues tuvo que sustituir al compañero Pedrero en la reunión clandestina de Madrid el 24 de junio de 1972, porque este se casaba. Cuando la policía preguntó por qué se encontraban allí, cada uno dio una respuesta distinta. “Yo dije que me había perdido en Madrid, me puse a andar y aparecí allí. Como era un poco provinciano y no conocía la capital es lo que en aquel momento se me ocurrió”, cuenta sobre el acuerdo al que llegaron con los abogados para quitarle “un poco de hierro” a un asunto que no fue fruto de la casualidad. Con la reunión ya disuelta, la policía irrumpió brutalmente. “Me agarraron de la camisa, me la rasgaron y me pegaron entre unos cuantos agentes”, declara Santisteban sobre unos momentos complicados previos al ingreso en la cárcel, que no evitaron a pesar de la “tremenda” solidaridad internacional.

El proceso tuvo su punto culminante con la llegada del juicio el 20 de diciembre de 1973, la misma fecha del atentado contra Carrero Blanco, presidente del Gobierno durante la etapa final de la dictadura. Ante la gravedad de los acontecimientos, los abogados pidieron el aplazamiento de la vista, que finalmente no se produjo por la negación del propio presidente del tribunal quien sentenció: “No solo no suspendo el juicio, sino que si por mi fuese los fusilaría a todos”. Estas palabras permitieron entender a los procesados que aquel juicio no era sino una “pantomima” y a partir de aquel momento se empezaron a cumplir las condenas. Finalmente, con la “tímida” apertura del régimen de Carlos Arias Navarro, se logró la rebaja de las penas, dejando en libertad hasta cuatro de los condenados. “Estábamos en huelga de hambre ante la inminencia de esa decisión por parte del Supremo y nos sacaron directamente de la enfermería a la calle, sin cumplir el protocolo de la propia institución penitenciaria. Como estábamos muy delgados salimos con las manos agarrándonos los pantalones porque no nos dieron ni el cinto”, asegura Santisteban.

‘No hemos cambiado tanto’

El proceso 1001 puso al descubierto “el verdadero rostro represivo” de las estructuras de un régimen que se desmoronaba. Desde la cárcel de Carabanchel, los presos recibieron por la radio la anhelada noticia de la muerte de Franco.  Pero con ella, también supieron que el final era “irreversible”. Cuando el dictador murió, había más de 30000 presos políticos en España, de los que solo un 25% recuperó la libertad. Sin embargo, “la amnistía vino después, como vino el reconocimiento de que sin la lucha de las comisiones obreras, la llegada de las libertades habría sido mucho más difícil”, afirma Santisteban, quien asegura, que pese a todo no vive del ayer, pues tiene “hambre de futuro” y de que los ciudadanos, que en aquel momento consagraron la transición, sean también ahora quienes luchen por la movilización social. “No hemos cambiado tanto. El movimiento sindical evidentemente no es el mismo, pero luchamos por lo mismo”, sostenía.

En ese sentido, el miembro de CCOO Euskadi dice que “los trabajadores han huido de la idea de construir por sí  mismos, creen que todo es anecdótico porque pertenecemos a un sindicato y que no tenemos objetivos, pero tenemos los mimos que en aquel momento”, defendía el sindicalista en referencia a una lucha por la libertad para la que se necesita “pasión, como para todo en la vida”. “En la vacuidad estúpida de la sociedad de hoy parece que no tenemos más objetivo que ir al Ikea. Hay que construir una sociedad con todos los mimbres a través del movimiento sindical”, aseguró, puesto que “si no construimos ciudadanía no hay futuro”.

La jornada contó también con la intervención a través de un video de otro de los imputados en el proceso 1001, Nicolás Sartorius, quien declaró que el “gran reto de la izquierda” es que la democracia controle el proceso de movilización y que no lo haga la influencia “excesiva” de los poderes financieros como en este momento. “Hay que ir a una democracia expansiva en todos los niveles, pero con cuidado de no desprestigiar la política”, señalaba, “porque en España tenemos todos los problemas juntos”. Así, Sartorius indicaba que luchamos por las mismas cosas que antes pero a un nivel “muy superior”. “Nos peleamos porque no se privatice la sanidad ni la educación, pero en mi época ni las había”, señala. En este sentido insta a los jóvenes de hoy a tomar nota de que “los derechos no se heredan”. “Una madre en un acto en Madrid me preguntó qué le podía decir a su hijo, sin rollos, para que se movilizara y se implicara en la lucha sindical. Pensé un momento y le dije eso: los derechos no se heredan, porque la democracia es una lucha permanente que hay que estar librándola siempre”, defiende.

150 sindicalistas procesados en la actualidad

Y precisamente porque ‘La huelga no es delito’, lema de la campaña de CCOO, hay muchos sindicalistas en España que siguen reivindicando la lucha obrera, mientras intentan ser apartados del camino por su participación en piquetes y movilizaciones. El sindicato nacional cifra en cerca de 150 sindicalistas procesados, con penas de entre 3 y 8 años de cárcel en juego por actividades sindicales. Katiana Vicens, secretaria general de CCOO de las Islas Baleares, y Enrique Gil, sindicalista de Airbus, se enfrentan a multas e incluso penas de cárcel de 4 años y medio por su participación en piquetes y huelgas generales. Ambos no lo creían en un principio, hasta que fueron convocados a vistas orales y ruedas de reconocimiento. “Mi primera reacción fue de indignación, pero vivo con la tranquilidad de quien se siente inocente. Si hay una condena ya veremos, pero intento ser positiva”, cuenta Vicens sobre su imputación. “Cuando a la gente le dices que ya hay 6 personas en la cárcel por participación en piquetes y huelgas generales no se lo creen, se indignan y te dicen que cómo es posible habiendo tanto político suelto que roba”, cuenta la secretaria general de CCOO en las Islas Baleares, quien afirma que se debe hacer una labor de difusión total hacia la ciudadanía que desconoce lo que está ocurriendo.

“En este país que vive a medio camino entre la revolución y el tranquimazin, hay mucha gente que no se ha enterado de lo que ha pasado, pero hay otra mucha que se manifiesta a diario en redes sociales a favor de vuestras causas”, declaraba Cacho como maestra de ceremonias. Unas palabras con las que tanto Vicens como Gil se mostraban de acuerdo y agradecían la “amplia solidaridad” que están recibiendo. “El movimiento solidario que sentimos a nuestro alrededor es lo que nos da fuerzas para seguir porque yo sigo manteniendo que no estaba cometiendo ninguna ilegalidad, solo participaba en un piquete”, afirma Vicens quien indica que “en este país se está intentando crear un ambiente de intolerancia hacia los piquetes, dibujándolos como grupos de personas extremadamente agresivos y violentos, para después con todo este caldo de cultivo, venirnos con una propuesta de regulación de la ley de huelga”.

Así, Gil señalaba que el mensaje social que se debe mandar es que están "tranquilos" porque saben que no han cometido ningún delito. “La gente no puede tener miedo a secundar una huelga porque eso es lo que intentan, amedrentarnos para no participar en ellas”, decía su compañera, quien manifiesta que no se declarará culpable de delitos que no ha cometido, porque “al final la historia hará justicia y explicará la verdad igual que lo ha hecho con el proceso 1001, aunque haya sido 40 años después”.

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