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Enfermos crónicos: el reto del siglo XXI para los sistemas sanitarios

El Hospital de Cruces, el más grande de la red de Osakidetza.

Eduardo Azumendi

“La crisis no ha provocado las dificultades del sistema sanitario; lo que ha hecho es agudizar la complejidad de los retos a los que se enfrenta”. Esa es la opinión de Rafael Bengoa, director de Deusto Business School Health de la Universidad de Deusto y ex consejero de Sanidad del Gobierno vasco. Bengoa pasa por ser uno de los mayores expertos en el tratamiento de los enfermos crónicos, el mayor reto al que se enfrenta cualquier sistema de salud en el siglo XXI. En el caso de Euskadi, son necesarios seis cotizantes a la Seguridad Social para mantener un enfermo crónico complejo, de los que hay 43.000 en Euskadi. Los enfermos crónicos representan el 5% de los pacientes y consumen el 70% del presupuesto de la sanidad vasca. Estos números reflejan la dimensión del problema y son similares en el resto de la Unión Europea y en Estados Unidos.

Aunque los retos a los que se enfrenta el sector de la sanidad van desde los puramente clínicos a los económicos pasando por los demográficos, epidemiológicos, tecnológicos…. la atención a los enfermos crónicos marcará la sostenibilidad del sistema. Los expertos sostienen que Osakidetza (al igual que la sanidad en el resto de España y de Europa) se ha construido con una lógica de rescate, es decir, para salvar vidas. De esta forma, los enfermos crónicos no aparecen en el radar. Sin embargo, el avance de las enfermedades crónicas obliga a prevenir las hospitalizaciones innecesarias para evitar el colapso del sistema.

Bengoa ha expuesto recientemente que es preciso organizar la medicina de forma más preventiva y atender proactivamente a los pacientes crónicos “en lugar de esperar que se descompensen y acudan a urgencias”. En esta línea, la apuesta es el desarrollo de programas para que los pacientes autogestionen mejor sus enfermedades, la integración en la atención primaria y hospitalaria para ofrecer continuidad de cuidados a los pacientes e invertir en tecnologías de la información y comunicación. Es decir, que los pacientes crónicos se familiaricen con términos como e-health, m-health y telecuidados. “Hay que establecer un único sistema socio sanitario, ya que el sector sanitario y el social son vasos comunicantes y se dan múltiples ineficiencias por su separación”.

Lenta descompensación

Para Bengoa, aplicar el copago o limitar el acceso a los servicios de ciertos colectivos como los inmigrantes emiten una señal a los ciudadanos y enfermos de que el problema son ellos y que en el fondo estorban. “Las decisiones que se tomen sobre la sanidad hoy definen no solo la sanidad futura sino la clase de sociedad que queremos ser. Por otro lado, conviene recordar que no son los pacientes quienes son caros; lo que es caro es el modelo asistencial fragmentado que les ofrecemos”.

Por lo general, los enfermos crónicos se descompensan de una manera lenta. Su cuerpo da síntomas de ello, pero la red sanitaria no se percata porque no mantiene un contacto habitual con él. De ahí que este tipo de pacientes pasen por urgencias una y otra vez. “La idea central es pasar de ese sistema asistencial pasivo que 'espera' a los pacientes a uno proactivo que esté en contacto continuo con ellos y que intervenga antes de que se complique su enfermedad”.

Las estadísticas de Osakidetza reflejan que dos tercios de la ocupación de camas hospitalarias provienen de ingresos no planificados (urgencias), personas que sufren una descompensación y que pueden aparecer hasta 15 veces al año en urgencias.

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