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Cada vez más trabajadores están en riesgo de pobreza pese a tener un sueldo

Estar empleado ha dejado de ser una salvaguarda contra la pobreza debido a la precarización de las condiciones laborales.

Para Alex B., de 44 años, tomarse un café en un bar se ha convertido en un lujo que no se puede permitir. Alex B. forma parte de un colectivo que lleva camino de convertirse en legión: los trabajadores pobres. A lo largo del mes consigue trabajar una media de una semana, lo que le reporta unos ingresos de alrededor de 300 euros. A eso le suma una pequeña cantidad de la Renta de Garantía de Ingresos hasta completar unos recursos de en torno a 600 euros. Y así lleva cuatro años. En 2010 perdió la estabilidad y desde entonces mete la cabeza en lo que puede. “Entre el alquiler, la comida y otros gastos fijos, el dinero me aguanta hasta mediados de mes. A partir de entonces….”.

La existencia de trabajadores pobres rompe con una de las premisas básicas de los Estados sociales, que basan en el empleo la principal fuente de bienestar. Pero la crudeza y profundidad de la crisis, ha provocado que el empleo deje de ser un antídoto contra la pobreza.

Hasta un 23% de las personas en riesgo de pobreza cuentan con un empleo, según los últimos estudios del mercado laboral. Los sindicatos incluso van más allá y denuncian que algunas empresas del sector industrial fuerzan la sustitución de contratos a jornada completa por otros a tiempo parcial, para después obligar a estos empleados a trabajar toda la jornada laboral. El actual modelo de crecimiento económico ha preparado las bases para vivir con una alta precariedad laboral. La tasa de pobreza de empleo a tiempo parcial era, en 2011, de un 18,5%, no sólo superior a la media espa­ñola, sino 6 puntos superior a la media europea. Esta cifra “no sólo alerta sobre la precariedad de este tipo de empleos en España, sino que explica la desmesurada involuntariedad asociada a él y sus implicaciones en la calidad de vida de las mujeres, que lo ocupan mayoritariamente”, explica la Fundación 1º de Mayo, de Comisiones Obreras.

Iñaki Carro es profesor, funcionario interino de Educación. Con esta presentación podría pensarse que Iñaki se encuentra a salvo de la precariedad. Pero nada más lejos de la realidad. “He estado cubriendo un tercio de jornada. ¿El sueldo? Poco más de 700 euros. Además, estoy pagando un alquiler social que tiene en cuenta mis ingresos de hace dos años, cuando tenía mejor sueldo”. Conclusión: “Ni siquiera trabajando para la administración está garantizado que alguien deja de ser pobre”. Iñaki solicitó la Renta de Garantía de Ingresos para poder acceder a su vez a la Prestación Complementaria de Vivienda (PCV), una ayuda de alrededor de 250 euros para pagar el alquiler.

“Los gobiernos”, reprocha Carro, “aplauden con las noticias de que se crean empleos. Pero, ¿cuántos son a tiempo parcial? Con la precariedad laboral, los gobiernos consiguen que muchas personas desaparezcan de las listas del paro, pero con sueldos de 700 euros y pagando alquileres de 400, ¿dónde se puede ir?”.

El fenómeno de los trabajadores pobres se está extendiendo como consecuencia de la grave crisis económica de los últimos años, pero también de los fuertes recortes sociales. Carro se muestra muy crítico con el papel de las políticas públicas. “Ningún gobierno se toma realmente en serio lo de reducir la desigualdad. Siempre se ha dicho o, al menos, se ha creído, que la integración en el mercado labo­ral es la condición básica para evitar la pobreza o la exclusión social. Pero las cosas han cambiado y ahora ser ‘mileurista’ es sentirte afortunado”.

La vida entre ETTs

Alex B. ha trabajado en casi todo lo imaginable. Encadenar diez días seguidos es una lotería y un descanso mental. “En verano suelo encadenar trabajo de manera más regular haciendo sustituciones casi de cualquier cosa, desde reponedor a hostelería pasando por repartidor o administrativo”. Su búsqueda de empleo se centra en internet y en las empresas de trabajo temporal (ETTs). “Lo que realmente funcionan son los contactos que hayas podido hacer en las empresas o los sectores por donde hayas pasado. Conozco todas las empresas de trabajo temporal y en ocasiones te llaman. Yo me sigo formando, pero en lo q  ue me interesa. Ya  no me creo ese discurso de los emprendedores ni el de que con cuanta más formación mejor. Nunca volveremos a vivir una situación como la anterior a la crisis, al menos, yo creo que no. Los puestos de la gente que se jubila se amortizan, cada vez hay menos posibilidades de sustitución….”.

Con unos ingresos tan exiguos, Alex B. sobrevive a base de una buena organización. “Hago la compra de comida para todo el mes los primeros días. Tomarme un café en un bar es un lujo que no puedo permitirme. Hace mucho tiempo que deje de escuchar la palabra vacaciones”.

Mientras, Iñaki Carro advierte de que nadie, “absolutamente nadie”, “está a salvo de caer en la pobreza. Yo tengo una trabajo socialmente valorado, soy profesor de Formación Profesional, pero como se puede ver no es una garantía contra la precariedad económica cuando no pudo trabajar toda la jornada. Y es que cada vez funciona más eso de un tercio o mitad de jornada.

A Ismael González no le falta el trabajo. Es pluriempleado: sirve copas en un bar el fin de semana, da clases particulares a niños que estudian Educación Secundaria Obligatoria y, de vez en cuando, trabaja como repartidor en una cadena de comida. Al final de mes consigue reunir, en el mejor de los casos, casi 800 euros. “Por lo menos, he conseguido independizarme, aunque sea compartiendo piso con otros tres compañeros. Aspirar a un piso para mí solo es algo impensable. ¿Un sueldo estable de 1.000 euros? Un sueño, pero no lo veo factible a corto plazo”. Tal vez, cuando Ismael logre trabajar en el sector en lo que ha estudiado, imagen y sonido. “Ahora mismo, lo veo complicado. Pero soy joven y no me voy a desesperar. Cada día me levanto pensando que es una nueva oportunidad”.  

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