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"El ébola mata rápido. Hay que actuar y los países desarrollados no lo están haciendo”

La doctora vitoriana Mercedes Arróniz, de Médicos Sin Fronteras, ha combatido la enfermedad en el Congo y advierte de que "la epidemia está descontrolada"

La doctora Mercedes Arróniz, de Médicos Sin Frontera, ha combatido contra la epidemia del ébola en el Congo.

La doctora Mercedes Arróniz, de Médicos Sin Frontera, ha combatido contra la epidemia del ébola en el Congo.

La terrible epidemia de ébola ha causado ya unos 2.600 muertos y más de 5.500 infectados según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Parece que, de momento, el mal no tiene remedio. Mercedes Arróniz, médica de Osakidetza e integrante de Médicos Sin Fronteras, ha vivido de cerca la enfermedad. A finales de 2012 trabajó controlando un brote de ébola en un centro de tratamiento en la República Democrática del Congo. Su conocimiento de la situación ha llevado a Osakidetza a aprovechar su experiencia para impartir cursos y conferencias a los sanitarios del Sistema Vasco de Salud. Aunque por ahora el riesgo de la que epidemia salte a Europa parece bajo, las alarmas ya se han encendido.

El problema, según Arróniz, es que la epidemia “está descontrolada” y seguirá golpeando porque en los tres países más afectados (Sierra Leona, Guinea y Liberia), la "transmisión se produce de una manera exponencial”: “uno contagia a dos; dos a cuatro; cuatro a ocho y así sucesivamente sin solución de continuidad”.

Parece que el mundo desarrollado acaba de darse cuenta de que existe el ébola, pero el primer brote data de 1976.

Hasta ahora las epidemias se habían circunscrito al centro de África y se concentraban en zonas pequeñas y de selva. Por eso no tenía repercusión ni trascendencia mediática, salvo en algunas películas de corte catastrofista. Pero ahora el brote no está controlado. Es la primera vez que se produce una epidemia de ébola en la capital de un país, con dos millones de habitantes. El ébola puede matar en siete días. Hay que actuar rápido.

¿Y cómo se puede controlar teniendo en cuenta que el sistema sanitario de países como Liberia, Guinea o Sierra Leona es inexistente?

Médicos Sin Frontera ya advirtió que la epidemia estaba sin control. La Organización Mundial de la Salud y los estados tienen que actuar ya. Mandar equipos y gente experta para tratar a los pacientes, aislarlos, vigilar a los contactos, facilitar métodos de protección a los sanitarios del país…. Me indigna que nadie haga nada. Los que realmente podrían hacer algo no se han movido. La gente está enfermando y muriendo sin remisión. No vale con hacer comunicados. La vigilancia epidemiológica se les ha ido de las manos.

¿Hay un riesgo real de que el ébola salte a Europa?

El ébola se contagia de manera exponencial: uno contagia a dos; dos a cuatro; cuatro a ocho y así sucesivamente sin solución de continuidad. El riesgo existe, pero el problema no reside en Europa. Está en África y es allí donde hay que resolverlo. La falta de voluntad de los países de mandar recursos está complicando todo. Esa falta de reacción está provocando un problema de salud terrorífico. Si la epidemia sigue y sigue, sería raro que no llegase hasta Europa. El mundo no se cierra. Desde una óptica occidental, hay que cauterizar este problema en África. Es la manera más humana y eficiente de resolverlo.

El cuidado para evitar el contagio a veces pasa por algo tan, aparentemente, sencillo como usar guantes, pero en muchos centros ni siquiera hay.

Así es. Hasta esta epidemia, hemos vivido brotes en lugares pequeños, en ciudades de menos de 20.000 habitantes. Los contagios eran en el medio familiar y el sanitario. Afectaba al enfermo y a los que le cuidaban. Pero ahora las cosas han cambiado. El patrón de cómo se mueve la gente es diferente y se ha extendido a cuatro países. En esta epidemia se suman ya más muertos que en todos los brotes anteriores. Es una catástrofe sanitaria y humanitaria de primer orden. Desde que alguien se contagia de ébola hasta que enferma hay un período de incubación, que puede ir de dos a 22 días. Todas las personas que están en contacto con él mientras está enfermo deben estar vigiladas el tiempo de incubación del ébola. Si uno de esos se pone con fiebre, por ejemplo el día siete, es un sospechoso de sufrir la enfermedad. Y así es como se aísla y se acaban con las epidemias. Pero ahora, miles de personas no se pueden controlar.

¿La alta mortalidad, altas tasas de infección y la falta de tratamiento curativo provocan la desconfianza en la asistencia sanitaria?

La gente tiene miedo a acercarse a las estructuras sanitarias porque sabe que se puede contagiar. Eso hace que unos se oculten por miedo y que otros que no están enfermos de ébola, pero sí padecen otras enfermedades como la malaria o la disentería, dejen de recibir tratamiento. Una epidemia de ébola pone en jaque la salud de los afectados por ese virus y de los que no lo tienen, pero sufren otra enfermedad.

Algunos hospitales rechazan afectados porque no dan abasto. ¿No es peligroso para el resto de la población?

Es una epidemia descontrolada. Hace una semanas, Médicos Sin Fronteras instaló un hospital de campaña con 120 camas y en pocos días se llenó. Tienen que echar gente a la calle porque no pueden atenderles. Es arriesgado, disminuye la seguridad, pero para tratar a los pacientes no se puede improvisar. Si no hay medios más que para atender a 120 enfermos…La vida de los sanitarios está en juego y sin sanitarios no hay forma de cortar la epidemia. La responsabilidad es de los estados por no mandar más recursos. La labor de Médicos Sin Fronteras es atender a poblaciones en situaciones difíciles, va en el ADN de la organización. No se deja de atender por padecer ébola, se deja de atender cuando ya no se puede más o cuando las armas lo impiden. Cuando se dice a alguien que no se le puede atender, vuelve a su casa y se inicia la cadena de contacto. Puede morir o…curarse a veces. En una o dos semanas lo normal es que muera si no recibe atención.

Médicos Sin Fronteras se ha convertido en la primera línea de choque contra la epidemia.

Cuando Médicos Sin Fronteras llega a un lugar, mira las estructuras que hay y sobre eso monta un centro de tratamiento, camas para los pacientes sospechosos, se hacen análisis y si se confirman se les aísla para evitar contagios. Requiere de una logística importante. Conozco el miedo irracional que puede despertar lo desconocido, como en su momento fue el sida. La gente huye cuando vas a buscar un paciente. Es miedo por falta de cultura, pero en Europa también pasa y un sanitario que no conoce el ébola puede entrar en pánico. La única cura es el conocimiento. En Monrovia dejan a los pacientes en las puertas de los hospitales porque los sanitarios han huido. Había 160 sanitarios locales afectados por el ébola y 80 muertos. Huyen por miedo, no saben cómo protegerse, no tienen nada para poder protegerse. Ni un grifo con agua para lavarse. En esas condiciones, Médicos Sin Fronteras sí es la primera barrera de choque contra el ébola en muchos lugares.

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