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Las agresiones físicas al personal de Osakidetza se disparan

Los profesionales sanitarios sufrieron hasta 106 ataques de este tipo el año pasado.

Las reacciones violentas de los enfermos y sus parientes se producen por diagnósticos que no comparten, negativa a realizar determinadas pruebas que demandan o por una espera larga.

El 67 % de la agresiones a personal sanitario en Aragón se produjo en hospitales

Las agresiones físicas al personal sanitario crecen sin parar.

"Hace un mes tres trabajadores del Hospital de Cruces sufrieron una agresión por parte de una enferma mental y a día de hoy ningún superior se ha puesto en contacto con ellos para preguntarles cómo están o qué sucedió". Carmen Vide, delegada del sindicato de Enfermería de Euskadi en el Hospital de Cruces, lamenta de esta forma la "dejadez" que, a su juicio, mantiene la dirección de Osakidetza hacia el personal sanitario agredido. Y es que en los últimos años, las amenazas y las agresiones a los profesionales han crecido sin cesar.  Se trata de un fenómeno emergente, que durante 2013 registró un total de 403 agresiones a profesionales de Osakidetza. De éstas, un 26% (106) fueron físicas, lo que supone tres veces más que en 2011.

Carmen Vide ha intervenido  ante la Comisión de Salud del Parlamento vasco para ofrecer su testimonio sobre la situación de agresiones y amenazas que padece el personal del Servicio Vasco de Salud. De las 403 agresiones y amenazas, 124 las padecieron enfermeras, 112 médicos y 91 auxiliares sanitarios. Tres de cada cuatro de estos ataques los han padecido mujeres.

Por centros de Osakidetza, donde más se registraron fue en el Hospital de Basurto, con 62, seguido de la Comarca de Bilbao (61), el Hospital Universitario de Álava (40), Cruces (35) y la red de salud mental de Bizkaia (31).

Según Vide, el número oficial de agresiones registradas es inferior al que realmente se producen. “Si como consecuencia de una agresión se rompe un ordenador es Osakidetza la que presenta la denuncia. Pero si a un trabajador le rompen la cara tiene que ser él el que acuda a comisaría a denunciar”.

Ha relatado que en el Hospital de Cruces, donde trabaja, se dan situaciones como que un familiar puso un cuchillo encima de una incubadora, que no son denunciadas por el personal, porque cuando acaba su turno lo que quiere es "desconectar".  La violencia por parte de los enfermos y sus parientes se desata, por lo general,  ante un diagnóstico que no comparten, una atención que consideran deficiente, la negativa a realizar determinadas pruebas que demandan o porque consideran que la espera ha sido muy larga. Un momento proclive a los incidentes con el personal sanitario es cuando los servicios de urgencia de los hospitales se saturan. “La gente pierde los nervios y se termina por perder el respeto a los profesionales, a los que se les culpa de la situación”, se queja una enfermera que trabaja en el Hospital de Txagorritxu.

Normativa insuficiente

La representante del Sindicato de Enfermería considera que la normativa existente en Euskadi para atajar este problema es “insuficiente”. Por eso, ha reclamado que se apruebe una ley, como la que tiene la Comunidad de Aragón, para que las agresiones al personal sanitario tengan consideración de atentado contra la autoridad pública, lo que tiene mayor penalización.

Ha criticado que Euskadi sea una de las pocas comunidades autónomas que no tiene un observatorio de agresiones real y participativo, ya que pese a que hay una comisión técnica de seguimiento "no se ha reunido nunca".

Por su parte, los colegios de médicos cuentan con el respaldo de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco para agilizar los trámites cuando se registra una denuncia y para que los actos violentos tengan la consideración de delito de atentado a un funcionario público, y no de falta, lo que permite imponer penas de hasta tres años de prisión.

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