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La Aste Nagusia más familiar

Las escaleras del Arriaga durante la actuación teatral

Bruno Sans

Bilbao —

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Pasado el ecuador de la Aste Nagusia, el cansancio aflora, pero el ánimo no afloja. Los bilbaínos, exhaustos, siguen disfrutando. Pequeños y mayores, chicos y chicas, todos adornan sus cuellos con el pañuelo de fiestas. Las 'baldosas Bilbao' ya no sólo adornan el suelo. En estas ocasiones, que quien esté al lado vista el mismo conjunto no sólo no es un problema, es de rigor.

Los jóvenes conocen la versión nocturna de la Aste Nagusia. Los hay que pueden recitar todas las txosnas como si de una alineación del Athletic se tratara. De 'Kaskagorri' a 'Txomin Barullo' de corrido, añadiendo además alguna anécdota ocurrida en cada una de ellas.

Pero es de día y ya no quedan rastros de la noche anterior. La ciudad está limpia y la basura se ha recogido. Desde primera hora de la mañana las terrazas se van abarrotando de vecinos y turistas. El Arenal deja de lado los 'katxis' de kalimotxo para dar paso a un nuevo concurso gastronómico. Hoy toca el de bacalao a la vizcaína. Ganarlo debe ser el 'súmmum' del chovinismo botxero. Su vencedor, por definición, debe el mejor bacalao que se pueda probar.

Quien obtenga los bacalaos con mayor puntuación de media entre el concurso de vizcaína, y el de pil-pil que se celebra mañana, será nombrado oficialmente 'Señor del Bacalao'. Los 250 € de premio sin duda quedan ensombrecidos por tan ilustre honor.

Desde las 11 de la mañana se celebra el pasacalles de Gigantes y Cabezudos, la delicia de los pequeños, y a partir de mediodía la banda municipal ameniza el certamen con un concierto desde el kiosko del arenal.

En la plaza frente al Arriaga, a otras horas regada de plásticos y botellas, a partir de la una se agolpan las familias alrededor del teatro, los niños sentados en el suelo, impacientes de que empiece el espectáculo callejero. Las fiestas son para toda la familia. Los mayores se turnan para vigilar a los más pequeños de la familia, mientras los demás le dan el último meneo al bacalao.

El sol pega fuerte, el termómetro del Arenal marca los 27ºC. Gorras, sombreros, agua, refrescos, los programas de fiestas a modo de abanico... Todo es útil para disipar el calor. Sobre una plataforma de tres metros de altura en medio de la plaza, el artista inicia su espectáculo. Los niños son un público agradecido, participativo. Y entusiasta. Tocar el violín manteniendo el equilibrio sobre un bombo gigante no debe de ser fácil.

Y hoy es un día como cualquier otro en Aste Nagusia. Un jueves con toneladas de pasión, y diversión. Inundado del entusiasmo que recorre estos días la villa.

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