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Entierran a la ballena aparecida en Sopelana sin poder determinar las causas de su muerte

Con este son tres los rorcuales que han aparecido en las aguas del Golfo de Bizkaia en los 21 años que lleva la asociación Ambar en activo: uno en Bermeo, otro en la playa de la Concha, en San Sebastían y el tercero el de Sopelana. 

Concluyen las labores de retirada de la ballena muerta varada en Sopela

Jamás se conocerán las causas de la muerte de la ballena que falleció el pasado domingo poco después de varar en la playa de Sopelana, en Bizkaia.   

Enrique Franco, vicepresidente de la sociedad para el estudio y la conservación de la fauna marina Ambar, ha señalado que, por su tamaño y peso y por las condiciones geográficas en las que se encontraba, no han podido realizarle la necropsia para averiguar la causa de la muerte. 

“Estaba muy delgado y estaba enfermo. Hemos cogido muestras de grasa, de piel, pero no ha sido posible abrirlo para practicarle la necropsia más en profundidad por varias razones: primero porque no se podían meter grúas de gran tonelaje porque se hundían en la arena, y segundo, porque para practicarle la necropsia necesitas tener un equipo muy grande de gente, de máquinas, necesitas tener al menos una grúa, una excavadora, un camión, un lugar para poder practicarle la necropsia... Condiciones que en este varamiento no se daban”, ha señalado Franco, quien ha detallado que han trasladado finalmente el cadáver al vertedero de Zalla, donde ha sido enterrado. 

La ballena, se trataba de un rorcual de 16 metros y 30 toneladas, el segundo tipo de cetáceo más grande después de la ballena azul. 

Con este son tres los rorcuales que han aparecido en las aguas del Golfo de Bizkaia en los 21 años que lleva la asociación Ambar en activo: uno en Bermeo, otro en la playa de la Concha, en San Sebastían y el tercero el de Sopelana. 

En el caso del de Bermeo, tampoco se pudo realizar una necropsia ya que el animal estaba en una zona de rocas de difícil acceso y tuvieron que sacarlo por mar y después llevarlo al puerto de Bermeo. Como el cadáver perdió frescura, no se le pudo realizar la necropsia correspondiente y se enterró por si algún día el Ayuntamiento de Bermeo quiere exponer el esqueleto. Al rorcual aparecido en la Concha sí que se le pudo realizar la necropsia, que determinó que el origen de la enfermedad era una neumonía. 

“En el caso del de Sopela no lo vamos a poder saber”, ha indicado Franco.  

Las muestras sustraídas a este animal están en el Biobanco de la UPV. Una de las profesoras de la universidad sustrajo un ojo de la ballena debido a que está realizando un estudio de los ojos de los mamíferos. Con este tipo de muestras no se va a poder determinar su muerte, pero sí que sirven para realizar estudios posteriores sobre diferentes aspectos de los cetáceos.

“Por ejemplo, se puede investigar acerca de la contaminación de metales pesados en las aguas, entonces, vas cogiendo todas las muestras de todos los cetáceos que van apareciendo y puedes llegar a conclusiones”, ha explicado.  

Una profesora de la UPV sustrajo un ojo de la ballena debido a que está realizando un estudio de los ojos de los mamíferos. 

En 1997, un ejemplar de similar tamaño fue a morir a la playa cántabra de Oriñón. No obstante, sí que se le pudo realizar la necropsia correspondiente y se descubrieron en su estómago 50 kilos de plásticos y otras basuras arrojadas al mar.

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