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Paul Ortega.- Director de la Agencia Vasca de Cooperación al Desarrollo

"Nunca en la historia hemos tenido tantas crisis humanitarias abiertas a la vez"

Paul Ortega, director de la Agencia Vasca de Cooperación al Desarrollo, cree que "las ONGs siguen siendo claves, pero hay que trabajar en otros proyectos donde lo único relevante no sea solo la transferencia de fondos y los presupuestos".

"Tendríamos que intentar llegar al 0,7% en esta legislatura, sí. Soy un absoluto convencido del 0,7%".

"Estamos perdiendo la identidad de lo que fue Europa, el proyecto europeo nació por el horror a la barbarie de la guerra mundial y a los totalitarismos y creció con un enfoque absolutamente social", critica.

"Tenemos una serie de retos y la ciudadanía ya no está tan volcada en la cooperacion, hay que recuperar a la ciudadanía".

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Paul Ortega, director de la Agencia Vasca de Cooperación al Desarrollo, tras la entrevista.

Paul Ortega, director de la Agencia Vasca de Cooperación al Desarrollo, tras la entrevista.

Paul Ortega (Bilbao, 1967) ha trabajado  en su dilatada carrera en materias de innovación, internacionalización y cooperación al desarrollo, tanto desde asociaciones como Unesco Etxea, Pax Romana o Innobasque, como para el Parlamento europeo y la OCDE. Actualmente es el director de la Agencia Vasca de Cooperación para el Desarrollo, organismo dependiente de la Presidencia del Gobierno vasco. Reconoce que todas  las instituciones vascas incumplen el mandato legal de destinar el 0,7% de sus presupuestos a este tipo de ayuda, pero espera que el Ejecutivo de Urkullu alcance ese nivel en esta legislatura.

Se nota que fue secretario de la coordinadora de ONGs que trabajan en la ayuda al desarrollo -"tiene que ser nuestro aliado estratégico", resalta- pero quiere mirar más allá. Su principal ambición no pasa solo por los presupuestos -la "transferencia de fondos" para proyectos de ayuda, como señala él-, sino por sumar a la cooperación a cuantos más actores sea posible. "Tenemos que incorporar a Osakidetza, a todos los entes que tenemos en agricultura, a las políticas sociales del cuarto sector y de la economía social. Incorporar al mundo educativo, a la universidad y a la Formación Profesional", enumera. Reconoce que en el tema de crisis humanitarias y de procesos migratorios, "la situación es tremenda" inédita en la historia. Y es muy crítico con las políticas europeas en materia de inmigración y de refugiados: "no hay una mirada a largo plazo", censura.

Lo primero que hay que constatar es que han sido unos años muy malos para los presupuestos públicos en materia de cooperación al desarrollo.

La cooperación vasca al desarrollo tiene un potencial increíble, y el tema del cuánto se invierte es fundamental, pero hay más cosas. El estudio de Intermon Oxfam sobre las ayudas a la cooperación, pese a la bajada producida, señala que los únicos sitios en donde sigue viva la antorcha de la cooperación son Euskadi y Andalucía. Entre ambas comunidades estamos poniendo el 50% de los fondos de cooperación al desarrollo descentralizada española.

Bueno, el Ayuntamiento de Vitoria fue referente con el 0,9% y ahora se ha desmantelado hasta quedar en el 0,06%.

Ha sido el año que no ha habido acuerdo presupuestario. El factor Javier Maroto [exalcalde popular de la capita alavesa], muy especial en otros aspectos como las ayudas sociales y todo el debate de la RGI, también lo es en esto.

La Ley vasca de Cooperación al Desarrollo, de 2007, recogía como obligación para las instituciones llegar a 0,7% de sus presupuestos para esta materia en 2012. Ninguna institución lo cumple a día de hoy.

No voy a negar esa realidad. Esto se ha incumplido y hay que reconocerlo. Pese a eso hay una cosa muy positiva, los discursos de todo el mundo en el Parlamento, incluido el PP, están a favor del 0,7%. Nadie ha puesto en cuestión ese objetivo, como ha ocurrido en otras partes del Estado. Tenemos un plan director 2014-2017 en el que se demuestra que la política de cooperación es una política pública y que se apuesta por ella, donde se marcan una serie de previsiones presupuestarias, lejos aún del 0,7%, es verdad, pero al alza. El horizonte debe ser el 0,7%, según sea posible.

Desde fuera parece que la cooperación al desarrollo, más que una inversión, es un gasto superfluo, partidas que enseguida pueden ser adelgazadas en un presupuesto.

La cooperación ha dejado de ser una 'maría'. Hemos tenido un modelo de cooperación con dos señas de identidad claras: fondos públicos por las instituciones y un grupo de actores ONGs ejecutando esos presupuestos. Es un modelo que ha funcionado bien, las primeras ayudas se dieron en 1985, y el enfoque de la cooperación es muy progresista en relación al género, derechos humanos, etc. Es un modelo propio de cooperación todavía en construcción. Y ahora toca incorporar más actores a la cooperación. Nosotros no podemos pensar solo en transferencia de fondos, que es importante. En Euskadi tenemos institutos, entes públicos, políticas sociales, medioambientales, agrícolas, tecnológicas que debemos ser capaces de incorporar a la cooperación. Las ONGs siguen siendo claves, pero hay que trabajar en otros proyectos donde lo único relevante no sea solo la transferencia de fondos, los presupuestos. Tenemos que incorporar a Osakidetza a la cooperación, pero también a los entes que tenemos en agricultura, a las políticas sociales del cuarto sector y de la economía social. Incorporar al mundo educativo, a la universidad y a la Formación Profesional. Algo ya se ha hecho, pero hay que profundizar más. Y eso facilitará llegar al 0,7%. La coordinadora de ONGDs tiene que ser nuestro aliado estratégico, pero ahora toca repensar la cooperación y reflexionar hacia dónde la queremos llevar y ver el valor añadido y diferencial de una cooperación pequeña como la vasca.

¿Y dónde queda la ciudadanía en ese debate?

Tenemos una serie de retos, la ciudadanía ya no está tan volcada en la cooperacion, hay que recuperar a la ciudadanía. El mundo está complejísimo. Ya no valen los proyectos de hace 20 años, lo pobres del mundo no están en los países pobres, están en los países de renta media.

Es verdad que la Agencia ha hecho un esfuerzo, pero no se ha librado de los recortes. Entre 2009-2012 se estabilizó en el 0,49%, pero en 2015, pese a la subida presupuestaria, está en el 0,37% (40 millones, frente a los 51 millones del periodo anterior).

Encabezamos el ranking en el Estado a una distancia abismal.

¿Para cuándo van a recuperar los 51 millones?

Tenemos que intentar llegar ya.

¿En esta legislatura?

Tendríamos que intentar llegar al 0,7% en esta legislatura, sí. Soy un absoluto convencido del 0,7%.

Sería una prueba de que el lehendakari se cree esto de la cooperación si en los próximos presupuestos se consigna ese porcentaje para la Agencia.

El lehendakari se cree mucho lo de la cooperación, también el Gobierno. El problema es que en los Presupuestos hay un porcentaje de saque que ya está previsto para abrir las escuelas, los hospitales, etc. El margen para decidir es pequeño, y con una RGI cada vez creciendo más.

Eso pasa en todos los Presupuestos, pero del 2009 al 2012, pese a la crisis, se hizo ese esfuerzo de mantener el 0,49%.

Reconociendo que hemos incumplido el 0,7% y rebajamos un año los fondos, no se puede obviar la evolución de la RGI, que es un derecho subjetivo, ni la obligación del cumplimiento del déficit. Y esto no es una excusa. Igual no es para compartirlo, pero sí para contextualizar cómo se definen las partidas en unos Presupuestos.

Paul Ortega, tras la entrevista en Bilbao.

Paul Ortega, tras la entrevista en Bilbao.

Una de las señas de identidad de la cooperación vasca ha sido la sostenibilidad de los proyectos en el tiempo. Se ha bajado el número de proyectos por ONG sensiblemente: de 25,7 proyectos de media en 2010 a 15,1 en 2015. Lo que había motivado el abandono de zonas en África y Asia.

En los proyectos que se han aprobado siempre se ha mantenido el apoyo, en general la segundas y terceras fases van hacia delante. Y ese dato que dan las ONGs es verdad, pero también hay un grupo de ONG, muy plurales, de seis a ocho, que cada vez tienen más proyectos, llegando incluso al tope de financiación pública. Tenemos que consolidar la cooperación con África, que debe ser una gran prioridad. En el plan aprobado el año pasado hemos subido del 20% al 25% los fondos que tienen que ir para ese continente. El problema es que tenemos muy buenos proyectos para África, pero no muchos y muy buenos proyectos. A veces tenemos que sacar la línea de corte de puntuación para África por debajo de la media para llegar a ese porcentaje. En América Latina hemos estado muy centrados y debemos abrir una reflexión también ahí. Por ejemplo, el país que más fondos ha recibido ha sido Perú, ¿es realmente el país que peor está?

Europa se está llevando las manos a la cabeza por lo que está pasando en el Mediterráneo, un auténtico cementerio donde en los primeros siete meses han muerto 2.000 personas, o ahora con la crisis en Calais.

Nuestra capacidad de respuesta, en la Administración, no es rápida para la ayuda humanitaria. Estamos pensando junto a otras instituciones la posibilidad de crear un fondo vasco para actuar con más inmediatez. Nuestra ayuda humanitaria ha ido a proyectos en Siria, República Centroafricana, Sudán del Sur y, por supuesto, Gaza. Y luego tenemos una segunda línea de ayuda humanitaria que denominamos estratégica, para campos de refugiados, etc, proyectos que pueden durar dos años, más a largo plazo. La reflexión abierta también incide ahí: no solo dónde vamos con nuestros proyectos de cooperación, sino qué instrumentos habilitamos para la cooperación. Nunca en la historia hemos tenido tantas crisis humanitarias abiertas a la vez; hasta siete, según Naciones Unidas: República Centroafricana, Sudán del Sur, la crisis del Ébola, Gaza, Nepal, Siria, Yemen.

El proyecto europeo nació por el horror a la barbarie de la guerra mundial y a los totalitarismos y creció con un enfoque absolutamente social tras la alianza entre la socialdemocracia y la democraciacristiana, y estamos perdiendo la identidad de lo que fue Europa.

¿Eso es insostenible, no?

Lo es. El mundo está menos mal que antes, hay mayor crecimiento, países de África y Asia que están mejorando en un montón de indicadores, pero a la vez en el tema de crisis humanitarias y de procesos migratorios la situación es tremenda. La situación de violación de los derechos humanos en la frontera de Melilla que alguna organización como CEAR ha podido constatar en un viaje con parlamentarios, cómo están las mujeres en los pasos fronterizos, ahora Calais, en Hungria, el Mediterráneo...

Al final, olvidarse del sur tiene sus consecuencias en el norte, un 'efecto boomerang' en los países del primer mundo. Me gustaría que hiciera una reflexión sobre la respuesta de Europa, de la Comisión, etc: cierre de fronteras, endurecer el acceso de los inmigrantes, levantar vallas, privatizar la seguridad...

Qué vamos a hablar nosotros del proceso de migraciones, desplazados y refugiados tras la Segunda Guerra Mundial. Yo me llamo Paul porque mis tíos fueron de los niños vascos que mandaron a Bélgica y uno de mis tíos, que luego fue mi padrino, se quedó allí. Que Europa se olvide de eso, de su compromiso, cuando sigue siendo el primer lugar en renta percápita del mundo, tiene un índice de natalidad bajísimo y es evidente que necesita inmigrantes, en fin. El proyecto europeo nació por el horror a la barbarie de esa guerra y a los totalitarismos y creció con un enfoque absolutamente social tras la alianza entre la socialdemocracia y la democraciacristiana, y estamos perdiendo la identidad de lo que fue Europa. Al final podemos acabar teniendo un muñeco que ni sabemos por qué lo creamos, ni qué soluciones tenía que dar dentro y fuera de Europa.

De momento, las soluciones inmediatas a los problemas de los inmigrantes y refugiados no casan con ese planteamiento que dio origen al concepto político de Europa.

Es una contradicción, por un lado la Unión Europa, la Comisión es la primera donante del mundo de largo en cooperación al desarrollo, pero por otro lado no está articulando bien la situación entre los miembros más pobres y más ricos, y ahí lo ocurrido con Grecia es evidente. Y luego no lleva como debiera su relación con los países de vecindad común. No hay una mirada a largo plazo. Y no nos engañemos, ¿de dónde vienen todos los que están esperando en Calais para llegar al Reino Unido? De Libia, Afganistán, Somalia, Siria, Kurdos, de la centroafricana... países en conflicto. Los problemas de pobreza se dan la mano con los conflictos. Y todo esto es lo que está poniendo en peligro la estabilidad y el desarrollo y está generando todos estos proceso migratorios.

Una política cortoplacista, como usted señala, que condena a la pobreza a los más vulnerables.

Claro. Todos los proyectos que nos están llegando de ayuda humanitaria son de países en conflicto: Gaza, Siria, Congo... Alguna vez tenemos casos de ayuda para paliar un tifón, pero casi todos son de países en conflicto. La actuación global tiene que ir por ahí: políticas de cooperación al desarrollo y de ayuda humanitaria, pero también políticas de estabilidad de todos esos países en conflicto. Y Euskadi tiene que estar conectada emocionalmente con toda esa realidad. Se ha acabado eso del dentro y fuera, lo que pasa allí va con nosotros, la interconexión de los problemas es general, por eso nuestra política vasca de cooperación debe ser absolutamente abierta y debe romper ese círculo de ayudamos a los de fuera, y, claro, también cada vez más conectada con nuestras políticas sociales y educativas. No solo hacer proyectos, que también, sino generar un modelo en el que nuestras instituciones sean también solidarias, y ese elemento de solidaridad esté presente en todas sus actuaciones.

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