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"El cambio educativo ya no es una posibilidad, es una necesidad para garantizar un futuro a los jóvenes"

Francisco Luna, profesor de Secundaria y exdirector del Instituto Vasco de Evaluación e Investigación Educativa, advierte de que la educación en Euskadi “parece instalada en una excesiva autosatisfacción” de la que debe salir de inmediato

Un profesor imparte clase en un instituto de Euskadi.

Un profesor imparte clase en un instituto de Euskadi.

“Estamos viviendo uno de los cambios más profundos en el ámbito educativo, una auténtica revolución que nos arrasará si no estamos suficientemente atentos a lo que está ocurriendo”. Esta es la advertencia que lanza Francisco Luna, profesor de Secundaria y exdirector del Instituto Vasco de Evaluación e Investigación Educativa en un artículo publicado en el número 50 de la revista Norte Magazine, editada por eldiarionorte.es. En este contexto de transformación, Luna alerta de que la educación en Euskadi parece instalada “en una cierta zona de confort, de retórica superficial y de excesiva autosatisfacción por la indudable calidad” de algunos de los indicadores educativos.

A esta actitud “relajada” se suma el “problema” de que toda una generación de profesionales que durante estas últimas décadas ha realizado “un ingente esfuerzo para, casi desde la nada, desarrollar el sistema educativo vasco y que al mismo tiempo se ha visto obligado a cambiar casi todo su perfil docente [de lengua, de disciplina, de etapa y varias veces de currículo] va abandonando el sistema por jubilación”. “Y los que quedan”, añade, “tienen, en muchos casos, dificultades para adaptarse a nuevos cambios, mientras que las nuevas generaciones parece que, en general, no llegan con demasiadas ideas innovadoras y de cambio”.

Aunque existen algunos “excelentes indicadores”, el sistema educativo vasco no resiste la comparación con el finlandés, el espejo en el que a menudo tienen a mirarse el resto de países en busca de innovación. “Un adolescente medio de Finlandia termina la Secundaria con buenas notas, sin haber repetido nunca, hablando inglés a la perfección y leyendo un libro por semana. Un alumno vasco, al terminar ese mismo periodo, tendrá más de un 30% de posibilidades de haber repetido algún curso, su competencia en inglés no llegará al nivel B1 del Marco común europeo y, según nos dice PISA, más del 43% del alumnado vasco de 15 años afirma no leer nunca por placer”. Y puntualiza que “hay mayor correlación entre la competencia lectora y el compromiso por la lectura [interés, actitud y práctica] que entre los resultados en lectura y el nivel socioeconómico y cultural, que se utiliza como excusa para justificar tanta cosas”.

Descentralización

La legislación que regula la enseñanza básica en Finlandia fue reformada por última vez en 1999 y el actual currículo común nacional se adoptó en 1994. Sin embargo, sin necesidad de nuevas leyes, “en Finlandia, cada pocos años se discute y modifica el currículo por parte de los propios profesores y profesionales de la educación, a partir de un currículo base breve y muy descentralizado. Actualmente hay en curso una reforma curricular en Finlandia, que se hará efectiva en agosto del 2016, sobre la que se ha realizado un proceso de experimentación y debate y que incluso supondrá que, en parte, desaparezcan las asignaturas tradicionales”.

Mientras tanto, Euskadi está obligada por una ley central, la LOMCE, completamente rechazada por la mayoría de la comunidad educativa. “No solo cambiamos la organización y el currículo para adaptarlo a las nuevas obligaciones estatales, sino que damos una nueva vuelta de tuerca y nos embarcamos en un cambio curricular innecesario”.

Y en esta línea, Luna resalta otras diferencias entre el sistema educativo vasco y el sistema finlandés que explican la distancia entre los resultados de ambos: “La verdadera descentralización y autonomía del sistema finlandés, la eliminación de las repeticiones y la atención inmediata a las dificultades del alumnado, la formación de su profesorado, su carencia de inspección y de pruebas de rendimiento externas hasta finalizar la escolarización obligatoria…”. Pero la mayor diferencia, desde su punto de vista, es de actitud. “La confianza hacia los centros y hacia el profesorado. Es fácil ver que esto es así solo con preguntar a cualquier director o directora de centros vascos acerca de la agonía burocrática e informática en la que tienen que vivir en muchos momentos y que, esté quien esté en la dirección del Departamento de Educación, no somos capaces de solucionar”.

Así, el experto recalca que el problema reside en que el cambio educativo “ya no es una posibilidad, sino una necesidad para que nuestros jóvenes puedan enfrentarse con garantías al futuro que les espera”. Para que ese cambio se dé, aboga por “ayudar a los docentes a modificar el rol que han jugado hasta ahora” para convertirse en “impulsores del talento de sus alumnos y alumnas y para desarrollar las habilidades necesarias para trabajar, aprender y ser ciudadano del siglo XXI”. Esto, en definitiva, supone enseñar de manera distinta.

“Es clave impulsar una verdadera autonomía de los centros, dándoles responsabilidad en decisiones clave. La situación del sistema educativo vasco exige que lo que propongamos esté previamente experimentado y evaluado con seriedad, y que aprendamos y seamos capaces de entender y adaptar la ingente cantidad de propuestas que están surgiendo hoy en día en todo el mundo”.

 

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