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"A veces, el fracaso puede ser el trabajo mejor hecho”

El psicólogo deportivo José Carrascosa aboga por el desarrollo emocional de los deportistas para potenciar en ellos una conciencia moral que rechace el dopaje

¿Por qué hay personas que se dopan? “Aunque todos conozcamos los efectos negativos del dopaje, los intereses económicos que se mueven detrás o las sanciones, la cultura de ganar existente en nuestra sociedad es la que lleva a los deportistas a optar por el consumo de sustancias  para lograr un mejor rendimiento”. Así lo explica José Carrascosa Oltra, psicólogo deportivo que se ha especializado en combatir el dopaje entre los deportistas.

Actualmente, el reconocimiento que obtienen los deportistas por parte de la sociedad está directamente relacionado con la obtención de títulos o ganar dinero. Además, “existe una cultura social de meterse y vivimos en una sociedad de la picaresca en la que, por ejemplo, una persona que copia alardea de ello. Es una cultura de ganar, ganar y ganar”.

En este contexto, el psicólogo aboga por el entrenamiento de competencias emocionales  para “dar un paso desde la información a la educación”. Esas competencias emocionales deben servir para prevenir el dopaje creando una conciencia moral en el deportista que le lleve a rechazarlo.

Oltra, quien ha desarrollado su experiencia en el entrenamiento de competencias emocionales durante el curso desarrollado por la Universidad del País Vasco ‘La lucha contra el dopaje: un desafío conjunto’, utiliza un enfoque educativo para lograr un desarrollo emocional.

Para ello, deben tenerse en cuenta varios aspectos. En primer lugar, la orientación a la tarea ya que “en el deporte está muy arraigada la idea de orientación al éxito, que únicamente tiene que  ver con los resultados”.  Un claro ejemplo es el de los padres que apuntan a sus hijos a una actividad deportiva: “todos los padres quieren que sus hijos ganen”. Sin embargo, lo ideal es “establecer metas relacionadas con la ejecución, con jugar bien”.

El segundo punto es “redefinir qué entendemos por competir y ser competitivos”. Competir debería consistir en “conseguir que el deportista loogre un estado en el que se sienta inteligente, situado en la tarea, autoconfiado, trabajando en equipo, resolviendo la tarea y sin un diálogo interno que le distraiga de su tarea”. A nivel técnico este estado recibe el nombre de flow’, es decir, la mejor versión del deportista.

Por otro lado, ser competitivo debe entenderse como “un proceso que se aprende y que no tiene fin”. “Es necesario que los padres y madres de los niños que practican algún deporte colaboren. Hay que abandonar la idea de que las madres no pintan nada en el campo de fútbol, por ejemplo”. Otra cuestión fundamental es mantener informados a los progenitores sobre los objetivos que se pretenden conseguir, “lo que no significa que tengan que estar presentes en el entrenamiento del mismo modo que no están en las aulas”.

Además, resulta imprescindible relativizar el éxito y el fracaso. Según Oltra, es preciso entender que “a veces, el éxito no tiene por qué ser el resultado de un trabajo bien hecho sino que puede ser la consecuencia de un trabajo mediocre en el que el rival ha estado peor que tú. Otras veces, el fracaso puede ser el trabajo mejor hecho.

Caja de herramientas

La cuarta idea tiene que ver con aprender competencias emocionales. “Las competencias son como una caja de herramientas para resolver distintas situaciones y lo que debemos conseguir es que los deportistas tengan esta caja llena”. No se trata, por tanto, de habilidades psicológicas sino “de saber gestionar situaciones que son propias de la profesión de deportista”. Por otra parte, es fundamental aprender a tolerar y gestionar la frustración, el desarrollo personal del deportista que favorezca en su rendimiento, conseguir bienestar emocional y, como consecuencia de todo esto, “llegar a un punto moral en el que el deportista diga que no se quiere dopar”.

Las claves a la hora de trabajar competencias “desde el deporte para la vida” son: desarrollar valores como la ilusión, entusiasmo, esfuerzo, superación personal, trabajo en equipo, resiliencia, es decir, la superación de dificultades, autonomía emocional, lograr habilidades sociales, liderazgo emocional y emprender para ser creativo.

Se trata, según el psicólogo, de “suscitar la curiosidad del deportista”. “Se debe inducir al deportista a que realice una reflexión guiada para después introducirle una serie de conceptos e ideas nuevas. Los entrenadores tienen que educar cada día, aprovechar cualquier situación para introducir nuevas competencias”.

El desarrollo, por tanto, no debe sólo centrarse en el ámbito deportivo sino que se tiene que aplicar en todas las facetas de la vida del deportista. “No se puede hipotecar, ni siquiera en aras del rendimiento deportivo, el desarrollo personal y emocional del deportista. El desarrollo emocional potencia valores, una conciencia moral y una ética personal donde no cabe el dopaje”.

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