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“La pobreza es fuente de malestar y termina por quebrar la salud humana”

El forense argentino Salvador Darío.

Aitor Guenaga

Salvador Darío Bergel (Buenos Aires, 1932) es titular de la Cátedra Unesco de Bioética en la Universidad de Buenos Aires. Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales, ha sido abogado, experto en derecho mercantil. Esta semana ha participado en las Jornadas sobre Derecho y Genóma Humano, justo cuando se cumplen 20 años de la creación de la Cátedra Derecho y Genóma Humano, dirigida por el profesor Carlos María Romeo Casabona.

Crítico con las empresas farmacéuticas y con los recortes en las políticas de salud, Salvador Darío ha defendido que “la salud es un derecho humano” y que los Estados, “como obligación primaria y fundamental, deben velar por la salud de sus ciudadanos”.

Pregunta. Se muestra muy crítico con lo que uste denomina como reduccionismo genético, una suerte de dictadura de la genética como si, por sí sola, fuera el principio y el fin que puede explicar todas las enfermedades.

Respuesta. Esta tendencia es muy reaccionaria porque trata de ocultar los condicionantes sociales de la salud, la falta de políticas en materia de salud por parte de los Estados. La preocupación por la alimentación, por evitar el estrés, la pobreza, el ambiente social, el empleo, crear un ambiente saludable a la persona, todo esto se abandona y se toma como una pieza de un mecanismo económico determinado. La enfermedad, para el médico, debe ser la última instancia; la enfermedad sobreviene cuando quiebra la salud, lo importante para el médico es la prevención de la salud. Esto es un deber de los médicos, pero debe estar también acompañado de políticas sociales. Cuando a la gente no se le ofrece empleo, sufre hambre y no puede manter su familia hay un sufrimiento que se traduce en un grave perjuicio para la salud. Es inevitable. Un hombre que está un año, dos años desocupado, que no tiene elementos para mantener su casa, es una persona que termina enfermando, termina con un infarto o cualquier cosa. Por eso cobra más valor que la Unesco, en su última declaración sobre salud y derechos humanos, haya incluido la responsabilidad social en materia de salud. Es la primera vez que en un documento internacional se mencionan los condicionantes sociales de la salud y, dentro de ellos, la pobreza. La pobreza es fuente de malestar y de una serie de males que terminan por quebrar la salud humana.

P. Y ha censurado también los análisis genéticos sin sentido, a la carta, por personas que se los pueden pagar.

R. Hay una medicina conforme al estatus económico del individuo. El individuo que puede sufragarse un costoso hospitalario, medicamentos, etc, tiene un derecho privilegiado a la salud. El que no puede hacerlo, que recurre a un hospital público, le diagnostican un mal que le obliga a someterse a una operación quirúrgica, y el médico le informa por ejemplo de que no hay turno hasta dentro de un año. Esto que es derecho a la salud, o derecho a morirse. Este es un problema del que deben tomar conciencia los Estados. El Estado, como obligación primaria y fundamental, debe velar por la salud de sus ciudadanos. Esto es indelegable. Y si no se toma conciencia de esto, estamos muy mal.

P. Y en estos momentos que asistimos al desmantelamiento de esas estructuras del Estado del bienestar, a los recortes en políticas públicas básicas, ¿dónde queda ese planteamiento de la Unesco?

R. El Estado debe bregar por mantener y soportar este sistema básico. Y además hay un derecho humano de acceso a los medicamentos. El medicamento, cada vez se vuelve más caro. La industria farmacéutica está entre las tres o cuatro industrias más rentables del mundo. Y si el individuo no tiene para pagarse su medicamento, alguien acaba teniendo derecho sobre él. Y no es un problema teórico, lo hemos visto en Sudáfrica, cuando se planteó el problema de los retrovirales para combatir el Sida. Sudafrica pasó por encima de las leyes de propiedad industriales, es verdad, pero lo hizo para salvar la vida de una enorme cantidad de ciudadanos que estaban infectados. Después hemos visto que un medicamento retroviral que asegura anualmente la supervivencia costaba entre 8.000 y 10.000 dólares. Cuando Sudáfrica importó de la India ese mismo medicamento, el costo era de 400 dólares. Esto es un salvajismo total. Y llevó a la ilustre catedrática de Etica Adela Cortina a decir que si hay medicamentos y alguien se muere por falta de medicamentos, toda la sociedad es responsable de esto.

P. Ahí está el debate sobre el uso de genéricos para democratizar y abaratar los medicamentos.

R. Y tiene que ver también con la protección vía patentes. Y con esa tendencia de la industria farmaceútica de, cuando vence incluso la patente, tratar por cualquier subterfugio de mantenerla viva para evitar la utilización del genérico. Así que también hay una responsabilidad de las oficinas de patentes y de los propios gobiernos. Es un tema importantísimo, el derecho humano a la preservación de la salud y al acceso a los medicamentos.

P. Ha mencionado en su charla de pasada el tema de la clonación y me gustaría retomar el reciente avance logrado en Oregón: por vez primera se han obtenido células madre a través de la clonación. Un primer éxito en humanos de la técnica que dio origen a la famosa oveja Dolly. ¿Fascinante o aterrador?

R. Creo que en la Ciencia, todo avance es positivo. El progreso de la Ciencia es contínuo, es una acumulación de conocimientos. Y es importante porque en este caso puede servir para generar células madre con los cuales se pueda trabajar para la medicina regenerativa.

P. El potencial, de hecho, es enorme. Estamos hablando, por ejemplo, de regenerar un corazón infartado, o de curar lesiones medulares, o tal vez acabar con el Parkinson, el Alzheimer...

R. Sin duda. Que esto pueda tener un uso negativo, o se use para la clonación reproductiva de seres humanos, es un elemento que está ahí y no se puede evitar. Pero el experimento realizado es un hito en el progreso de la Ciencia.

P. El investigador que lo ha dirigido, Shukhrat Mitalipor, ya ha dejado claro que su objetivo no es la clonación humana, sino la clonación terapeútica.

R. Absolutamente, incluso yo diría que la clonación humana, técnicamente, es casi imposible; pero siempre vale la pena prevenirse de malos usos y malos intentos.

P. En España, la clonación humana está expresamente prohibida por la ley de reproducción humana asistida.

R. Y lo veo positivo. Los países firmantes del Convenio de Oviedo sobre Derechos Humanos y Biomedicina también lo tienen prohibido. Hay algunos bioeticistas que creen que debería tolerarse, mi idea es contraria. La reproducción humana es una cosa demasiado seria para que salga de un laboratorio.

P. Y usted que dirige la Cátedra Unesco de Bioética en la capital argentina sabe que estos hallazgos científicos abren la discusión sobre los aspectos éticos de la clonación humana.

R. Desde luego, estos descubrimientos actualizan debates que ya existían.

P. Usted mismo ha hablado de la necesidad de que en el asunto de los análisis genéticos, vuelva el poder a los médicos.

R. Efectivamente, y no a la industria farmacéutica. El médico debe tener conciencia social de su labor. Lo importante es la salud y su preservación de la salud.

P. En estas jornadas se ha hablado también de la medicina personalizada.

R. Si se entiende como poner la atención en el paciente de forma integral para reestablecer su salud me parece una cosa positiva. Ahora, si la medicina personalizada es una moda para uso de la gente que tiene un determinado poder económico, me parece una barbaridad. Y tiene poco que ver con la salud.

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