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"De repente aparecieron los ertzainas y cargaron sin que pasara nada"

Testigos que estaban junto a Iñigo Cabacas cuando fue alcanzado por una pelota de goma de la Ertzaintza aseguran que nada justificaba la carga policial

Amigos de Cabacas niegan que hubiera incidentes cuando la pelota alcanzó a Iñigo: "No he visto más sangre en mi vida"

Un momento del juicio del 'caso Cabacas'

Testigos de la carga de la Ertzaintza que hirió de muerte a Iñigo Cabacas han declarado en el juicio que los ertzainas dispararon las pelotas de goma "indiscriminadamente" contra las personas que se encontraban en la plazoleta de María Díaz de Haro "celebrando en ambiente festivo" la victoria del Athletic, y han coincidido en que fue "injustificada" porque "no pasaba nada que hiciera necesario" desalojar la zona, y "desproporcionada".

Tras el encuentro, las celebraciones continuaron en las zonas habituales de poteo, incluida la plazoleta junto a la calle de María Díaz de Haro. La centralita de la Policía vasca recibió avisos de incidentes en aquel lugar y no dudó en emplear material antidisturbios en un lugar con solo un callejón como salida. En esa ratonera quedó herido muy grave Iñigo Cabacas, que entonces contaba 28 años. Murió unos días después en el hospital de Basurto. Ese día todo cambió para su familia y para la propia Ertzaintza, que, de alguna manera, ahora se sienta en el banquillo de los acusados como cuerpo policial, al margen de los seis agentes acusados directamente.

Estos declararon en la primera sesión y describieron un operativo desorganizado y sin órdenes claras. Entre ellos mismos llegaron a contradecirse sobre la necesidad de actuar o no e incluso sobre quien dio la orden material de cargar.

La segunda sesión del juicio por el 'caso Cabacas' se ha centrado en el testimonio de los testigos. Javier, uno de los amigos de Iñigo Cabacas, ha explicado que, tras el partido en San Mamés, la plazoleta de María Díaz de Haro, donde había instaladas barras en el exterior de los bares, se encontraba "abarrotada de gente tomando algo, en ambiente festivo", porque "había ganado el Athletic", y "no había ningún tipo de bronca". Únicamente, ha recordado, vio a "dos chavales empujándose" que se fueron de la zona, y "no llegó ningún coche de la Ertzaintza ni ambulancia".

Según ha declarado, "de repente aparecieron tres furgonetas de la Ertzaintza, se bajaron y empezaron a cargar sin que hubiera pasado nada, sin más", sin que "nadie les tirara nada". Además, ha negado que grupos de encapuchados lanzarán "piedras, adoquines u otros objetos" a los ertzainas, aunque, tras iniciarse la carga, sí vio lanzar "algún botellín", pero los podría contar "con los dedos de la mano".

Por su parte, Ibai, también amigo de Iñigo Cabacas y que se encontraba con él en el momento de los hechos, ha asegurado que "no hubo ninguna orden de desalojar la zona ni aviso de que iban a disparar", y tampoco hubo "ningún altercado que hiciese preciso el desalojo", sino que llegaron las furgonetas, "se bajaron los agentes, estuvieron unos minutos con los escudos y las pistolas de bolas preparados" y "empezaron a disparar". "Nos agachamos, asustados, porque no entendíamos lo que pasaba y teníamos miedo de que nos dieran, porque empezaron a disparar indiscriminadamente, y lo único que pudimos hacer fue protegernos", ha relatado.

"Como si nos estuvieran fusilando"

También ha prestado declaración Eulalia, catalana que se encontraba en Bilbao en esas fechas visitando a la familia de su entonces pareja, quien ha afirmado que las furgonetas de la Ertzaintza "aparcaron y, al momento, empezaron a oírse los disparos". "Fue frenazo, portazo, y disparos y disparos, de frente y recto", ha relatado, para afirmar que la "actitud" de los agentes era "como si nos estuvieran fusilando", cuando "allí no pasaba nada, estaban celebrando que el Athletic había ganado".

La testigo ha relatado que, cuando vio a Iñigo en el suelo, se acercó a él para atenderle, porque es socorrista. "Vi que detrás de la cabeza había un coagulo de sangre del tamaño de un hígado, y que le salía un hilillo de sangre por un oído", ha explicado, para añadir que utilizó dos bufandas que le prestaron para taponar las heridas de Iñigo, "que solo parpadeaba y tenía contusiones".

"Fue una actuación desproporcionada, de estar pasándolo bien nos vimos en un infierno en cuanto llegaron los ertzainas", ha finalizado.

Otro de los testigos propuesto por la acusación particular, que recibió el impacto de una pelota de goma en el glúteo, ha asegurado que "hasta que aparecieron las furgonetas no hubo nada, estábamos de fiesta". En el mismo sentido, ha negado que encapuchados lanzaran adoquines o piedras a la Ertzaintza y que ello desencadenase la carga, y ha declarado que las primeras furgonetas entraron "sin luces ni sirena, se pusieron delante de la plaza, salieron los agentes y se colocaron en fila". Lo siguiente que recuerda fue "oír un disparo" y momentos después sentir que le "quemaba la pierna".

Otra testigo que se encontraba en la plazoleta con su cuadrilla, ha coincidido en el relato de que "no pasaba nada, el ambiente era festivo" y "no hubo" lanzamiento de objetos por parte de grupos de encapuchados.

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