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El rostro de mujer “madura” pone cara al perfil de beneficiarios de la RGI

Entre los beneficiarios, 13.392 son mujeres autóctonas de entre 35 y 50 años, con estudios mínimos e hijos a su cargo.

Dentro de la complejidad actual por entrar al mercado laboral, “las maduras lo tenemos muy difícil, por no decir imposible”, aseguran varias perceptoras de la RGI.

“He llorado tanto que con tal de tener algo, ya ni me quejo”, afirma una de las beneficiarias.

El 58,1% de los perceptores de la RGI en Euskadi son mujeres, según datos aportados por Lanbide.

El 58,1% de los perceptores de la RGI en Euskadi son mujeres, según datos aportados por Lanbide.

Tras 16 meses de ascenso consecutivo, la cifra de expedientes activos para la percepción de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) en Euskadi se paralizó el pasado mes de junio en 65.499, según los datos aportados por el Servicio Vasco de Empleo (Lanbide). Entre los beneficiarios, 13.392 son mujeres autóctonas de entre 35 y 50 años, con estudios mínimos e hijos a su cargo. Un perfil que retrata la realidad de muchas mujeres en Euskadi que ya son veteranas en la lucha por encontrar un trabajo y a las que en la actualidad se les une la complejidad generalizada por entrar al mercado laboral. Y es que a pesar de que el desempleo bajara en el último mes, solo una de cada 500 personas en paro encontró trabajo en julio, por lo que 167.939 siguen buscando empleo. Del total de perceptores de RGI en el conjunto de los tres territorios vascos, el 58,1% son mujeres frente al 41,9% de hombres.

Con 48 años y 2 niños de 13 y 15, Sonia López, vecina del barrio bilbaíno de Rekalde, es una de las mujeres que engrosa esa lista que roza las 13.400 mujeres perceptoras de RGI. Y lo hace desde que hace justo tres años el restaurante en el que a diario cocinaba, fines de semana incluidos, quebrara debido a una “nefasta gestión de sus propietarios y no al descenso de clientela”, cuenta López, que no ha vuelto a tocar unos fogones “profesionales” desde entonces. “En tres años no he pasado más de 6 meses trabajando”, afirma la cocinera que tras su despido también ha pasado a engrosar otra lista más: la del trabajo precario.

“Me apunté a una agencia de limpieza y lo único que he hecho ha sido fregar portales no más de 4 horas seguidas al día, ni más de 1 mes seguido tampoco”, asegura sobre una situación que le “sobrepasa”, pero con la que ha aprendido a lidiar. “Tengo dos hijos casi adolescentes que comen como si fueran cuatro. No me llega el dinero, pero tampoco les falta comida”, asegura esta ama de casa que “por obligación”, como otras, ha hecho cola en más de una ocasión en los repartos de comida de algunas iglesias de Bilbao.

Bizkaia es la provincia vasca con más perceptores de RGI

Las mensualidades de la RGI en Euskadi se sitúan entre los 616 y 939 euros mensuales, según los casos. Entre los casi 65.500 receptores, 9850 personas reciben esta ayuda pública en Álava, 14892 en Gipuzkoa y el pico mayor se lo lleva el territorio de Bizkaia que cuenta con 40.757 perceptores de la subvención que permite a muchas familias vivir dentro de la precariedad. Este es el caso de Marta Aurrekoetxea, que con una hija de 16 años, se sirve de la renta de garantía de ingresos mensual para alimentarla y pagar el alquiler de un apartamento de poco más de 50 metros cuadrados en Sestao.

“Con las facturas de la luz y el agua ya llevo retrasos”, dice Aurrekoetxea que se despidió forzosamente de la vida laboral hace dos años y medio. “Nunca tuve un puesto estable, pero hasta entonces tampoco nunca me había faltado trabajo” asegura Aurrekoetxea, que ha trabajado como cajera, limpiadora, reponedora, pinche o charcutera. A falta de dos meses para cumplir 49, reconoce que tiene “pavor” a los 50. “Si en este tiempo me ha costado que me llamaran para hacer entrevistas, no me quiero imaginar cuando sobrepase la barrera de la cincuentena”, dice esta mujer quien asegura que “las maduras lo tenemos muy difícil, por no decir imposible”.

Por su parte, a Begoña Asenjo le quedan 5 años para cruzar esa barrera, pero su situación no dista de la de sus compañeras. Su madre comparte la pensión con ella y su dos nietos desde hace año y medio que se le acabó el paro y se separó de su marido, con el que todavía convive en el mismo piso en Bilbao por eso de “ahorrar costes”. “Al principio ambos nos fuimos de alquiler, pero él tampoco tiene trabajo y vimos que era imposible hacerse cargo de la mensualidad y los gastos de mantener una vivienda, así que seguimos viviendo juntos con los niños, aunque cada uno hace su vida”, cuenta Asenjo, quien agradece el esfuerzo de su madre que gracias a su pensión de jubilación y viudedad ayuda a Begoña en lo que puede. “Solo consigo cosillas de comercial puerta a puerta mal pagadas, pero he llorado tanto que con tal de tener algo, ya ni me quejo”, asegura.

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