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“Nosotras tenemos que rozar la excelencia para que nos hagan caso”

Los medios de comunicación, las ayudas institucionales, los patrocinadores… Existen demasiadas trabas en el mundo del deporte femenino. Las deportistas lo saben y lo sufren. “Nosotras tenemos que rozar la excelencia, ser excelentes para que nos hagan caso”, lo dice Iraia Iturregi, jugadora del equipo femenino del Athletic Club de Bilbao. Precisamente Iturregi ha conseguido rozar la excelencia esta temporada, y lo ha hecho en el santuario del Athletic, ‘La Catedral’, nada menos que ante 30.000 aficionados en la final de Liga contra el Barcelona. Su equipo no consiguió el título, pero ‘las leonas’ coparon titulares con ‘la otra hazaña’: llenar San Mamés. “Ahí es donde realmente me he sentido futbolista” reconoce la defensa rojiblanca, que siente ese momento como un paso adelante no solo en su carrera, si no en el reconocimiento del deporte femenino. “Muchos nos preguntaron por qué no jugábamos en nuestro campo, Lezama, que sería más cómodo para nosotras. Pero para mí es un delito decir ‘no’ a jugar en un campo como San Mamés” defiende Iturregi, “creo que como deportistas tenemos un deber social, si tenemos la opción de dar un altavoz al fútbol femenino, es nuestra obligación aprovecharlo”.

Iraia Iturregi es licenciada en Educación Física y trabaja a media jornada en el propio club en el que también entrena y juega. Ella pertenece al primer equipo, pero lejos de cobrar un sueldo parecido al de Llorente y compañía, no tiene contrato profesional, cobra una asignación como dietas. “Hace 10 años ni siquiera cobrábamos “se consuela la jugadora. Por eso ella y sus compañeras compaginan estudios y trabajo con los entrenamientos, partidos, concentraciones... “Muchas trabajamos a media jornada o hemos pedido reducción, las que juegan en la Selección española piden excedencia, así conseguimos llegar a todo”.

“Muchas trabajamos a media jornada o hemos pedido reducción, las que juegan en la Selección española piden excedencia, así conseguimos llegar a todo


Iturregi vive cada día las diferencias “abismales” que supone ser chica a la hora de practicar una disciplina deportiva como es el fútbol, “dentro del deporte femenino las futbolistas estamos bastante bien, pero por otro lado comparando con los chicos, es donde se nota más diferencia”. Según reconoce, afortunadamente los avances se van notando poco a poco “al final el deporte es un reflejo de la sociedad, mientras los derechos de las mujeres van avanzando, también lo hará el deporte femenino” explica, aunque sabe que todavía se necesita la implicación de muchos agentes para seguir dando esos pasos “los medios de comunicación, los patrocinadores, las instituciones, pueden hacer más. Porque es cierto que existen leyes, pero si no se garantizan los mecanismos para que esas leyes se cumplan, no conseguimos nada”, denuncia, “por ejemplo, que los clubes que reciben dinero público inviertan en deporte femenino”, reivindica.

Educar en igualdad

Como tantas deportistas que comenzaron su carrera desde pequeñas, la educación en igualdad supone una exigencia que se repite entre las voces que luchan por aportar visibilidad a las niñas y mujeres que se esfuerzan por rozar esa excelencia a la que se refiere Iturregi. El trabajo en el deporte de base se hace entonces primordial. Una labor que conoce perfectamente Livia López. Esta alavesa lleva toda su vida ligada al baloncesto como jugadora y entrenadora, y en ese recorrido ha podido conocer de primera mano las carencias que subsisten en el mundo educativo, “tenemos arraigado un rol, nos empujan a que hagamos deporte por diversión” denuncia Livia “y existen muy pocas oportunidades para que las niñas se dediquen a lo que realmente les gusta”. En las categorías inferiores, donde la igualdad debería ser palpable, también hay camino por recorrer “vemos como normal que en el Campeonato de España por ejemplo, los chicos tengan mejores horarios de partidos o jueguen en las mejores instalaciones” se queja López.

El papel de los medios

Tampoco los medios de comunicación se muestran sensibles a las dificultades que el deporte femenino se ve obligado a sobrellevar. Por eso Livia López es una de las promotoras de la ‘I Jornada de visibilidad de deporte femenino alavés’. Esta jornada se realizó en Vitoria el 15 de junio y contó con la participación de figuras como la luchadora Maider Unda. “Es la primera actividad que hacemos, pero esperamos mantener una continuidad y lograr la implicación de los medios, las instituciones y la sociedad”, es la decidida apuesta de Livia por aportar algo a la lucha del deporte femenino, “buscamos compromisos concretos, no queremos buenas palabras” dice convencida.

En este sentido, sin duda los logros deportivos se convierten en el mejor empujón. Eso es algo que sabe bien Eli Pinedo, sobre quien los medios pusieron su foco cuando volvió de Londres con una medalla de bronce colgada al cuello. Pinedo es una de las deportistas que ha puesto nombre y apellidos al balonmano femenino. Además de la medalla olímpica, Pinedo ha conseguido grandes logros con la selección nacional, y también con su equipo, el Bera Bera. Esta temporada se han proclamado campeonas de Liga en División de Honor. “Los medios de comunicación que nos rodean nos tratan bastante bien, otra cosa es a nivel nacional, busca los resultados del balonmano femenino en el Marca”, reta la jugadora. Aun así “yo me siento privilegiada, estoy en unos de los mejores equipos que puedo estar”, no en vano Pinedo puede presumir de tener un contrato profesional en el Bera Bera, uno de los pocos clubes que ofrece esta posibilidad. A sus 32 años no piensa todavía en su futuro fuera del deporte, “las lesiones me han respetado, acabo de firmar por dos años más”, cuenta convencida de seguir trabajando por avanzar en su carrera y con el firme propósito de seguir aportando luz al deporte femenino.

El esfuerzo y el trabajo diario de estas y tantas deportistas es imprescindible para aparcar la invisibilidad de las mujeres en el mundo del deporte, pero no lo es menos el papel de los medios de comunicación, las instituciones públicas y privadas y de la propia sociedad que tiene el deber de lograr la ‘excelencia’ en el impulso de la igualdad real. Cuando se consiga, todos habremos ganado el partido.

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