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La cultura: algo más que ocio (EGI)

Hace un par de meses mencioné en este mismo blog la oferta cultural como una posible solución al abuso del alcohol los fines de semana entre nuestros jóvenes. En aquella ocasión, tratábamos las posibles soluciones ante un hecho que tanto preocupa a nuestra sociedad como el botellón. Recuerdo mencionar la falta de posibilidades, de alternativas reales para que nuestros jóvenes pudiesen disfrutar sin tener al alcohol y a su consumo como único "compañero de ocio".

Esta vez trataremos la política cultural, no solo como opción a un problema, que lo es, sino como una oportunidad de trasmisión y de educación. De un aprendizaje entretenido. Una oportunidad de conocer a través de las expresiones culturales las raíces de las sociedades que conviven en este planeta. Una ocasión donde su gran diversidad no deja huérfano a nadie. Todos encontramos un espacio que nos trasmite sentimientos difícilmente explicables. Todos encontramos nuestro espacio.

La variedad en la oferta cultural de Euskadi llama positivamente la atención, teniendo que mencionar los 65 museos que están a disposición del ciudadano en nuestro territorio y la amplísima agenda cultural en nuestros pueblos y ciudades.

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Malos tiempos para la lírica (JSE-Egaz)

Decía el recién desaparecido Coppini, que son malos tiempos para la lírica. Y lo decía hace años. Y lo son, para la lírica, para la poesía, para la música, para el arte, para la cultura. Y lo es, no sólo ahora en crisis que parece que estamos abocados a abrazar el individualismo. Lo ha sido siempre para un sector de personas con poder que siempre apostarán por desplazar al humanismo y que debemos ser los humanistas, que comprendemos que el arte y la cultura es fundamental para el desarrollo humano digno, los que lo defendamos, e incluso empecemos a pensar, que sin juventud ligada a la cultura, esta no sobrevivirá.

Y es que, actualmente, no hay cultura de apostar por la cultura y mucho menos por el arte. Y eso se ve en nuestras administraciones. Y, salvo en las fiestas (que es como cumplir el expediente), no hay tampoco tradición de apostar por la música. Y fundamentalmente es un problema de enfoque:

Los únicos experimentos que se hacen, más allá del Guggenheim o el Bellas Artes, son realizar apuestas por arte nuevo, y aunque esto funcionase (creo que se debe apostar también por ello), nadie parece darse cuenta de que la solución no viene por hacer desaparecer un Velázquez con un nuevo artista, sino saber cómo vender a día de hoy un Velázquez, precisamente para que el nuevo artista sea la continuación de referentes del pasado. Cuando digo Velázquez, digo un Ibarrola, o un Txillida o un Oteiza.

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Elegir entre dignidad y trabajo (JSE-Egaz)

"Trabajamos para que, quien quiera salir de España, salga. Eso es movilidad exterior". Fátima "Milagros" Báñez, Ministra de Empleo y Seguridad Social del Gobierno de España. Y se quedó tan ancha.

Reconociendo el mayor de los fracasos que puede reconocer una sociedad: que ha mandado a sus jóvenes formarse, que ha invertido en ellos y ellas, que los y las jóvenes lo han hecho, y que ahora no puede ese país asumir ese capital humano preparado y prefiere enviarlo fuera. Eso sí, con los eufemismos que tanto caracterizan a la política de los últimos años que nos trata como a menores de edad a la ciudadanía, y que especialmente caracteriza al gobierno del PP.

¿Trabajar en el extranjero es una oportunidad? Oiga, claro que si, lo será para el que quiera hacerlo. En ningún caso lo es si la situación te obliga a ello. Y sobre todo en ningún caso un país puede sacar pecho de una realidad que es la de un gran fracaso. Y esa es la realidad para miles de jóvenes que están emigrando en la actualidad: La mayoría no emigran por placer o diversión, se ven obligados a marcharse porque nuestros gobiernos no hacen nada ni se les ofrece alternativas suficientes para desarrollar una vida digna.

Porque desgraciadamente nos están dando a elegir entre dignidad o trabajo. Y es que el problema mayor, es que la derecha no se contenta con no hacer nada con el alarmante dato de un 56-58% de paro juvenil, lo agrava con sus políticas:

• Apuesta por la desigualdad con la Ley de adoctrinamiento educativo del señor Wert.

• Apuesta con recortes, por la educación cada vez con peor calidad (salvo que la pagues).

• Apuesta por cada vez mayores tasas y sin embargo cada vez menores becas.

• Apuesta por recortar las becas Erasmus que suponían un trampolín con Europa pero del que siempre volvías enriquecido cultural y socialmente.

• Y ya la mayor de las barbaridades, es que después de invitarnos a que nos vayamos, anuncian que excluirán del sistema sanitario a las personas que emigran del país por causas laborales y que perderán el derecho sanitario a los 90 días fuera.

En conclusión, que la derecha sólo ofrece desamparo a los y las que se están buscando el futuro en este presente. No hace falta preguntarse por qué alguien decide irse aunque no quiera. Simplemente hay quienes, estando preparados, no quieren un empleo precario, inseguro o inestable, o no quieren cobrar menos de lo estipulado por trabajar más de lo normal, o simplemente no encuentran trabajo porque este gobierno ha arrastrado a todo el mercado laboral, al sistema educativo y a la sociedad en su conjunto al marasmo del máximo beneficio y la rentabilidad barata lo que ha traído consecuencias sociales para muchos años.

Y en este contexto, mucha culpa tiene también de lo que pasa, la Troika que esta semana ha visitado Bilbao. Una Troika que lleva años intentando sacarnos de la crisis con recetas que nos empobrecen más, nos quitan más derechos y nos llevan al exilio económico y el desarraigo que ello conlleva. Una Troika que ha decidió que de esta salimos sólo unos pocos, en vez de lo contrario, salir todos y todas a la vez. Una troika que ha decidido competir en el mercado globalizado a través de derechos y no de conocimiento.

Y a esta Troika hay que mirarle a la cara no para decirle "Kanpora", sino para decirle bien claro que tiene que dejar de aplicar las recetas que ha aplicado hasta ahora. Para decirle que hay otro camino, que existe alternativa, que especialmente en Euskadi somos capaces, por cierto, de llegar a ella, y que la reivindicaremos de manera insistente, permanente y de manera pacífica.

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La fuga (Nuevas Generaciones)

Me pregunto si se fugó Imanol cuando dejo Euskadi para estudiar en Madrid porque creía que tendría más oportunidades. Si se fugo Ana, la hermana mayor de Jon, que ahora vive en Valencia en una casa de la que ya no pueden echarle. O si mi hermano estaba fugado cuando durante años se buscaba la vida por medio mundo.

Ellos no escapaban de nada. Se iban, y se jugaban mucho, algunos todo, por hacer su vida en una tierra donde había más oportunidades. No se "fugaban" de una España en crisis. Solo de la Euskadi con el metro cuadrado más caro del país. En la que el prestigio de nuestra educación no es tan grande como dicen quienes nos gobiernan. Y donde, ya entonces, que un joven se emancipase antes de los 30 era tan probable como lo contrario.

Y Ovaldina, mi tía abuela, que marchó- que diría ella- como muchos gallegos para buscar una vida mejor. Euskadi, Cataluña o Suecia, que es donde acabó ella, era el final de un largo viaje, y el comienzo de un proyecto sin fecha final. Emigrar era desaparecer y el Skype o el Whatssapp, ciencia ficción.

Eran otros tiempos, pero parece que todo se repite. El paro, especialmente sangrante en lo que respecta a los jóvenes, y la difícil perspectiva de futuro que hemos vivido durante estos años, ha provocado que muchos jóvenes se vayan en busca de las oportunidades que no encuentran aquí. Y eso es tan lógico como dramático. Lo es cada vez que alguien ve frustrada una expectativa más que razonable, la de desarrollar un proyecto de vida personal y profesional en su tierra.

El paro, especialmente sangrante en lo que respecta a los jóvenes, y la difícil perspectiva de futuro que hemos vivido durante estos años, ha provocado que muchos jóvenes se vayan en busca de las oportunidades que no encuentran aquí. Y eso es tan lógico como dramático.



Sin embargo, después de todo lo vivido en los últimos años, soy optimista, no porque lo sea habitualmente, lo soy porque creo que hay motivos para confiar. Tal vez porque la prima de riesgo se ha deshinchado. O quizá sea porque nos salvamos de aquel rescate que todos vimos inminente. O será consecuencia de esos datos comparables con años mejores. El caso es que yo también veo el final de este oscuro túnel. Aunque todos esos cambios, el optimismo con el que escribo, no se nota en mi entorno, desgastado por demasiados años de esta puñetera crisis.

Y hasta llegar aquí muchas reformas. Esfuerzos que hemos hecho todos y que no han gustado a nadie. Un camino largo, pero necesario para recuperar ese país en el que uno pueda irse, pero no tenga que fugarse. Si volverán dependerá de la situación económica, pero también de los proyectos personales de cada cual. Ovaldina sí, volvió a Galicia, lo hizo jubilada, dejando hijos y nietos en Suecia. Se lo pedía el cuerpo, supongo.

Meses después, cuando sus hermanos dejaron de ser unos desconocidos, murió.

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Migración y precariedad ¿consecuencia o sustento del capitalismo? (Ernai)

"No es mi opción primordial pero tampoco descarto, de ninguna manera, largarme a otro país si no tengo ninguna oportunidad laboral en un tiempo de plazo medio". Es lo que me contaba un chaval de 23 años de Mungia la semana pasada. Todas conocemos a alguien que haya estado o esté en el extranjero, o que tenga planes para largase fuera a estudiar o trabajar. Es la tónica general. Y si no hay cambios radicales a corto plazo, puede que se convierta en un problema estructural.

El tema de la migración juvenil es consecuencia de no poder trabajar en nuestra tierra y por lo tanto es consecuencia de la falta de oportunidad de desarrollar el proyecto de vida que cada una de nosotras tenga en mente. Pero, ¿por qué no podemos trabajar? Y para quienes trabajamos, ¿es real la oportunidad para emanciparnos hoy en día, con la destrucción masiva de derechos que se está dando por parte del neoliberalismo y sus secuaces políticos? (Sí, todas aquellas que el lunes pasado desembarcaron en Bilbo).

La semana pasada Ernai presentó un dossier bajo el título 'Juventud, trabajo y precariedad'. Los datos son devastadores. En Hego Euskal Herria, en el año 2012 al menos 22.300 jóvenes de entre 18 y 34 años decidieron marcharse. El 68,9 % se fue a un país fuera del Estado Español. Lógico. En Ipar Euskal Herria la situación es peor. A consecuencia de no tener opción para estudiar una carrera en Lapurdi, Behe Nafarroa o Zuberoa, la juventud esta obligada a desplazarse a Pau, Burdeos o Toulouse a estudiar. Cada año son 8000 las jóvenes que abandonan Ipar Euskal Herria.

Asi pues, el problema de la migración juvenil es estructural. Muchas de las jóvenes que se marchan no regresas a su pueblo por falta de ofertas de trabajo cualificado. Otra de las consecuencias de la obligación de estudiar fuera, es la imposibilidad de cursas los estudios en euskera. En total, según cálculos de Gaindegia, la migración juvenil en Euskal Herria a crecido en un 43% desde que comenzó la ofensiva neoliberal, esta estafa en forma de crisis.

Pero, hay otro dato significativo: el desfase entre la oferta y demanda de trabajo cualificado. El 43,7% de la población tiene títulos de alta cualificación. Pero la oferta de trabajo que hay hoy en día es de baja cualificación. Todo esto puede ser consecuencia de la terciarización de la economía y el desprestigio de la Formación Profesional. Por lo tanto, parece lógico que al no encontrar trabajo que se adecue a mi cualificación decida probar suerte en el extranjero.

Marchar al extranjero no es sinónimo de estabilidad, llevamos con nosotras en el equipaje la falta de seguridad e inestabilidad. La precariedad nos persigue; el capitalismo es precariedad, está en su ADN. Necesita la explotación para su supervivencia y desarrollo en la lógica de la competitividad, para la acumulación del capital. Generalmente las condiciones de trabajo siguen siendo penosas y lo más probable es que no encontremos trabajo cualificado.



Sin embargo, marchar al extranjero no es sinónimo de estabilidad, llevamos con nosotras en el equipaje la falta de seguridad e inestabilidad. La precariedad nos persigue; el capitalismo es precariedad, está en su ADN. Necesita la explotación para su supervivencia y desarrollo en la lógica de la competitividad, para la acumulación del capital. Generalmente las condiciones de trabajo siguen siendo penosas y lo más probable es que no encontremos trabajo cualificado.

Pero estos no son los únicos inconvenientes. Si al marchar decidimos darnos de baja en el censo, cuando regresemos a casa estaremos jodidas, ya que nos convertimos en sujetos sin derechos sociales, tal y como puso de manifiesto EGK. Está claro que impulsar programas y becas para trabajar fuera no es la solución ante la precariedad
que padecemos las jóvenes, aunque la experiencia en si -viajar, conocer otras lenguas, culturas, formas de vida y trabajo...- puede ser enriquecedora para nuestro desarrollo personal. Además de la deslocalización de las empresas capitalistas, se está impulsando la deslocalización de las personas, creando un mercado global de precariedad, como si las trabajadoras fuésemos mercancía o parte del capital de la empresa.

¿Y cuál es la solución? Lo que está claro es que no existirá solución alguna si continuamos pensando con la lógica que nos ha traído hasta aquí. Para solucionar el problema del trabajo y la precariedad debemos plantearnos varias preguntas. ¿Qué, cómo y dónde tenemos que producir? ¿Qué, cómo y dónde tenemos que repartir los productos y la riqueza que producimos? ¿Qué, cómo y dónde tenemos que consumir? Y, ¿cómo vamos a gestionar los residuos que creamos?

Para crear trabajo estable y con condiciones dignas, hay que impulsar la economía y el desarrollo local. Esto es indispensable para poder superar las consecuencias de la ofensiva neoliberal que destruye el trabajo y nos condena a la precariedad. Y la práctica para ello es la soberanía. Poder tomar nuestras propias decisiones políticas. Producir y consumir según las necesidades de la comunidad, empoderándonos, impulsando el trabajo sostenible. Hay que repensar y practicar la función del trabajo y la empresa: ¿su objetivo debe ser la acumulación del capital o crear empleo y el desarrollo de la comunidad en base a sus necesidades?

Hoy por hoy, no hay voluntad política real para impulsar políticas con perspectiva de cambio social y desarrollo local en Euskal Herria por parte de los gobernantes, ya que su proyecto es el capitalismo más salvaje ergo precariedad y pobreza.

Pero las jóvenes tenemos la virtud de saber organizarnos e impulsar proyectos que van en dirección del cambio social que necesitamos. Debemos preguntarnos sobre la situación que padecemos y darle respuestas prácticas. Eso sí. Sin dejar de exigir al Estado y a las instituciones públicas aquello que le corresponde: ser garantes de los derechos de las jóvenes y no sus destructoras.

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Nos vamos, pero ¿volveremos? (Equo)

Todos tenemos algún amigo, familiar o conocido que ha tenido que emigrar en busca de futuro. Uno o varios. Porque cada vez son más los que tienen que dejar atrás su vida, su familia, su cuadrilla, sus ilusiones y un largo etcétera para embarcarse en ese avión (de bajo coste) con billete de ida pero no de vuelta. Y ese es el verdadero problema, que no hay billete de vuelta, que no sabemos si tendrán la oportunidad de volver. Tantos años estudiando y formándose para alcanzar una meta que se esfuma. Y se esfuma por razones políticas, por una mala gestión, por no poner los pilares del modelo económico donde deberían estar.

Al acabar el instituto te enfrentas a una de las primeras grandes decisiones de tu vida: universidad o formación profesional. Yo elegí la universidad. Recuerdo que fue la primera vez que tenía la sensación de estar eligiendo mi futuro, ¡qué responsabilidad! Ahí delante, un papel a rellenar, y depende lo que escribiera, qué carrera elegiría, se abría un camino que recorrería el resto de mi vida. Pero eran otros tiempos. Pasó la etapa universitaria y ahí nos quedamos, en ese limbo entre el mundo académico y el mundo laboral. Nos soltaron de un lado y nadie nos ofrece la mano en el otro. Al menos no en este país. Aquí radica el primer gran problema, que no hay un traspaso organizado de personas entre el mundo académico y el mundo laboral. Y entonces no queda otra que resignarse y agarrar un clavo ardiendo o emigrar.

El paro juvenil se ha convertido en uno de los mayores dramas sociales que ha provocado la crisis económica. Y lo peor es que algunos lo veían venir y no hicieron nada por evitarlo. Un país que apuesta por un modelo basado en el ladrillo, que requiere mucha mano de obra no cualificada y barata es una bomba de relojería. Y la bomba estalló y todos esos jóvenes que dejaron los estudios para ganar dinero rápido ahora se quedan sin trabajo y sin estudios. ¿A dónde van a ir? ¿Buscarán futuro en otro país? Este es el colectivo que realmente sufre y sufrirá por mucho tiempo las consecuencias de apostar por un modelo insostenible. Una decisión política, con responsables políticos. Pero, como bien sabemos, aquí nadie pide perdón, nadie se responsabiliza de los errores.

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No se van, les echan (EB-Gazteak)

Empezaré pidiéndoos un esfuerzo: el de imaginar a ese joven inmigrante que llega a vuestra ciudad, a vuestro barrio, tratando de encontrar una vida mejor. Huyendo de una realidad que se le planteaba difícil en un país que no podía proporcionarle un futuro. Atrás dejó su casa, familia, amigos… personas a las que amaba y que le amaban, para llegar a otro universo, a otra realidad. Un nuevo mundo que le rechaza. Quizás por su cultura, puede que por su religión, tal vez por su etnia o color de piel…, pero siempre por su estatus social. Es pobre, sino no hubiera venido.

A partir de aquí, podéis seguir imaginando: cuánto rechazo, cuánta hostilidad social, cuántas dificultades para acceder a un trabajo, una vivienda o simplemente para que se le considere un ser humano igual. Imaginad los sentimientos de miedo, de tristeza, de impotencia, de soledad.

Y ahora hacer un último esfuerzo e imaginad…, imaginad, que en vez de vivir en Bilbao, Madrid o San Sebastian, vivieseis en Berlín, Copenhague o Dublín, y que ese joven, en vez de llamarse Mohammed, Nelson o Valeriu, se llamase Arkaitz, Rodrigo o José Luis.

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Emigración juvenil: ¿oportunidad o último remedio? (EGI)

La posible salida al extranjero de nosotros/as los/as jóvenes, es una de las ideas que centran nuestro pensamiento una vez terminados nuestros estudios superiores. El actual contexto socio-económico de crisis en el que está inmerso el estado español, ha acrecentado valorar la idea de salir al extranjero, pero esta idea ¿es concebida más como una última alternativa o como una oportunidad? 

Atendiendo al estudio sobre la movilidad internacional de la juventud de Euskadi, vemos como un 56,2% de los jóvenes vascos que han permanecido más de un mes en el extranjero, aduce motivos de estudios. En esta categoría entraría el programa Erasmus por ejemplo. En cambio son un 11,8% los vascos que alegan el trabajo y un 5,0% trabajo-estudios (prácticas). Analizando en profundidad el colectivo de jóvenes que ha alegado motivos laborales, veremos que un 35,6%  ha viajado al extranjero por motivos de prácticas o formación, un 30,2% para trabajar en periodo vacacional, un 16,4% por una asignación temporal, un 9,1% para trabajar permanentemente en ese destino y finalmente un 8,7% por otros motivos de trabajo. Con estos datos podemos concluir que es menor el porcentaje de jóvenes vascos que salen al extranjero sin billete de vuelta que con él.

Pero ¿por qué son tantos los vascos que aunque no sea de forma definitiva deciden salir fuera? Los jóvenes somos plenamente conscientes de que cada vez es mayor el nivel formativo que tenemos, lo que hace que la competitividad a la hora de conseguir un trabajo sea cada vez más alta. Gozamos de una buena formación de base pero  cada vez es más necesario incorporar extras que hagan más atractivo nuestro curriculum. Es innegable la importancia que han tomado los idiomas, en especial el inglés y la inmersión lingüística en un país de habla nativo, desarrollando el día a día facilita su aprendizaje, permite conocer otras culturas y en definitiva a desenvolverse como persona. En términos estrictamente laborales, favorece la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos profesionales, conocer otras perspectivas, aumentar la red de contactos profesionales y personales y las condiciones de empleabilidad o modelos de trabajo.

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Botellón y salir de compras: un mismo acto (Ernai)

Las jóvenes somos un problema, un gran problema para esta sociedad. O al menos eso parece si nos centramos en las típicas tertulias de televisión que emiten por las tardes. Tratando temas problemáticos como... el botellón. Un tema recurrente, que aparece cada X tiempo y parece ser, nunca avanza. Un tema cívico, o de drogodependencia y desfase juvenil o simplemente delictivo. Eso sí, de gran polémica. Y como cuando discutía Homer Simpson con el expresidente Bush, "pues va a tener problemas. No, las va a tener usted. Problemazos. Para usted! Ouch!"

No cabe duda de que es un tema de gran morbo para la carroña de la telebasura. Tiene todos los elementos necesarios: alcohol, juventud, ocupación del espacio publico ergo delincuencia ergo Policía ergo enfrentamientos entre jóvenes y policías. Pero tampoco cabe duda de que es un tema muy complejo, que se puede observar desde varios prismas y que merece analizar los porqués de este fenómeno muy a fondo. Cosa que (qué casualidad) en las tertulias nunca se hace, mas alla claro está, de polemizar y condenar todos estos fenómenos desde un punto de vista paternalista.

Pues bueno, vamos a intentar analizar este tema desde un punto de vista juvenil. ¿Por qué salimos las jóvenes a la calle de forma masiva a beber y emborracharnos?

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Sed joven (Nuevas Generaciones)

Empiezo a escribir y tengo que borrar. No puedo plantear este tema sin recordar a  Jon, Jorge, Xabier, Ander y a otros tantos que, junto a mí, daban el primer trago a una botella caliente ­y asquerosa­ en los bajos de La Concha. Experimentar con los que tanto tenías en común hacía que fuera todo mucho más sencillo. Y que al día siguiente pudieras comentar la jugada. Como si esas sensaciones solo las tuvieras tú y tu entorno. Como si lo que estabas viviendo no fuera más viejo que la tarara.


Después de un finde venía otro, y después otro más. Una rutina a 3,60 el lomo con pimientos del Juantxo, y el resto a bote. Primero fue el Peche y luego ron o vodka. Conocimos gente; mucha. Y los últimos tragos no sentaron bien en demasiadas ocasiones.


Mientras tanto, entre miedos y alarma social, muchos eran los políticos que se apuntaban al carro de buscar una alternativa al ocio nocturno. Ofrecer a los jóvenes, desde las administraciones, una socialización alejada del alcohol. Pero yo no hubiera preferido un futbolín. En ese momento era lo que tocaba. El alcohol era el fin. Se traducía en la necesidad de experimentar y conocer límites. Para la inmensa mayoría de nosotros quedó ahí, en el alcohol.

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