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Información y políticas microsociales (EB-Gazteak)

El alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida en la actualidad en nuestro país, y goza de una amplia aceptación social. Ésta situación, aunada a la facilidad  de acceso a las bebidas alcohólicas, ha contribuido notoriamente a la extensión de su con­sumo desde edades tempranas: en España la edad media de inicio en el consumo semanal de alcohol se sitúa en los 15,1 años, llegándose a convertir en un hábito regular en el 60% de menores de 18 años.

Los elevados precios de las bebidas en los bares y el clima cálido predominante en la península popularizó la organización esporádica de reuniones en la vía pública para consumir alcohol en un acto social entre los más jóvenes. Estas actividades generaron un cierto ambiente de malestar en distintas comunidades, especialmente debidas al ruido, desperfectos en el mobiliario urbano y suciedad, y en un acto de procurar erradicar éstas prácticas, el Ministerio del Interior propuso en 2002 la conocida como ley antibotellón, que prohibía el consumo en la calle y regulaba horarios de venta y promoción del alcohol. Sin embargo, nunca se llegó a aprobar, por lo que finalmente fueron las Comunidades Autónomas (como Madrid, País Vasco, Valencia…) quienes implantaron normas reguladoras en la misma dirección.

Una década después de las primeras medidas antibotellón es posible realizar algunas apreciaciones: Madrid no ha logrado erradicar el problema y el fenómeno ha comenzado a extenderse también a otros países de Europa.

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Hablemos de Cultura (EGI)

Quiero comenzar este artículo hablando de cultura. La cultura de relacionarse con personas con las que tenemos un vínculo social, político, cultural o de tiempo libre. La cultura de reunirse para hablar, compartir visiones sobre diferentes aspectos, de “saber de tu gente”, de escuchar y contrastar opiniones.

Hablo de la cultura de las relaciones con nuestra gente. El individuo tiende a relacionarse con aquellas personas con las que tiene intereses en común. En tu casa o en la mía. De bares o en las lonjas. En la cena de clase o en la calle. Sí, en la calle.

La calle es de todos y de todas. Los niños juegan en los parques mientras sus progenitores comparten vivencias sobre su nuevo estatus de "padres y madres". Los dueños de los perros charlan mientras sus mascotas corretean en busca de la pelota perdida.

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Educar en el consumo responsable (JSE-Egaz)

Se ha hecho mucha demagogia en torno al botellón desde que, más o menos en 2007 surgiese el movimiento de "macrobotellones" y la respuesta de la mayoría de administraciones fuese las "ordenanzas antibotellón". A quienes hemos mantenido que era mucho mejor hacer políticas inclusivas, educativas etc. se nos tachó poco menos que de locos y de fomentar el alcoholismo. El tiempo nos ha dado la razón, en que las ordenanzas represivas, que educaban en el no consumo mediante la multa, no negociadas con los jóvenes, lo único que han provocado es que el botellón se mueva y vayan a lugares más insalubres, no que desaparezca.

Y creo que conviene dejar algunas cosas claras, porque los y las jóvenes, no podemos permitir que se pretenda ofrecer una visión sesgada y manipulada de la realidad criminalizando a la juventud.

En primer lugar, el botellón, no deja de ser una manifestación más del binomio cultural "fiesta-alcohol". Una manifestación que no deja de ser una respuesta joven al encarecimiento abusivo del precio del alcohol que se ha venido practicando desde el gremio de la hostelería.

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El botellón, otra forma de relación social (Equo)

Cada fin de semana encontramos en nuestros pueblos y ciudades a cientos de jóvenes que se reúnen en parques y plazas donde se fomentan y afianzan sus relaciones personales mediante una nueva cultura de ocio: el botellón. Una práctica que es defendida por la juventud y que prohíbe la administración. Partimos de una premisa clara, el botellón no es simplemente juntarse en cuadrilla para beber alcohol; detrás de esta cultura existe la necesidad social de integrarse y relacionarse.

La juventud defiende esta práctica debido a la carestía de las bebidas alcohólicas en bares y discotecas, unos precios que no pueden asumir en su situación económica. Esta circunstancia les conduce a comprar bebidas a precio de supermercado y a acudir a lugares públicos. En el otro lado, se encuentran las vecinas y los vecinos que padecen sin remedio las consecuencias negativas de esta práctica: ruido y suciedad. Un tercer actor entra en juego, la administración, que en los últimos años ha perseguido esta práctica prohibiendo cualquier consumo de alcohol en la vía pública. O, al menos, los que no le interesan.

Debemos resaltar los aspectos positivos derivados del botellón. La juventud de nuestra sociedad, como la de cualquier otra, necesita relacionarse, crear vínculos y lazos que les permitirán desarrollarse como personas adultas. El botellón surge como una respuesta a estas necesidades que encaja en la sociedad de consumo en la que vivimos. La juventud necesita de espacios más allá de las aulas donde relacionarse y crear un sentimiento de comunidad. Muchas personas, generalmente adultas, pueden decir que hay otros muchos lugares y actividades que hacer lejos de las bebidas alcohólicas pero, ¿cómo celebra nuestra cultura los encuentros y los acontecimientos sociales? Les diré la respuesta: en torno a una mesa y con un buen vino. El alcohol no es el protagonista del botellón, es solo la excusa que se utiliza para juntarse y relacionarse, una actitud derivada de la sociedad en la que vivimos.

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