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Migración y precariedad ¿consecuencia o sustento del capitalismo? (Ernai)

"No es mi opción primordial pero tampoco descarto, de ninguna manera, largarme a otro país si no tengo ninguna oportunidad laboral en un tiempo de plazo medio". Es lo que me contaba un chaval de 23 años de Mungia la semana pasada. Todas conocemos a alguien que haya estado o esté en el extranjero, o que tenga planes para largase fuera a estudiar o trabajar. Es la tónica general. Y si no hay cambios radicales a corto plazo, puede que se convierta en un problema estructural.

El tema de la migración juvenil es consecuencia de no poder trabajar en nuestra tierra y por lo tanto es consecuencia de la falta de oportunidad de desarrollar el proyecto de vida que cada una de nosotras tenga en mente. Pero, ¿por qué no podemos trabajar? Y para quienes trabajamos, ¿es real la oportunidad para emanciparnos hoy en día, con la destrucción masiva de derechos que se está dando por parte del neoliberalismo y sus secuaces políticos? (Sí, todas aquellas que el lunes pasado desembarcaron en Bilbo).

La semana pasada Ernai presentó un dossier bajo el título 'Juventud, trabajo y precariedad'. Los datos son devastadores. En Hego Euskal Herria, en el año 2012 al menos 22.300 jóvenes de entre 18 y 34 años decidieron marcharse. El 68,9 % se fue a un país fuera del Estado Español. Lógico. En Ipar Euskal Herria la situación es peor. A consecuencia de no tener opción para estudiar una carrera en Lapurdi, Behe Nafarroa o Zuberoa, la juventud esta obligada a desplazarse a Pau, Burdeos o Toulouse a estudiar. Cada año son 8000 las jóvenes que abandonan Ipar Euskal Herria.

Asi pues, el problema de la migración juvenil es estructural. Muchas de las jóvenes que se marchan no regresas a su pueblo por falta de ofertas de trabajo cualificado. Otra de las consecuencias de la obligación de estudiar fuera, es la imposibilidad de cursas los estudios en euskera. En total, según cálculos de Gaindegia, la migración juvenil en Euskal Herria a crecido en un 43% desde que comenzó la ofensiva neoliberal, esta estafa en forma de crisis.

Pero, hay otro dato significativo: el desfase entre la oferta y demanda de trabajo cualificado. El 43,7% de la población tiene títulos de alta cualificación. Pero la oferta de trabajo que hay hoy en día es de baja cualificación. Todo esto puede ser consecuencia de la terciarización de la economía y el desprestigio de la Formación Profesional. Por lo tanto, parece lógico que al no encontrar trabajo que se adecue a mi cualificación decida probar suerte en el extranjero.

Marchar al extranjero no es sinónimo de estabilidad, llevamos con nosotras en el equipaje la falta de seguridad e inestabilidad. La precariedad nos persigue; el capitalismo es precariedad, está en su ADN. Necesita la explotación para su supervivencia y desarrollo en la lógica de la competitividad, para la acumulación del capital. Generalmente las condiciones de trabajo siguen siendo penosas y lo más probable es que no encontremos trabajo cualificado.



Sin embargo, marchar al extranjero no es sinónimo de estabilidad, llevamos con nosotras en el equipaje la falta de seguridad e inestabilidad. La precariedad nos persigue; el capitalismo es precariedad, está en su ADN. Necesita la explotación para su supervivencia y desarrollo en la lógica de la competitividad, para la acumulación del capital. Generalmente las condiciones de trabajo siguen siendo penosas y lo más probable es que no encontremos trabajo cualificado.

Pero estos no son los únicos inconvenientes. Si al marchar decidimos darnos de baja en el censo, cuando regresemos a casa estaremos jodidas, ya que nos convertimos en sujetos sin derechos sociales, tal y como puso de manifiesto EGK. Está claro que impulsar programas y becas para trabajar fuera no es la solución ante la precariedad
que padecemos las jóvenes, aunque la experiencia en si -viajar, conocer otras lenguas, culturas, formas de vida y trabajo...- puede ser enriquecedora para nuestro desarrollo personal. Además de la deslocalización de las empresas capitalistas, se está impulsando la deslocalización de las personas, creando un mercado global de precariedad, como si las trabajadoras fuésemos mercancía o parte del capital de la empresa.

¿Y cuál es la solución? Lo que está claro es que no existirá solución alguna si continuamos pensando con la lógica que nos ha traído hasta aquí. Para solucionar el problema del trabajo y la precariedad debemos plantearnos varias preguntas. ¿Qué, cómo y dónde tenemos que producir? ¿Qué, cómo y dónde tenemos que repartir los productos y la riqueza que producimos? ¿Qué, cómo y dónde tenemos que consumir? Y, ¿cómo vamos a gestionar los residuos que creamos?

Para crear trabajo estable y con condiciones dignas, hay que impulsar la economía y el desarrollo local. Esto es indispensable para poder superar las consecuencias de la ofensiva neoliberal que destruye el trabajo y nos condena a la precariedad. Y la práctica para ello es la soberanía. Poder tomar nuestras propias decisiones políticas. Producir y consumir según las necesidades de la comunidad, empoderándonos, impulsando el trabajo sostenible. Hay que repensar y practicar la función del trabajo y la empresa: ¿su objetivo debe ser la acumulación del capital o crear empleo y el desarrollo de la comunidad en base a sus necesidades?

Hoy por hoy, no hay voluntad política real para impulsar políticas con perspectiva de cambio social y desarrollo local en Euskal Herria por parte de los gobernantes, ya que su proyecto es el capitalismo más salvaje ergo precariedad y pobreza.

Pero las jóvenes tenemos la virtud de saber organizarnos e impulsar proyectos que van en dirección del cambio social que necesitamos. Debemos preguntarnos sobre la situación que padecemos y darle respuestas prácticas. Eso sí. Sin dejar de exigir al Estado y a las instituciones públicas aquello que le corresponde: ser garantes de los derechos de las jóvenes y no sus destructoras.

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