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Elegir entre dignidad y trabajo (JSE-Egaz)

"Trabajamos para que, quien quiera salir de España, salga. Eso es movilidad exterior". Fátima "Milagros" Báñez, Ministra de Empleo y Seguridad Social del Gobierno de España. Y se quedó tan ancha.

Reconociendo el mayor de los fracasos que puede reconocer una sociedad: que ha mandado a sus jóvenes formarse, que ha invertido en ellos y ellas, que los y las jóvenes lo han hecho, y que ahora no puede ese país asumir ese capital humano preparado y prefiere enviarlo fuera. Eso sí, con los eufemismos que tanto caracterizan a la política de los últimos años que nos trata como a menores de edad a la ciudadanía, y que especialmente caracteriza al gobierno del PP.

¿Trabajar en el extranjero es una oportunidad? Oiga, claro que si, lo será para el que quiera hacerlo. En ningún caso lo es si la situación te obliga a ello. Y sobre todo en ningún caso un país puede sacar pecho de una realidad que es la de un gran fracaso. Y esa es la realidad para miles de jóvenes que están emigrando en la actualidad: La mayoría no emigran por placer o diversión, se ven obligados a marcharse porque nuestros gobiernos no hacen nada ni se les ofrece alternativas suficientes para desarrollar una vida digna.

Porque desgraciadamente nos están dando a elegir entre dignidad o trabajo. Y es que el problema mayor, es que la derecha no se contenta con no hacer nada con el alarmante dato de un 56-58% de paro juvenil, lo agrava con sus políticas:

• Apuesta por la desigualdad con la Ley de adoctrinamiento educativo del señor Wert.

• Apuesta con recortes, por la educación cada vez con peor calidad (salvo que la pagues).

• Apuesta por cada vez mayores tasas y sin embargo cada vez menores becas.

• Apuesta por recortar las becas Erasmus que suponían un trampolín con Europa pero del que siempre volvías enriquecido cultural y socialmente.

• Y ya la mayor de las barbaridades, es que después de invitarnos a que nos vayamos, anuncian que excluirán del sistema sanitario a las personas que emigran del país por causas laborales y que perderán el derecho sanitario a los 90 días fuera.

En conclusión, que la derecha sólo ofrece desamparo a los y las que se están buscando el futuro en este presente. No hace falta preguntarse por qué alguien decide irse aunque no quiera. Simplemente hay quienes, estando preparados, no quieren un empleo precario, inseguro o inestable, o no quieren cobrar menos de lo estipulado por trabajar más de lo normal, o simplemente no encuentran trabajo porque este gobierno ha arrastrado a todo el mercado laboral, al sistema educativo y a la sociedad en su conjunto al marasmo del máximo beneficio y la rentabilidad barata lo que ha traído consecuencias sociales para muchos años.

Y en este contexto, mucha culpa tiene también de lo que pasa, la Troika que esta semana ha visitado Bilbao. Una Troika que lleva años intentando sacarnos de la crisis con recetas que nos empobrecen más, nos quitan más derechos y nos llevan al exilio económico y el desarraigo que ello conlleva. Una Troika que ha decidió que de esta salimos sólo unos pocos, en vez de lo contrario, salir todos y todas a la vez. Una troika que ha decidido competir en el mercado globalizado a través de derechos y no de conocimiento.

Y a esta Troika hay que mirarle a la cara no para decirle "Kanpora", sino para decirle bien claro que tiene que dejar de aplicar las recetas que ha aplicado hasta ahora. Para decirle que hay otro camino, que existe alternativa, que especialmente en Euskadi somos capaces, por cierto, de llegar a ella, y que la reivindicaremos de manera insistente, permanente y de manera pacífica.

Simplemente hay quienes, estando preparados, no quieren un empleo precario, inseguro o inestable, o no quieren cobrar menos de lo estipulado por trabajar más de lo normal, o simplemente no encuentran trabajo porque este gobierno ha arrastrado a todo el mercado laboral, al sistema educativo y a la sociedad en su conjunto al marasmo del máximo beneficio y la rentabilidad barata lo que ha traído consecuencias sociales para muchos años.


Pero, ¿existe varita mágica? Lógicamente no. Pero ¿cuál es el ejemplo Euskadi? En Euskadi estamos acostumbrados a hacer cosas diferentes. Y eso nos enriquece. Hemos sido capaces de ponernos de acuerdo dos partidos, los tradicionalmente mayoritarios del país, en, entre otros, un Pacto por el Empleo especialmente dirigido a jóvenes (y también a parados de larga duración). No pretendo enrollarme con palabrería de partido, pero bienvenido sea un acuerdo entre diferentes para apostar por la gente que está formada o formándose en Euskadi, y que es quien sostendrá nuestro futuro y nuestro presente más próximo.

No todo se está haciendo bien. Harían falta tres factores que nos vendrían muy bien:

1º.- Unidad sindical: en Euskadi no existe por alguna razón que se me escapa salvo que tenga que ver con la intolerancia de algunos que no reconocen a sindicatos arraigados a Euskadi desde hace más de 120 años.

2º.- Mesa de Diálogo social: impulsada por un gobierno que se niega a reunir a esa mesa, bien porque no le interesa o bien porque el que otrora fuera su sindicato hermano se niega a acudir.

3º.- Y más importante, que todas las reivindicaciones las hagamos sin violencia, de forma pacífica pero insistente.

Para cosas como estas, hace falta voluntad política, acuerdo entre diferentes, unidad para luchar por la gente y hacer fuerza contra los intereses que se preocupan de todo menos de las personas. Especialmente por esto último. Sobra decir que el espectáculo de esta semana en Bilbao ha sido lamentable. Que me digan a mi qué culpa tenía el escaparate de una tienda regentada por una señora, los contenedores de todo Bilbao, los bares por los que han pasado cual huracán... que me lo digan, porque no lo entiendo.

Que nadie venga diciendo que violencia la que hace la Troika.... porque a mí me tiene en frente tanto la troika como las élites políticas o sindicales que promueven la violencia para realizar una reivindicación. Entre otras cosas, ya no sólo por la falta de ética y moral que tiene per se, usar la violencia, sino porque además, para colmo, hace que mi lucha y la de miles de personas que es pacífica, no sirva para nada.

Y es que, una reivindicación muere en el momento en el que se usa la violencia por muy justa que fuere esa reivindicación. Especialmente lo hace en un mundo dominado por la demagogia de los mass media, pero sobre todo fruto del sedentarismo intelectual del populacho mayoritario que ayer ni hoy se han movilizado por sus derechos. Pero que yo estoy obligado a movilizarme por ellas y ellos.

Nosotros y nosotras lo seguiremos haciendo. Yo especialmente lo seguiré haciendo sin violencia. Y muy especialmente en los momentos en los que parezca que no vale para nada, recordaré que el 25 de mayo hay una oportunidad para transformar esa ansia colectiva demostrada en manifestaciones pacíficas, en un elemento poderosísimo llamado voto. Que es el único derribador de muros sin violencia, el más eficaz de los golpes de la mayoría, y se hace con el único gesto de echar un sobre en una urna. Pruébenlo, verán como repiten, siempre que acierten y no se dejen llevar por populismos de última hora, claro.

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