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La expulsión de lo distinto

La diversidad es un recurso social necesario. Negar al otro es negarse a sí mismo

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EFE

Quizás el mito de Narciso, ese bello joven que quedó atrapado y absorto ante el reflejo de su propia imagen, es la imagen que mejor define el contenido del libro del filósofo Byung-Chul Han.

'La expulsión de lo distinto' reflexiona sobre los males de nuestra cultura. Una cultura hiperconectada, pero reduccionista y homogenizada. Una cultura que nos conduce a negar al otro, a lo distinto. Al que no es como nosotros. La negación de la alteridad conlleva al refuerzo de la identidad. Que no es otra cosa que el efecto de agruparse en torno a los que son idénticos. Algo que se aplica en el terreno social y en el de la representación política.

El autor afirma que los tiempos en los que existía el otro han pasado. El otro como amigo, el otro como infierno, el otro como misterio, el otro como deseo van desapareciendo; dando paso a lo igual. Concluye que la expulsión de lo distinto y el infierno de lo igual ponen en marcha un proceso destructivo totalmente diferente: la depresión y la autodestrucción.

Cuando toda dualidad se ha extinguido, uno se ahoga en sí mismo. Cuando falta toda dualidad, uno se fusiona consigo mismo. De tal suerte que el igualitarismo cultural, a no confundir con la igualdad de oportunidades, conduce a un escenario acrítico. El igualitarismo reduce la capacidad de pensamiento crítico. Con la expulsión del otro se pierden dos actitudes humanas vitales: La seducción y la escucha.

La seducción es el juego de la inteligencia por atraer al otro. De hacer que diverja de sí mismo. Si sólo nos enlazamos con nuestros iguales no tiene sentido el diálogo, ni la dialéctica. Se pierde la técnica de diálogo y del debate para descubrir la verdad mediante la exposición y confrontación de razonamientos y argumentaciones contrarios. Y con ello, se pierde la conformación del criterio. La dialéctica de tesis-antítesis-síntesis se desvanece por mor de la conformidad. García Calvo afirmaba que el pensamiento creativo siempre es a la contra.

La fatiga cultural en la que estamos inmersos nos hace acomodarnos en nosotros mismos

Por otro lado, se pierde la capacidad de escucha. Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio acelerado de información. Como expresa el autor del libro, escuchar no es un acto pasivo. Primero hay que dar la bienvenida al otro, es decir, afirmar al otro en su alteridad. Luego atender a lo que dice. Escuchar es un prestar, un dar, un don. En cierto sentido, la escucha antecede al habla. Escuchar es lo único que hace que el otro hable. El arte de escuchar se desarrolla como la acogida hospitalaria dado que no se anexiona al otro, sino que se le alberga y protege. Es tal la carencia actual de la escucha que el autor vaticina que en el futuro habrá un oficio de escuchador como liberador de tensiones.

Pero también nos advierte de que la escucha tiene una dimensión política; no sólo sanadora. La escucha activa es un instrumento de participación en la existencia de otros. Es lo único que enlaza e intermedia entre personas para que ellos configuren una comunidad.

En definitiva, la diferencia, la diversidad, la alteridad, el otro es la sustancia de una sociedad viva. La persona madura y crece trabajando en conflictos. El otro te invita a pensar sobre ti mismo. El otro es necesario para ser libres pensadores. La fatiga cultural en la que estamos inmersos nos hace acomodarnos en nosotros mismos. Sin atrevernos a confrontar con el exterior. La diversidad es un recurso social necesario. Negar al otro es negarse a sí mismo.

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