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Las razones de la desaparición de Caja Navarra

Los miembros de la comisión de investigación del Parlamento de Navarra.

Miguel M. Ariztegi

Enrique Goñi ha sostenido durante las cuatro sesiones de declaraciones ante la comisión parlamentaria que investiga la presunta desaparición de Caja Navarra que la entidad se transformó y que no ha desaparecido. Una versión de los hechos que no comparte su antecesor en el cargo, Lorenzo Riezu, que en su primera sesión ante los parlamentarios forales defendió que la citada transformación fue también una “desaparición”.

Luis Zarraluqui, el parlamentario de UPN ante el que Riezu declaró esta semana en la comisión -en sesiones posteriores lo hará ante el resto de grupos-, señala al predecesor en el cargo de Enrique Goñi como “pieza clave” del “montaje urdido contra los responsables de la Caja”: “Se le trae para que intente poner patas arriba la gestión de su sucesor en el cargo”, le espetó el político.

En opinión de expertos en el sector, Caja de Ahorros de Navarra se ha transformado, y también ha desaparecido. Es cierto que, como sostiene Enrique Goñi, se ha transformado, como el resto de cajas del Estado, en una fundación. Fue obligatorio durante el proceso de reorganización bancaria que provocó la crisis económica. Lo que tratan de demostrar los grupos políticos impulsores de la comisión es que esa transformación se ha utilizado para esconder una pérdida patrimonial que llevó a su desaparición como entidad independiente. Como explicó Lorenzo Riezu, hay ejemplos de cajas que han seguido el obligatorio proceso de transformación en fundación pero controlan el negocio del banco creado: Ibercaja y las tres cajas vascas son los más claros exponentes.

Su línea de argumentación se basa en que el principal indicador de la situación patrimonial de una entidad son los requerimientos de capital: cuánto dinero considera el Regulador que debe tener una institución financiera para hacer frente a sus riesgos. En Caja Navarra, de 2004 a 2008 los requerimientos crecieron el doble que los recursos propios básicos. Un 97% los primeros y un 51% los segundos, de ahí que Lorenzo Riezu declarase que Caja Navarra se situó “en trance de desaparecer como entidad financiera”.

Con esos datos, el ratio de solvencia de la entidad descendió a la mitad. Y todo esto estaba ocurriendo antes de la crisis financiera, en diciembre de 2007, cuando la economía iba mejor, había negocio y la tasa de mora se mantenía baja. Expertos del sector explican que el bancario es un negocio cíclico: los bancos acumulan capital en periodos de bonanza y lo destruyen en periodos de crisis. En el caso de Caja Navarra, la cifra más baja de core capital corresponde a diciembre de 2007, en el último año de la burbuja. Además, en los últimos cuatro años los requerimientos crecían un 84% y los recursos propios básicos solo un 35%, menos de la mitad.

Expansión razonable

En el sector consideran una expansión “razonable” que los requerimientos de capital crezcan más o menos al mismo ritmo que los recursos propios básicos. Como eso no ocurrió en Caja Navarra, se embarcó en la fusión fría o SIP que creó Banca Cívica en 2010 junto con Cajasol, Caja Canarias y Caja Burgos. La operación se justificó diciendo que Caja Navarra tenía un balance saneado pero era poco rentable, mientras que las otras tres cajas tenían un balance más deteriorado -más exposición al ladrillo- pero son algo más rentables.

Sin embargo, aunque Caja Navarra tenía un margen de intereses mejor que la media, no era rentable de por sí, debido al crecimiento de los gastos de explotación derivados de una “expansión desmedida”. La red de oficinas, las sedes en el extranjero…

En resumen, que la ventaja comparativa de Caja Navarra se basaba en razones estructurales -mayor calidad de activos-; mientras que las otras tres cajas presentaban una más alta rentabilidad derivada de razones coyunturales: ingresos mayores vinculados a un sector en burbuja. Un sector al que estaban muy expuestas y con una tasa de mora que triplica al de otros sectores de negocio, según los expertos antes citados.

Los sucesivos requerimientos de capital para provisionar la exposición al ladrillo debilitaron Banca Cívica -Caja Navarra tuvo que aportar el 29,1% de esas provisiones-, y finalmente la entidad fue absorbida por Caixabank en 2012. Los 2.000 millones de provisiones contra reservas fueron demasiado. Expertos del sector consideran que Enrique Goñi tomó decisiones que correspondían a un periodo de certidumbre en un momento de incertidumbre: puso todos los huevos en la cesta de la teoría de que la crisis acabaría pronto y se equivocó. Un error estratégico que llevó a la desaparición de Caja Navarra, en opinión de muchos. Quedan comparecencias para aclararlo.

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