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Ictus, un daño súbito que exige medidas intensas de rehabilitación

La asociación Adacen reivindica, en el día mundial de este mal que causa daño cerebral, mejoras en el acceso a los recursos asistenciales.

El conflicto en uno de los servicios del colectivo, subcontratado por el Gobierno Foral, sigue estancado y los trabajadores exigen una negociación.

Estimular cada zona del cerebro puede ayudar a corregir una patología determinada

Un estudio de las diferentes zonas del cerebro y cómo estimularlas puede corregir patologías.

¿Qué es un ictus? ¿Una persona puede recuperarse plenamente tras padecerlo? ¿Una familia dispone de ayudas en la actualidad para poder cuidar de un afectado? Estas son algunas de las dudas habituales que se plantean en torno a un mal que afecta a unos 4.500 casos en Navarra, y hasta 6.353 si se tiene en cuenta a todas las personas con daño cerebral adquirido. En realidad, desde la asociación Adacen (Asociación de Daño Cerebral de Navara), que agrupa a 946 socios y afectados, creen que la prevalencia ahora es mayor, porque las últimas cifras (del Instituto Nacional de Estadística) datan de 2008. Este es uno de los puntos pendientes para estudiar un mal, pero no el único. Desde el colectivo recuerdan, con motivo este miércoles de la celebración del día internacional del ictus, que hay otros puntos a mejorar en la atención de estos pacientes. La crisis también ha afectado a estos servicios, incluidos los que gestiona la propia asociación, con un conflicto pendiente de resolución con sus trabajadores.

“Si el siglo XIX estuvo marcado por las enfermedades infecciosas, el XX por las cardiovasculares y el cáncer, creo que el XXI lo estará por las cerebrovasculares”, apunta el director de Adacen, Francisco Fernández Mista. El ictus es un trastorno que se produce en un momento dado y de forma súbita en la circulación del cerebro y que provoca daño cerebral. Este, de hecho, se provoca generalmente por traumatismos craneoencefálicos, tumores o el ictus, un mal que genera preocupación porque se detecta en un momento dado, en una vida normal, y que puede dejar secuelas. “Sí es verdad que el trauma que puede causar es importante, porque se trata de un proyecto de vida normal, con un trabajo, una familia, y de repente todo se ve truncado, se puede perder el empleo, y hay que asumir unos cuidados con unas consecuencias económicas importantes”, explica.

Hace diez años, hablar de ictus era necesitar explicarlo, pero ahora esa situación ha cambiado. Hay varios factores de riesgo que pueden provocar un ictus, a menudo también llamado apoplejía. El principal, ser mayor de 65 años, que ocurre en prácticamente seis de cada diez casos. Además, está el abuso del alcohol, el tabaco, el colesterol, la falta de una actividad física saludable… Al final, llevar una vida con los consejos adecuados para cualquier persona puede reducir hasta “en un 80%” las posibilidades de sufrir este mal. Las consecuencias que puede tener varían; un 20% de los afectados puede fallecer, otros se recuperan plenamente y hay un 44% que convive con las secuelas. Y estas son variadas, desde la pérdida de movilidad (por ejemplo, es habitual perder la movilidad en un brazo), se dificulta la capacidad del habla o se pierden reflejos automáticos, como el de tragar. Y, además de los efectos físicos, están los menos visibles, que son alteraciones de la conducta, como situaciones de apatía que se alternan con momentos de euforia.

¿Cuál es la clave para poder mejorar la recuperación? Hasta 24 meses después de producirse un ictus, las posibilidades de recuperación son altas, y mayores cuando esta rehabilitación se hace de forma intensiva. De ahí que desarrollar nuevos sistemas que ahonden en este apartado sea una de las principales reivindicaciones en torno al ictus (Navarra, en cualquier caso, cuenta con una unidad pionera en el Complejo Hospitalario para atender estos casos de urgencia), así como la articulación del espacio sociosanitario o promover la igualdad de oportunidades en el acceso a los servicios de atención.

Porque, en la actualidad, la familia debe afrontar unos costes elevados para poder pagar el acceso a estos centros. La crisis ha dejado prácticamente en suspenso la Ley de Dependencia y eso ha conllevado que se eliminen las ayudas para cuidadores, que estas labores no coticen y que se reduzcan las aportaciones para el copago de estos servicios.

Un conflicto laboral pendiente

En la Comunidad Foral, por ejemplo, se han congelado las partidas a Adacen, que gestiona un centro de día (al que acuden 40 pacientes) y residencial (9) concertado con el Gobierno de Navarra. Este servicio afronta en la actualidad un conflicto laboral porque su personal, así como el de otros centros de atención a la discapacidad subcontratados por el Ejecutivo (uno de Adacen, dos de Aspace y la mayoría restante, de la firma SAR), por el pago pendiente de ciertos complementos o la negociación fallida de un convenio. Esta situación incluso ha provocado una huelga indefinida que, ahora, se mantiene pero con paros puntuales en determinadas jornadas.

Desde sindicatos como CCOO han criticado la falta de movimientos en torno a este tema, y han exigido al Gobierno Foral que se implique. Desde Adacen, mientras, el director espera que haya “una solución”, algo que desde la plantilla ven complicado ante la falta de diálogo. La asociación, por otro lado, además de esos servicios en centros de día y asistenciales, también ofrece atención ambulatoria en domicilios (a 102 usuarios) y servicios de orientación e información. En total, en la actualidad atiende a 332 personas.

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